Loterías

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Cada año, por estas fechas, se coloca en la entrada del CCHS una mesa dispuesta para vender lotería de una sucursal de Ciudad Lineal. Avisan por correo electrónico cuándo vendrán, pero no recuerdo haberlo leído, pues la mitad de los mensajes que recibo en la cuenta institucional son spam y muchos ni los abro. Un compañero me comentó que la mañana del jueves estarían vendiendo en una hora determinada. “¿Te animas a comprar? Si no llevas suelto, te lo compro y luego me lo das”. Otros años sí que he comprado, animada por la novedad. Pero este año he rehusado gastarme 20€ en una ilusión.  Con esa cifra, puedo comprarme un buen libro y me sobran unos euros para una merienda. 16€ costó Impresiones provinciales, volumen del que he disfrutado este fin de semana. Los buenos ratos que me ha hecho pasar, leyendo las reflexiones de Jiménez Lozano, sumados a la dedicación del trabajo gustoso, mi propia compañía y la de los seres queridos, son mi lotería preferida.

Anoche no me podía dormir porque terminé un texto y sentía que había algo que fallaba. Lo releía concienzudamente, pero no daba con el quid. Le he consultado a Md’s, que es quien más sabe del autor del que hablaba, y generosamente —como siempre— me ha asesorado. Excelentes correcciones, pertinentes y agudas, llegando a mostrar puntos ciegos para neófitos como yo. Todo a resultas de su bagaje y, particularmente, de su gentileza. Algunas personas se limitarían a esbozar unas vaguedades para quedar bien; otras, por el contrario, a esgrimir frases lapidarias —incluso, hirientes— para poner de manifiesto su superioridad intelectual. Cuando uno da a leer un texto inédito a alguien debe hacerlo porque confía en él/ella. Releyendo de nuevo mis líneas, e incorporadas las sugerencias de M, me he dado cuenta de que el problema de fondo residía en que no estaba convencida de lo que yo misma afirmaba. Ahora, sí.

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Espero que os guste la nueva imagen. Se trata de una foto de los molinos de Consuegra. Estoy más familiarizada con los molinos de Campo de Criptana, Alcázar de San Juan y Mota del Cuervo, pero esa imagen me gusta por los colores, acordes con la estética del blog, y también porque al fondo se ve el pueblo, visión de un conjunto modesto de casas, con los límites muy definidos y que lindan con el campo manchego, a la que sí estoy más acostumbrada. Fotografía provincial —me ha gustado este término empleado por Jiménez Lozano, en lugar del manido y deliberadamente despectivo provinciano—, con la que seguimos adelante, casi —¡ya!– un año después de la inauguración.

Dos cajeros del Supercor, esta tarde:

— ¡Hoy espérame al salir, que siempre te vas corriendo!

— Hija, es que tengo un iPhone que cargar.

— ¡Y yo una familia que cuidar!

Y han cerrado

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Joan Brotat

Frases como “no me lo esperaba de ti”, incluso “me has decepcionado”, siembran en uno la duda sobre sí mismo. Ya es demasiado difícil resolver la pregunta quién soy, como para, además, dar respuesta a la de cómo creen que soy. ¿Cuántas veces hay que mirarse al espejo en un día?

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La semana pasada me encontraba muy tirante con respecto a la escritura del blog, pues me sentía más observada en el plano personal que en el de la escritura. He leído alguna vez que los malos escritores son los que provocan más interés por su vida que por sus textos. Pero ¿acaso un libro de relatos otorga el suficiente crédito para definirse como escritor? ¿Qué es ser escritor? El adjetivo lo dejamos para otro momento. Le comenté a JX esas sensaciones. “Sigue adelante”, me dijo. La frase las aplacó, pese a que estos días, como comenté ayer [he borrado el post, pues tan solo era un anuncio] me ha sido imposible entrar por aquí. Hay que seguir, aunque todo sea mentira.

 

En el parque, yo solo…
Han cerrado
y, olvidado
en el parque viejo, solo
me han dejado.

La hoja seca,
vagamente,
indolente,
roza el suelo…
Nada sé,
nada quiero,
nada espero.
Nada…

Solo
en el parque me han dejado
olvidado,
…y han cerrado.

“Otoño”, Manuel Machado.

Talleres

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El último número de El Ciervo viene cargado de contenidos excelentes. Podéis consultar el sumario aquí: http://www.elciervo.es/page/sumario-el-ciervo-771/

Me alegra compartir una reflexión acerca de los talleres y las escuelas de escritura, en la que expongo diacrónicamente su evolución y señalo que se han convertido en espacios –y empresas– de sociabilidad, que no se limitan a la enseñanza de la escritura creativa. Agradezco al equipo de la revista su gentileza y rigor.

