El último libro de Alejandro Duque

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Aquellos famosos versos de Pessoa en los que hablaba de la condición de fingidor del poeta hacían alusión al dolor que podía o no sentir. Pero una cosa es simular unos sentimientos, ejercicio inherente a la escritura, y otra pretender mostrarse como un oriental en diecisiete sílabas. Lo primero puede generar empatía; lo segundo, cierta hilaridad.

Escritura de estío, el último libro de Alejandro Duque Amusco (Sevilla —afincado en Barcelona— 2 de noviembre de 1949), no finge lo que no es. Reúne una serie de tannkas y haikus que se inscribe en la tradición juanramoniana, aunque conozca perfectamente a Basho y sus discípulos. Duque nos habla de la rosa, que contempla al igual que el japonés miraba al cerezo. Este libro confirma que el haiku debe dejar de ser considerado una moda pasajera —frase que acompaña a la mayoría de textos sobre esta forma métrica—, para asumir definitivamente que se trata de un género poético que se ha integrado en el sistema castellano.

Duque Amusco no necesita presentación. Su trayectoria poética lo avala, pero pondría en valor, además, su profundo conocimiento de Vicente Aleixandre, al que ha dedicado un buen número de ediciones críticas. Para cualquiera que desee acercarse a su obra, el nombre de Duque Amusco es imprescindible. En Escritura de estío, reúne tannkas  (31 sílabas) y haikus (17) que abarcan desde finales de los 80 hasta la década del siglo XXI. El autor explica con detalle sus primeros pasos y sus influencias, en un prólogo valioso en que, a través de una anécdota, nos adelanta cuál será la tónica de sus composiciones. Cuenta que un profesor francés repartió a sus alumnos unos haikus, a los que había suprimido la firma previamente. Les preguntó cuáles consideraban mejores y la mayoría escogió los escritos por autores occidentales:

“Esta singular experiencia prueba que cada lengua —y quien dice cada lengua podría decir también cada cultura— es una manera diferente de ver el mundo. Cada pueblo mira desde su particular ventana con una pupila especial, de muy distinta sensibilidad y agudeza. Por más que intentemos aproximarnos, Oriente y Occidente son dos mundos, dos maneras de ser y de pensar; o, si se prefiere, dos lenguajes cruzados”.

Esa distinta cosmovisón no es impedimento para adoptar el haiku, de hecho, el propio Duque afirma que presenta una flexibilidad, “que la vida en sí tiene”, y que resulta ventajosa. En ese sentido, los poemas de Duque se caracterizan por una narratividad que los hace muy interesantes. Miran hacia fuera, aunque en otros casos comparten preocupaciones que se convierten en leit-motiv de determinadas series. Y a esa flexibilidad hay que añadir la “liberación” de la rima, puesto que en formas tan cortas utilizarla los asemejaría a la soleá y generaría una musicalidad contraproducente.

Son muy interesantes, también, los textos complementarios al escrito preliminar “¿A qué llamamos haiku? Sobre el poema “Dorados” de José Jiménez Lozano” y “Relámpagos orientales. Los haikus de Koboyashi Issa” y su búsqueda de la expresión despojada”. Encontramos, en la parte final, una valiosa adenda, “Siete improvisaciones sobre un mismo misterio”, que parte de unos versos de Eugénio de Andrade en los que se pregunta para qué sirve ser rosa en invierno (“ser rosa no inverno de que serve?”).

La serie “Hojas del verano” destaca porque abre el debate sobre la adición de títulos a los haikus. Se trata de una decisión personal del autor que en algunos casos presenta un valor esteticista curioso para emplearlo de manera puntual.

Comparto, para terminar, dos de las composiciones que más me han gustado. La primera pertenece a la serie “Tannkas de la última luna”, dedicada a su buen amigo Francisco Brines:

Olvidar, olvidar el camino.

Para que el yo

que escribe yo

al separarse de mí

se encuentre.

Y la segunda a Jardín de Valencina, título en honor al pueblo sevillano donde pasa los veranos el autor:

Junio. El viento agita

las acacias.

Siesta amarilla.

Escritura de estío es la obra, en suma, de un poeta que se preocupa por entender el haiku, sus orígenes y su encaje en la tradición poética castellana —en lugar de ocupar su tiempo en hacer del haiku una herramienta para obtener un puñado de me gusta en las redes sociales—. Este libro es el resultado de un proyecto pensado —madurado—, que respeta el haiku y no engaña a nadie. Como él mismo expresó en una sentencia que coloca como paratexto en la serie Hojas del verano:

Estar tranquilo es levantar al vuelo.

