Despedidas

There is regret. Always, there is regret.
But is better that our lives unloose,
as two tall ships, wind-mastered, we with light,
break from an estuary with their courses set,
and waving part, and waving drop from sight.

“The north ship”, Philip Larkin

Una mañana te despiertas en los brazos de alguien a quien crees amar y por la noche os despedís para siempre. ¿Lo llegué a amar? Yo creo que no, pero sí que estaba ilusionada, hacía malabares en la agenda para que pasásemos tiempo juntos y me encontraba muy bien a su lado. No estoy ni siquiera triste. Cuando descubres que te han engañado, la sensación se acomoda a medio camino entre el despecho y el arrepentimiento por haber confiado en esa persona. Ha sabido mentir estupendamente. No voy a escribir frases tipo “nunca confiaré en nadie más”, “todos los hombres son iguales”, etc. De momento no me apetece conocer a otro chico, pero no sería justo encarrilar axiomas.

Anoche me enfadó que, encima, se hiciese la víctima. ¿Quería dar pena? Naturalmente, sabía que tenía la culpa y se comportó de esa manera para mitigarla. Hacerse la víctima es el arma de los manipuladores.

En fin, ha sido decepcionante. No arregla nada arrepentirme de haber salido con él, al contrario. Supongo que en poco tiempo sacaré esta astilla. No sé si quedará cicatriz.

Los profetas del bien

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“Susana y los viejos”, Rembrandt

Con cierta frecuencia se topa uno con los profetas del bien. Se trata de individuos que, cuando te ocurre algo, te dicen: tenías que haber…, te ha pasado por…, si hubieras… La mayoría te conoce superficialmente, pero ellos se apropian la legitimidad de valorar tu situación, considerando, naturalmente, que su opinión es la única correcta. Es muy fácil tomar decisiones cuando conoces el futuro, pero como sucede que, vaya, el mundo no funciona así. Y por eso nos equivocamos (errare humanum est, sed perseverare diabolicum, etc.). Qué le vamos a hacer. Rindamos cuentas a nuestra conciencia (ya es bastante), y no a los mercaderes del consejo plúmbeo.

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Esta mañana he visitado un Decathlon, parque temático de la posmodernidad. Ha desbancado a la Warner, al Parque de Atracciones de Madrid, a Faunia, etc. Las familias acuden los domingos para que los niños jueguen, chillen y correteen. De momento, la entrada es gratuita y no hay que pagar por subirse a una máquina de correr. El Decathlon, pese a su origen francés, es uno de los principales motores de difusión de anglicismos –anglicanismos, diría nuestra vicepresidenta-, pero no solo. Un anglicismo es una palabra que se intercala en el discurso, pero lo que sucede en Decathlon es que los tickets y la descripción del producto están en inglés. Es más preocupante el anglicismo, desde luego, porque puede ensucia un idioma si en él existe el mismo término. Nos contaba el otro día mi profesor de alemán que en Alemania no existe una Real Academia ni ninguna institución equivalente a la RAE. Una de las consecuencias ha sido la variedad de plurales del alemán, fruto de no frenar ni regular la influencia de las lenguas de alrededor. Sin embargo, pese a que en España ejerce una función, las instituciones atraviesan una crisis de autoridad que, de continuar, provoque la irrelevancia de las mismas. Sería fatal para la lengua española, pero esta situación alcanza a tribunales de Justicia, a la Constitución, al Gobierno, en fin. Y lo peor es que hay quienes las integran y, desde dentro, fomentan el odio; son los caballos de Troya contra la democracia.

Sábado

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Tal día como hoy, hace 89 años, nació José Corredor-Matheos en Alcázar de San Juan (Ciudad Real). ¡¡Feliz cumpleaños!! Qué suerte tenerte cerca y aprender de ti. “Se dice que un presente con una hermosa  voz es el bien más preciado” (Sin ruido, JCM).

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Esta semana he comenzado a cambiar unos pocos hábitos y he iniciado otros. Ayer volví a hacer deporte, después de semanas sin salir. Fue gratificante. La cuestión de fondo es agradecer los pequeños cambios, por nimios que sean, y sentir sus beneficios físicos y mentales. Lo que ha dado un giro es la percepción del entorno y sus prioridades. ¿De verdad merece la pena gastar tantos minutos en preocuparse por un tema que se escapa de nuestro control? ¿Por qué molestarse en considerar el comportamiento de X persona, a la que no se debería dedicar ni un segundo? No obstante, también echo de menos tener cerca a otras. Ayer me llamó mi amiga ML. y estuvimos hablando durante casi dos horas. Me alegra haber recuperado el contacto. Por la noche, X y yo fuimos a ver Mother! –en verano, los Renoir ofrecen la posibilidad de ver las películas de más éxito del año—. Entiendo el objetivo del film –contar mediante una metáfora la “corrupción” del catolicismo y presentar una interpretación sui generis del origen-, pero me temo que no consigue lograrlo.

