Edificios históricos

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Esta tarde me he dirigido a la calle Jorge Juan para ver la fachada de la casa donde residieron Nicolás M.ª de Urgoiti, fundador de El Sol, entre otros muchos méritos, y Ricardo Urgoiti, hijo del anterior, introductor en España del cine ruso (El acorazado Potemkin, y más) en España, cofundador de la productora Filmófono, junto con Luis Buñuel, y de la emisora Unión Radio, precedente de la Cadena Ser. Hace un par de meses solicité al Ayuntamiento de Madrid una placa conmemorativa para el edificio, en el marco de su “Plan Placas Memoria”. La última noticia que tengo es que lo están gestionando, pero desconozco si han aprobado mi propuesta. Espero que algún día, no muy lejano, se coloque ese pequeño cuadrado para recordar estas dos figuras, que tanto hicieron por el desarrollo cultural de España. No merecen menos.

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He continuado el paseo, aprovechando la temperatura tan primaveral —anómala para este mes de invierno—, y he llegado a la calle Larra. En el número 8 se encuentra la que fue la sede de los periódicos El Sol y La Voz y del semanario Nuevo Mundo. Urgoiti se preocupó de comprar la mejor maquinaria de la época y de contratar a los redactores y corresponsales más competentes. No he podido ver el edificio por dentro, pues lógicamente al ser domingo está cerrado, pero el exterior presenta, en cualquier caso, una estética muy notable. Hay unas cerámicas en las que se puede leer “Arte, Ciencia, Industria, Progreso”, cuatro palabras que sintetizan la trayectoria vital de Urgoiti.

*Muchas gracias a Nicolás y a David por facilitarme las direcciones.

Tres impactos

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El conductor de Uber es como una caja de bombones: nunca sabes cuál te va a tocar. Hoy he tenido visita de despedida y nos hemos montado en varios. El segundo ha resultado ser toda una sorpresa. Con acento argentino, ha esbozado su vida contándonos algunos episodios bastante novelescos. Con la triple nacionalidad (española-canadiense-peruana), cambió de vida hace unos años cuando tuvo que huir de Perú, su país natal, ya que está amenazado por el grupo terrorista Sendero Luminoso. Trabajó como guardaespaldas de Fujimori y llegó a recibir tres impactos de bala. No ha regresado a Lima, pues dice que allí no existe como ciudadano. Antes de establecerse en España, residió durante seis años en Japón y un par en Alemania. Lamentablemente, el trayecto no ha durado más, y quizá haya sido mejor, puesto que la elevada cantidad de aventuras enhebradas comenzaba a resultar inverosímil: la realidad no siempre lo es.

Día por día

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Hace un año —casi exactamente— comenzó, de manera algo casual, en una de mis habituales comidas en la cafetería del CCHS con Leoncio, la aventura manuelmachadiana. Hasta ese momento leía con cierta frecuencia los poemas de Manuel Machado y, por razones doctorales —mi tesis aborda suplementos culturales de El Sol (1917-1931) de Nicolás M.ª de Urgoiti, y uno de los temas de estudio son las redes que se establecían en ellos, con José Ortega y Gasset a la cabeza de un grupo integrado por Enrique Díez-Canedo, Luis Araquistáin, Ramón Pérez de Ayala y muchos otros, con los que se relacionó don Manuel—, me atañe su esfera social y el campo intelectual en el que se movía. La faceta prosística de Manuel Machado me pareció del mayor interés, y el hecho de que la cultivara en el molde genérico del diario durante el año 1918 —además, en el periódico El Liberal, uno de los más importantes de su época— supuso la fascinación definitiva.

Este diario se publicó de manera parcial en el propio año de 1918, síntoma de su éxito, y con posterioridad en el 1974, en una edición que llevó a cabo la transcripción de los meses de aquella primera. Gracias a los microfilms de la Hemeroteca Municipal y a la digitalización de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España, ha sido posible presentar todas las entregas del diario.

Día por día de mi calendario es una de las mejores obras de Manuel Machado, acaso la más original. La amplitud de temas que abarca, el estilo refinado con el que los trató, su ingenio, su afán por la mejora de la situación socioeconómica de España —fue un año verdaderamente convulso, con graves crisis de Gobierno y dificultades en la vida cotidiana de los españoles— y su vocación literaria, plasmada en los elogios a escritores amigos y en sus improvisaciones en, por ejemplo, un paseo por el parque del Retiro, son algunas de las razones por las que os recomendaría su lectura.

Quisiera, por último, agradecer a Abelardo Linares y a todo el equipo de Renacimiento la publicación de esta obra, así como a Leoncio Lopez-Ocon. Sin ellos no hubiera sido posible.

https://www.editorialrenacimiento.com/biblioteca-de-la-memoria-serie-mediana/2121-dia-por-dia-de-mi-calendario.html