Día Internacional de los Archivos – 7 de junio

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El 7 de junio, la Comunidad de Madrid y Archivos de la CM han preparado una jornada especial para celebrar el Día Internacional de los Archivos. Me alegra muchísimo participar y poder presentar el Fondo Urgoiti, un extraordinario legado a través del cual es posible adentrarse en la vida personal y profesional de Nicolás M.ª de Urgoiti, así como revivir el siglo XX español. ¡Nos vemos!

Entrevista a Miguel d’Ors

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Acaba de salir el último número de la revista ovetense Anáfora, en el que se ha publicado la entrevista que Rodrigo Olay y yo hicimos a Miguel d’Ors. Fue una experiencia estupenda; espero que disfrutéis del resultado. Muchas gracias a Rodrigo por el excelente trabajo en equipo y a Miguel d’Ors por su generosidad y amabilidad.

Os animo a suscribiros (4 números al año por 10€, gastos de envío incluidos): https://improntaeditorial.wordpress.com/anafora/

Día por día

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Hace un año —casi exactamente— comenzó, de manera algo casual, en una de mis habituales comidas en la cafetería del CCHS con Leoncio, la aventura manuelmachadiana. Hasta ese momento leía con cierta frecuencia los poemas de Manuel Machado y, por razones doctorales —mi tesis aborda suplementos culturales de El Sol (1917-1931) de Nicolás M.ª de Urgoiti, y uno de los temas de estudio son las redes que se establecían en ellos, con José Ortega y Gasset a la cabeza de un grupo integrado por Enrique Díez-Canedo, Luis Araquistáin, Ramón Pérez de Ayala y muchos otros, con los que se relacionó don Manuel—, me atañe su esfera social y el campo intelectual en el que se movía. La faceta prosística de Manuel Machado me pareció del mayor interés, y el hecho de que la cultivara en el molde genérico del diario durante el año 1918 —además, en el periódico El Liberal, uno de los más importantes de su época— supuso la fascinación definitiva.

Este diario se publicó de manera parcial en el propio año de 1918, síntoma de su éxito, y con posterioridad en el 1974, en una edición que llevó a cabo la transcripción de los meses de aquella primera. Gracias a los microfilms de la Hemeroteca Municipal y a la digitalización de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España, ha sido posible presentar todas las entregas del diario.

Día por día de mi calendario es una de las mejores obras de Manuel Machado, acaso la más original. La amplitud de temas que abarca, el estilo refinado con el que los trató, su ingenio, su afán por la mejora de la situación socioeconómica de España —fue un año verdaderamente convulso, con graves crisis de Gobierno y dificultades en la vida cotidiana de los españoles— y su vocación literaria, plasmada en los elogios a escritores amigos y en sus improvisaciones en, por ejemplo, un paseo por el parque del Retiro, son algunas de las razones por las que os recomendaría su lectura.

Quisiera, por último, agradecer a Abelardo Linares y a todo el equipo de Renacimiento la publicación de esta obra, así como a Leoncio Lopez-Ocon. Sin ellos no hubiera sido posible.

https://www.editorialrenacimiento.com/biblioteca-de-la-memoria-serie-mediana/2121-dia-por-dia-de-mi-calendario.html

La perspectiva

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Hoy he disfrutado de este librito –por el tamaño–, que reúne las diociocho entrevistas que Antonio Machado concedió a lo largo de su carrera. Fueron pocas, y para colmo no se prodigaba mucho en las respuestas (al contrario que su extrovertido hermano mayor). El prólogo de Jiménez Lozano, estupendo, y de estas interviu, como se denominaban en la época, me han gustado particularmente las pinceladas que los periodistas aportan sobre la imagen pública del poeta.

“¿Qué pasa hoy en el Mundo que tenga la importancia y trascendencia de la ciencia Nueva de Galileo, de la reforma de Lutero, de las revelaciones del Cristo, de las charlas de Sócrates con los jóvenes de Atenas? Realmente, no sabemos todavía si ha pasado algo importante en nuestro tiempo.

Pero estas consideraciones, más o menos escépticas, no eximen al artista de vivir su tiempo”.

