16 de junio de 2018

35411479_1807808092860688_7750985590551609344_n

En torno a las cuatro y media he subido al metro para ir a una peluquería a cortarme el pelo. Me ha llamado mi madre, que nunca me suele llamar a esas horas, para confirmar la intuición que por esa anomalía he sentido: acababa de fallecer mi perro. Llevaba algunos meses débil, pero desconocíamos cuánto se prolongaría su vida con movilidad limitada. En ese periodo de tiempo, cada vez que acudía a PM me despedía de él como si fuera la última. Menos en la última visita, que cuando me fui lo vi dormido y no le quise despertar. Me dice mi madre que se están preparando para ir enterrarlo, que ha ido mi hermano a por el todoterreno para llegar hasta el lugar escogido. Lamento no estar allí. Empiezo a andar sin rumbo y me siento en un banco. Me vuelve a llamar: van de camino. ¿Qué hago? ¿Voy a la peluquería? Solo tengo ganas de llorar. Me doy una vuelta por el barrio mientras imagino cómo ha sido su último aliento, hasta que me calmo un poco y decido entrar a la peluquería. El cepillo tensaba los mechones, zarandeaba mi cabeza y yo me movía con él. Si me hubiera cortado más de lo que le indiqué a la peluquera no me hubiera importado. Salgo y chispea durante unos segundos, insuficientes para destrozar el alisado. Vuelvo por fin al piso y me pongo a ver fotos de Bogan que conservo en el iPad. Ya no está. Me cuesta creer que cuando vuelva a PM no lo veré, ni lo acariciaré jamás. Nos ha acompañado durante 14 años, máxima esperanza de vida para un labrador retriever, y nos ha enseñado mucho. Su mirada siempre transmitía cariño, se alegraba de verte aunque lo visitaras a horas intempestivas, a ratos se dormía debajo de tus pies, otras veces saltaba casi un metro para manifestar su alegría por la hora del paseo y muchas te agradecía con un beso cualquier gesto, por pequeño que fuera. Esta tarde ha respirado durante unos segundos con mayor dificultad, y finalmente se le ha parado el corazón. Pero él se ha quedado para siempre en los nuestros.

 

Jueves

IMG_20180614_210240

Me envía F., que a estas horas estará concluyendo la presentación de su libro, Un arte de vivir, de Juan Gil-Albert. Me parece una delicia, que no quiero terminar. Hace un rato, he estado leyéndolo en un banco -siempre el mismo- del parque, mientras escuchaba el sonido del agua. El olor que desprendía la fuente hacía de trampantojo de piscina. “Héroe es todo aquel que se enfrenta con su fatalidad y lucha denodadamente, a brazo partido, con la naturaleza que le ha sido impuesta; lucha no para degradarla sino por el contrario, para hacer de ella el sentido y hasta la exaltación de su presencia personal en el mundo”. ¿No es maravilloso?

__

El inglés dice burning the midnight oil (literalmente, quemar la lámpara de aceite); el español, trabajar de sol a sol. Hay un sentido intelectual que late en la primera, mientras que la segunda evoca reminiscencias del ámbito agrario. Las expresiones idiomáticas toman el pulso al espíritu nacional.

__

Hoy he estado comiendo con un magnífico antropólogo que, sin embargo –o precisamente por eso-, me cuenta, entre otros asuntos, que el Museo de Antropología de Madrid está fatal. Tan solo he ido una vez, y la disposición de parte de sus fondos me resultó demasiado decimonónica. Él venía de un coloquio sobre Venezuela, en el que ha participado, y la crisis, en todos los órdenes, es peor de lo que podemos llegar a imaginar. Y un expresidente español es cómplice.

Nocturno

Acabo de asomarme un rato por la ventana. Hay bastante gente, aunque los bancos están desocupados. Parejas que ríen y se dan besos furtivos. Solitarios con bolsas de la compra –cada vez cierran más tarde los supermercados-. Jóvenes haciendo del móvil un walkie-talkie con sus notas de voz. Han cambiado el panel publicitario de la esquina: ahora se anuncia una obra de teatro titulada Tres deseos. Y empiezo a pensar cuáles pediría si se presentara la oportunidad. Me bastaría con uno.

“Make life a ride”

IMG_20180609_112518

Esta mañana hemos estado en Toledo, en un concesionario de motos, pues mi hermano se va a comprar una. Había un cartel con el lema Make life a ride. Algo adelantó Antonio Machado en su conocidísimo verso sobre los caminos. Sujetar bien los manillares de la moto y surcar las carreteras, de la mejor manera posible en función de las cilindradas. Y saber que habrá piedras, que unas veces se podrá pasar por encima de ellas, otras nos zarandearán y las menos la ruta se nos presentará despejada. Porque, pese al pasodoble de José Franco y Ribate, la vida no es un camino de rosas. No obstante, a veces tiene buenos momentos, como presenciar la ilusión de mi hermano subiéndose por primera vez en su nueva moto.