Seguir, eso es. No evadirse ni hacer como que no pasa nada: solo seguir.

Retos

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“Dolor de España”, Wifredo Lam

Ya hay diagnóstico. Sabía que algo no estaba bien y, efectivamente, no lo está. Salí de la consulta –nada que ver con la funcionaria de ayer-, sin embargo, contenta, porque se trató del primer paso de un camino por venir. Va a ser difícil, pero alienta saber que tiene solución –no inmediata, desde luego-. Es importante también ser consciente de que no estás sola y de que hay personas que te están dando la mano, apoyándote siempre. Mi madre me dijo anoche: “Lo vas a conseguir”. Voy a hacerlo, por mí y por mis seres queridos.

Miércoles

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A la consulta del médico, al igual que a la peluquería, hay que ir sin prisa. Me llevé el librito de la foto, aunque un tipo quejándose de continuo, profiriendo expresiones blasfemas mientras se movía de un lado a otro de la sala de espera dificultaba la concentración. Una niña, de repente, llamó nuestra atención cuando le dijo tajante a su madre “deja de decirme eso”. La miramos y, lejos de recular en su actitud faltona ante el crítico escrutinio de desconocidos, se vino arriba. Media hora después de la hora de la cita, llegó mi turno. No me gusta la médica asignada en Madrid. En una consulta debes expresarte de la mejor manera posible, pues en función de cómo describas tu dolor, más atinado será el diagnóstico. Pero esa médica te hace sentir cohibido si eres tímido e incómodo y tenso si quieres que te escuche. A mí ayer me resultó hasta desagradable. “Es normal”, responde. Voy una o dos veces al año como mucho, nunca me ha entusiasmado ir –como a todos, naturalmente-, así que si yo pensara que determinado dolor fuera normal, no me hubiera molestado en salir antes del trabajo para pasar parte de la tarde en un lugar tan antipático. Impotencia.

Lunes

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Ya llega el tiempo en el que no viene mal llevarse una chaqueta de punto al cine. Ayer estuve en la sesión de las cuatro con pantalones cortos y me quedé helada, también porque el documental sobre Whitney Houston me dejó fría. No me gusta su música pero parecía lo menos malo que había en cartelera el domingo. Apenas logra uno empatizar con la cantante, pese a sus traumas, sus excesos, su personalidad a priori interesante. Supongo que a sus fans les interesará.

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Preparando el examen que tengo esta tarde. Adentrarse en un idioma hasta entonces completamente desconocido es abrir la puerta no solo de un mundo distinto sino de una manera de organizarlo diferente. Por ejemplo, en alemán los números no se expresan desde el primero al último, sino al revés (dieciséis –> seis y diez). Cuando eres -o pretendes ser- adulto, lo que te mueve al enfrentarse a un test de esta índole no es el anhelo de obtener la máxima calificación, sino la motivación por aprender. Las razones por las que he estudiado inglés, francés y alemán han sido distintas en cada caso, pero todas compartían una: el placer de conocer una cultura diferente a través de las palabras.

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Anoche soñé que me tomaba un gazpacho con Rafael Sánchez Ferlosio. ¿?

Los cinco sentidos

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21:56

El año pasado, tal día como hoy, mi amiga L. y yo acudimos a un cine de verano. No hemos vuelto. La película, Manchester frente al mar, un drama nada apropiado para el contexto en el que se proyectó. Apenas había comenzado, notamos cómo un líquido corría por el suelo: un grupo de jóvenes preparaba sus cubatas con botellas de alcohol y refrescos que las chicas habían guardado en sus bolsos. Hacia la mitad, cuando se desvela que el protagonista perdió a toda su familia en un accidente doméstico terrible, un olor a carne a la brasa se extendió por el recinto. Una familia se preparaba unas hamburguesas, con todos sus complementos. Es evidente que en los autocines y en los cines de verano lo que menos importa es el cine.