Diarios

Felix

Empecé el año leyendo Diario de otoño, del querido Salvador Pániker —entristece recordar que ya no está entre nosotros—, y lo voy a terminar con otro dietario. Es un género literario que me resulta irresistible. Me he reído mucho con Diario de un hombre humillado. El mes pasado leí su Autobiografía de papel, y casualmente, de vuelta a casa en un día laboral, encontré el ejemplar de la foto en uno de esos puestos ambulantes de libros, sábanas en las que los géneros, las corrientes y los autores se entremezclan sin más criterio que el del vendedor. Uno tiende a pensar, cándidamente, que los libros que más se disfrutan te encuentran, y que llegan a ti de las maneras más azarosas, como las grandes pasiones.

“Solo escriben diarios los solitarios y los fatuos. Yo creo poseer ambas virtudes. Téngase bien presente que un hombre aislado de sus semejantes es, indudablemente, un hombre nuevo a cada momento. En consecuencia, solo mediante el uso de este Diario podré reconocerme y encontrarme, si es que me pierdo” (p. 15)