Entrevista de Rosario del Olmo a Antonio Machado en La Libertad (12-I-1934), recogida en el libro Caminos sobre la mar (ed. Rafael Inglada).

Récord

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foto del Portal de Bibliotecas de Madrid

Encuentro eta simpática nota en El Sol de octubre de 1918 sobre la Biblioteca Municipal de Madrid, cuyo cargo de director ocupó Manuel Machado:

“Nota de la Alcaldía:

La Biblioteca municipal madrileña ha llegado en estos últimos meses al máximum de la concurrencia de lectores, hasta el punto de resultar muchos días exiguo e insuficiente el local en que se halla instalada. Más de 700 obras han sido servidas al público en los últimos treinta días. Consignamos con júbilo estos hechos que revelan ante todo el creciente deseo de cultura en nuestro pueblo y, al par, no sería justo negarlo, el noble afán y el acierto con que el Ayuntamiento de Madrid se esfuerza en contribuir al desarrollo y mantenimiento de tan buenas disposiciones”.

El espíritu de la JAE

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Leoncio López-Ocón

Esta tarde se ha presentado en el Museo de Ciencias Naturales un libro dedicado al centenario del Instituto-Escuela, centro educativo innovador impulsado por la Junta de Ampliación de Estudios. La JAE, presidida por Santiago Ramón y Cajal, fue una institución que quiso elevar la educación en España a un nivel europeo e impulsar la excelencia tanto en la cultura como en la ciencia nacionales. Como es sabido, el estallido de la Guerra Civil truncó todos sus proyectos (Residencia de Estudiantes, Centro de Estudios Históricos, etc.) y la educación en España pasó de despertar ideas a inculcar una ideología. El sistema educativo actual, a raíz de la democracia, no solo no ha mejorado, sino que ha involucionado. La moda —ya cabría hablar de mal endémico— del “bilingüismo”, estafa nacional y pública, la cada vez más arraigada concepción de que el alumno va a la escuela a divertirse, el rechazo de la memorización e incluso de los exámenes, la brecha socioeconómica acribillada por lo concertado, etc., etc. Y conste que no estoy criticando a los alumnos, pues ya se comentó aquí hace meses que la idea de que los estudiantes son peores es un lugar común, diría por cierto que en muchos casos son víctimas.

Leoncio López-Ocón, gran investigador del Instituto de Historia del CSIC, ha compartido los principios inspiradores de los métodos de enseñanza del Instituto-Escuela, según L. Luzuriaga:

– Despertar en el alumno la curiosidad hacia las cosas y basar en ello el proceso didáctico.

– Reclamar, por parte del alumno, un esfuerzo de trabajo “que será tanto más intenso y eficaz cuanto más proceda de una motivación interna, derivada de la curiosidad, el instinto de actividad creadora, la conciencia moral, la satisfacción de alcanzar un fin”.

Si en lugar de debatir sobre las humanidades digitales, las tablets, Finlandia y demás se leyeran con detenimiento estos principios de Luzuriaga, probablemente la enseñanza en este país avanzaría algo más. A los alquimistas del márketing (habría que reflexionar con mucha calma sobre la OCDE y PISA) les gustará más hablar de “nuevos métodos”, aunque sean un desastre, en lugar de evocar el espíritu del 1918 y a, entre muchos otros, don Francisco Giner de los Ríos.

El abrazo de una generación

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JCM con su cuaderno, siempre en el bolsillo de su chaqueta. (13/XI/18)

José Luis Cano publicó en 1960 una selección de poetas jóvenes para el número extraordinario de Navidad de la revista Destino. Algunos no continuaron en el circuito literario más allá de los años 70. Este tipo de ejercicios de canonización prematura no ha perdido su carácter de oráculo artificial, a veces escacharrado. Entre los poetas, figuraban José Corredor-Matheos y Aquilino Duque. Esta semana, los dos han visitado Madrid por distintos compromisos en su agenda. Hace años, me cuenta JCM, se conocieron, y la charla fue muy amigable, pero no volvieron a coincidir (JCM reside en Barcelona; Duque, en Sevilla). El martes por la mañana, en el comedor de la Residencia de Estudiantes, se encontraron y se fundieron en un abrazo lleno de afecto. “Sentí como si lo conociera de siempre”, dice JCM. Ojalá haber presenciado ese momento.

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