__

A mediodía, parada en Alcázar. Cuando había presos etarras en Herrera de la Mancha, proliferaron los hoteles y los hostales. Ahora, muchos están abandonados. El más grande lo abrieron unos vascos, y desde hace unos años pertenece a un empresario chino. Hemos estado en un restaurante que ofrece en la carta una serie de recetas típicas manchegas, además de otros platos. Una pareja de turistas ha pedido unas cazuelas de duelos y quebrantos, de guiso de las bodas de Camacho -sí, se llama así…-, de migas y de asadillo. De esa lista, lo más light es el asadillo, y encima se le suele echar bastante ajo… Espero que se encuentren bien y que tengan a mano unos sobres de Almax.

Posdata: Me gustaría mandar mucho ánimo a mi amigo Carlos, que este domingo afronta un examen de su oposición.

Viernes

IMG_20180608_223107

8/VI/2018

—¿¿¡¡Eres Sofíaaaa!!?? –grita el taxista asomando medio cuerpo por una ventana a una chica que esperaba al autobús en una marquesina.

—¡Soy yo! –le digo, dando un par de golpes a la ventana.

Me monto, con la intuición de que el trayecto a la estación Méndez Álvaro sería un viaje peculiar. Hoy ha tenido lugar una huelga de metro y, como iba cargada con la maleta, he preferido utilizar este tipo de transporte. Pero no ha sido mejor que esperar y apretarse en un vagón: el coche ha estado detenido veinte minutos en la calle Pedro Bosch, a causa de un accidente de tráfico mortal. Yo le había pedido que se fuera por la M-30, pero espetó que el mapa le avisaba de que estaba colapsada por otro accidente. Al llegar a los alrededores de Méndez Álvaro, hemos dado con otro –hace un rato he buscado en Google: ha fallecido un motorista de 28 años—. No paraba de llover afuera y las baladas románticas de Cadena Dial sonaban de fondo. Y me he empezado a fijar en el conductor.

Era un chico joven, quizá más joven que yo, cuyo acento delataba su origen gallego. Lleva cinco años en la profesión. Se comunicaba con sus compañeros a través del móvil que tenía colgado de la guantera. De fondo de pantalla, la bandera de España; de fondo de whatsapp, el escudo del Atleti. Le saco el tema de Uber —seguro que se lo nombran multitud de veces en la jornada—, y me cuenta que tuvo que pagar 300 euros para contratar, entre todo el sector, un buffet de abogados norteamericano.

— Es un trabajo bonito. Hacemos más de psicólogos que de taxistas.

— Supongo que a lo largo del día coincidirás con muchísima gente.

— Con mucha. Y de todo tipo, desde el que va de punta en blanco hasta el que va con unas pintas que…

— ¿Alguna anécdota que recuerdes?

— Ufff, anécdotas muchísimas, pero muchísimas.

[radio: Porque nunca fuimos buenos en amaaar, porque nunca nos quisimos amarraaaar].

— ¿Has atropellado a alguien alguna vez?

— No, gracias a Dios. Pero he estado a punto.

— ¿Sí?

— Anoche, por ejemplo. Porque me dio por mirar a la derecha cuando pasé por un semáforo que se me había puesto en verde… Si no, me había llevado por delante a un repartidor en bicicleta.

— Ah, es que van rapidísimo…

— El chico se había saltado el semáforo. ¡¡Pero toco madera para que no me pase nunca!! Es algo que nunca se olvida.

— Ya… Es que conducir, el tráfico y demás… Estás expuesto continuamente.

— ¿A qué hora sale el bus?

— A las cuatro y media –eran las cuatro y diez.

— No te preocupes en absoluto, vamos a llegar.

— Bueno, lo que me preocupa es el contador –subía y subía.

— Te lo paro ahora mismo.

— ¡¡Noo, noo!! De verdad.

Y lo para. Me salta en la aplicación el pago.

Avanzamos un poco. Algunos viajeros empiezan a bajarse de los taxis y a circular en medio de los coches.

—Cuando lleguemos a esa esquina, te bajas y así puedes ir andando. Estamos al lado.

Dos canciones después, alcanzamos ese lugar y me bajé.

— ¿Cómo te llamas? –le pregunto.

— Me llamo Pedro.

Me bajo, después de despedirnos, y cuando estoy cruzando el paso de cebra lo escucho gritar, de nuevo con medio cuerpo fuera de la ventana:

— ¡¡Por la izquierda!!

— ¡¡Síii!!

— ¡¡Que vaya todo muy bien!!

— ¡¡Igualmente!!

Corrí un poco, sin abrir ni siquiera el paraguas, y tenía la sensación de que la música aún sonaba de fondo, como si fuera la última escena de una película que acabara de protagonizar.