Sensatez

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Escucho esta mañana por la radio al televisivo presidente de Cantabria, folclórico del Norte. Le preguntan sobre sus planes si vuelve a ganar las elecciones: “gobernar con sensatez”. Insiste la periodista y le pregunta qué es exactamente la sensatez para él. “Actuar conforme al sentido común”. Ok. En otro momento, anima a los vecinos a que denuncien a los que crean que tienen comportamientos extraños, sobre todo cuando azote el viento-sur. ¿? Creo que es tomar a la ciudadanía por idiota. Ojalá un país en el que los políticos no se expresaran mediante vaguedades y frases vacuas para no decir, en suma, nada. Se dice que el populista es aquel que se comporta de manera diferente al político común, en un afán de acercarse a lo popular, y que, en líneas generales, dice lo que el público quiere oír. Un político ilustrado no diría: teorizaría, y además señalaría un punto ciego, o descubriría realidades con soluciones factibles, de acuerdo a su teoría, elaborada gracias a una bibliografía bien digerida y a una observación de la realidad que trascienda el cortoplacismo. Esto último es complicado en España. En abril debemos acudir de nuevo a las urnas, en gran medida debido a la incapacidad de tantos en alcanzar acuerdos. Lo fácil sería pensar que España arrastra el germen autoritario del franquismo y que no va más allá del sistema bipartidista, pero el problema es de los políticos y de la estructura interna de los partidos. Sin programas, sin ideas, con ideologías líquidas —¿realmente sabemos lo que defiende el PP ahora? Y no digamos el PSOE — pero con evidentes preocupaciones entre sus miembros por su promoción interna, de pago de lealtades. Vaya panorama.

Cuaderno para sueños

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Hoy por la tarde ponían París, bajos fondos en la Filmoteca (Cine Doré). Se presentaba como un agradable plan de domingo, pero al llegar hasta allí, casi media hora antes de su comienzo, me he encontrado con el cartel “agotadas”. He seguido andando, qué remedio, y me he dirigido hasta Sol. Allí, he entrado en el sitio donde más claramente se manifiesta el progreso técnico: la tienda Tiger. Venden una serie de objetos que, de no estar allí, a muchos jamás se nos ocurrirían; otros presentan un diseño refinado y divertido y, en último término, hay una zona con golosinas, también originales. Ya en Sol, he visto una manifestación —para variar— y el autobús de la Cruz Roja. He recordado que hacía meses que no donaba y he subido. Una vez rellenado el cuestionario, he pasado a una cabina para que me hicieran la prueba de la glucosa y me tomaran la tensión. Tengo hipoglucemia, pero había bebido líquido desde que salí de casa, de modo que no esperaba que me tuvieran que dar una coca-cola para subirla —me ha pasado en ocasiones anteriores—. En fin, he tenido que esperar un rato, hasta que me han llamado para volver a tomármela. Seguía al mismo nivel, así que no he podido donar. La médica ha tenido el detalle de regalarme el obsequio posdonación, consistente en dos imanes —qué casualidad—, uno con un calendario de la Cruz Roja y otro con un bloc de notas de la marca Pascual. A la salida, he visto cómo una mujer que había bajado las escaleras unos minutos antes que yo, se desplomaba en el suelo. Rápidamente, ha acudido el “perro” de la Patrulla Canina, supongo que para intentar ayudar, y esto ha conferido cierto carácter de disparate a la situación. La mujer iba acompañada de su pareja, que ha llamado enseguida a uno de los médicos, y la han vuelto a subir al autobús. He pasado por La Central, donde he disfrutado de un agradable rato de charla con dos de sus estupendas libreras —una de ellas me ha dicho que me vio corriendo en el parque de mi barrio el jueves (otra casualidad)—. He bajado por la Gran Vía, y me ha parecido muy bella la imagen del Palacio de Cibeles iluminado, con el atardecer de fondo; también las columnas del inicio del Paseo de Recoletos, cuyo reflejo en el agua hacía de ese conjunto —a esas horas, sin sus habituales patos—un espacio muy hermoso. No ha sido posible ver la película de Jacques Becker, pero a través de las calles del viejo Madrid he visto muchas otras, todas con el mismo telón de fondo: la vida.

Primavera

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Desde hace una semana escucho casi cada día la pregunta ¿estás nerviosa? (con las variantes ¿no estás nerviosa? ¿ya tienes todo preparado? e, incluso ¿pero no te da yuyu?). Lo cierto es que no me ha dado tiempo a ponerme nerviosa. Solo ayer por la noche, después de pasar la tarde con una amiga en el Retiro y de que en la despedida surgiera cierta tristeza, me di cuenta de que ha comenzado la cuenta atrás. Y esta mañana, hablando por teléfono con un amigo ya he sentido la distancia sin haberme marchado, pues viene a Madrid la primera semana de marzo a presentar un libro y no estaré aquí. No me encuentro nerviosa ni preocupada; hace un rato, sin embargo, he salido a dar un paseo y he lamentado no poder disfrutar más de la primavera, de estas tardes que cada vez son más largas, y de tener que regresar al invierno. Pero esta es una cuestión menor. Es hora de ir organizando la maleta y de poner la mirada en el nuevo país.

Imanes

En su afán de atender a las minorías, el Ayuntamiento de Madrid ha tenido el detalle de mandarnos a los solteros una tarjeta por San Valentín. Eso he pensado cuando he sacado el sobre del buzón. La sorpresa ha llegado al abrirlo y encontrar un imán para la nevera con instrucciones para el buen uso del contenedor orgánico. Los imanes son un elemento decorativo propio de los 90; su tiempo ya pasó. Aún quedan los últimos de Filipinas, es decir, de Torrelodones y Benidorm, esos dibujos de playas con el nombre de la ciudad costera en tipografía bailonga. Los imanes de la nevera son el vehículo costumbrista de promoción de cada país y el último reducto nacionalista que no ha sido arrasado por la globalización.