Wabi-sabi

wabisabiDonburiBowls_large

© The Tangerine Fox

Esta mañana la bedel se ha quedado mirando, sin ningún disimulo, a mi falda. “¿Pasa algo?” le pregunto afablemente. “Nada, que te miraba la falda, creía que estaba rota”. Se trata de una falda vaquera gris, un poco deshilachada en los bordes finales a merced de los dictámenes actuales de la moda. Por fortuna, después me ha dicho que iba guapa –hay días en las que me la encuentro y me dice “la semana pasada llevabas una camisa que te quedaba muy bien; ese color te favorece”-. Me cae bien esa mujer, aunque me haga sentirme observada, pero se trata de una atención, por su parte, que ejerce de interlocución de la coquetería diaria. Se agradece.

Dejando a un lado las vanidades, la aparente rotura de algunas prendas está relacionada con el wabi-sabi. Un día, JC-M, su mujer y yo fuimos a un restaurante en el que nos sirvieron la comida en una vajilla muy mona, con bordes irregulares y colores degradados. Nos contó que esa moda proviene del wabi-sabi, una filosofía japonesa que identifica la belleza en la imperfección. Como él diría, está bien.

__

[spoiler]

Ayer estuvimos cinco personas en una sala pequeñísima viendo Playground. Película en la que dos niños canalizan la represión sufrida en el seno familiar a través de actos vandálicos y crueles. Es un film desagradable, pero me gusta mucho el de Michael Haneke y este es del estilo. En la parte final, un hombre salió corriendo de la sala ante una sucesión de escenas bastante desagradables. Su novio lo siguió a los pocos minutos, también corriendo, lo cual aportó cierto dramatismo a la cuarta pared. A mí me entraron ganas de vomitar, pero enseguida la película terminó y pude incorporarme y salir de la sala dignamente. En el camino a la salida, un chico le decía a otro: “No es para tanto”. ¿No es para tanto? ¿Que dos niños de 10 años le rompan la crisma de una pedrada seca a otro de tres no es para tanto? Por favor. ¿Qué verá esa persona en su casa?

__

Según la previsión meteorológica, el sábado va a llover durante todo el día. Vaya. “Yo voy a ir aunque caigan chozos de punta. Es un día importante para ti”, me dice X. ¡No dramaticemos! No sé qué va a pasar, no tengo ninguna expectativa y a tenor del porcentaje de lluvia pronosticado no sé si acaso podré firmar. Lo lamento mucho, pues me hacía, me hace, cierta ilusión. Whatever.

Martes

978849464191

Esta tarde he ido a la oficina de Hacienda de María de Molina para la cita anual con la Renta. En el dossier que una simpática funcionaria me ha imprimido, figura un gráfico en el que se indica a qué se destina cada euro recaudado por el conjunto de las Administraciones Públicas. ¡Educación! ¡Sanidad! ¡Orden público y Seguridad! ¡Intereses! -¿Intereses?-. Me he emocionado: cualquier persona que se dedique a los estudios humanísticos sabe que pagar impuestos es lo único de su trabajo que contribuye directamente al porvenir económico del país.

__

El momento en que la luz cambia y suena un trueno: el anuncio de la tormenta. Me he asomado a la ventana mientras las gotas comenzaban a caer. Y la gente ha acelerado su paso, corría, se mojaba. Los previsores, con paraguas; la mayoría, sin él. Larkin: “Entre la lluvia y los edificios / encuentro tan solo una antigua tristeza derramándose, / rostros llenos de prisa y de problemas”. Últimamente hablo mucho del tiempo. Este almanaque se va a terminar pareciendo al Calendario Zaragozano.

__

El único -a mi juicio- partido político que se estaba consolidando como la alternativa menos mala, organizó el domingo un acto con una serie de charlas motivadoras -de, como se dice ahora, coaching-, con Marta Sánchez y Arévalo como invitados estrella. Las intervenciones estaban inspiradas en la estética de la organización “TED: Ideas worth spreading”, es decir, micrófono de en la mejilla, look arreglado pero informal, manos moviéndose y un discurso bien ensayado que apele, principalmente, a la emoción.  Una de ellas corrió a cargo de un científico que dijo que se podía haber ido a trabajar a países como EE.UU., pero que está en España porque “ama a España”. Y todos, pero ocurre que amar a España no es un argumento suficiente para quedarse aquí a investigar y que el margen es cada vez más ínfimo para escoger un centro receptor. En lugar del discurso autocomplaciente, muchos hubiéramos agradecido propuestas para revertir esta situación. Por otro lado, lamento que impulsar un nacionalismo español se considere la solución principal para combatir al nacionalismo catalán, al fin y al cabo se estaría haciendo frente a algo con lo mismo pero a mayor escala. En lugar de entonar un himno –no comments– podían haber comentado unos pasajes de La España invertebrada de Ortega y Gasset. Quizá fuera más útil, pero menos fotogénico.