Más allá de la pantalla

Anáfora

Decíamos ayer que hoy compartiría una noticia. Pablo Núñez ha anunciado que ya ha salido de imprenta el último número de la Revista Anáfora, excelente publicación de creación y crítica vinculada a la editorial Impronta. Así que esta semana miraré el buzón cada día con el anhelo de que la ruta Oviedo-Madrid de Correos sea ágil y pueda disfrutar de su lectura pronto. Lo que más ilusión me hace es compartir cartel con José Corredor-Matheos, del que podéis leer una entrevista muy interesante, como es él, y un poema inédito titulado “Vivir, vivir igual”. Y sí, habéis visto bien en la contracubierta: estas Hojas de almanaque han levantado el vuelo.

Como se indica entre paréntesis, se trata de una pequeña antología. La idea inicial fue escribir una semana pensando en Anáfora, pero escribir para —específicamente— fue un ejercicio de fingimiento que no duró más de dos días. Manuel Cañedo, leal lector del blog y casi personaje de él, tuvo la gentileza de seleccionar las jornadas que le parecían más interesantes, así que a él agradezco el florilegio de días que, pensamos, mejor podían servir de carta de presentación.

Este es el enlace de Anáfora: https://improntaeditorial.wordpress.com/anafora/

Quisiera, por último, expresar mi agradecimiento a Pablo por su invitación, y también por su amistad.

Envoltorio mortal

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Hoy he recibido un libro de TodoColección envuelto en el papel de la sección de esquelas de un periódico. Mi reacción inmediata ha sido considerar el embalaje de muy mal gusto y de nula delicadeza —menciono el agravante de que dos de los finados se apellidaban González—. Sin embargo, luego he recordado que la tradición occidental adolece de una histeria con respecto a la muerte y su sentido, si es que lo tiene, como tampoco probablemente lo tenga la vida. Además de la decrepitud inevitable y mal asumida por la publicidad y el entorno, que asocia el envejecimiento con la mula de carga del canon de belleza ideal. Como me dijo JCM el lunes recordando una cita de M. Vázquez Montalbán: “en este mundo estamos de paso, y sobre todo en este país”.

Primer día

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Ayer me levanté cuando el locutor más divertido y perspicaz ni siquiera había comenzado su discurso. Las tostadas son menos apetecibles a esas horas. Recorrí el trayecto del metro con el acompañamiento feliz de Lo que dejan los días, de Pablo Núñez, sensación agradable que se difuminó al llegar a la parada Estadio Metropolitano, donde se debe cambiar de metro debido al cambio de zona tarifaria. La línea está cortada por obras, pero afortunadamente hay un servicio sustitutivo de autobús. Anduve por los alrededores del Wanda –¡qué diferente de noche, sin luces, con respecto al ambiente bullicioso cuando se celebra un partido!—hasta alcanzarlo y, una vez dentro, me senté al lado de un hombre totalmente concentrado en su móvil. Miré de soslayo a la pantalla: estaba viendo el vídeo de una mosca, a la que se intentaba cazar con una cuerda. A los pocos segundos me di cuenta de que yo también me había quedado un poco abducida por el aletear de la mosca. Llegamos por fin a Coslada, donde me subí al tren de cercanías. Aún era de noche, pero conforme avanzábamos por el corredor del Henares se podía ver cómo el sol se iba engrandeciendo. El silencio del vagón y la conciencia de que era el primer día, y que a partir del jueves que viene todos los demás se convertirían en rutina, contribuyeron a hacer de ese amanecer un espectáculo de calma. Una vez en la Alcarria, noté que la sensación térmica era ligeramente inferior a la de Madrid, de hecho vi a algunos alumnos con chaqueta y jersey. La Facultad a la que tenía que dirigirme está cerca de la estación, de modo que fui hasta allí caminando.

— Perdona ¿sabes dónde está la Facultad de Educación? En el Google Maps pone que es por aquí. –me pregunta un chico.

— Sí, tienes que subir esta cuesta. Yo voy para allá. –le respondo.

— ¿Tú también empiezas hoy?

— Sí, hoy es el primer día.

— ¿Hoy empiezas el grado? ¿En cuál estás?

— Bueno, no estoy en un grado… –y le explico la situación.

— Yo he empezado esta semana la carrera.

— Anda ¿qué vas a estudiar?

— Grado en Magisterio de Primaria.

— ¿Y te está gustando?

— Sí, bueno, empecé el lunes, pero de momento bien. Lo que no me gusta es madrugar.

— ¿Pero para el instituto madrugabas, no?

— Sí, aunque no tanto, porque podía ir andando. Aquí si me levanto un poco tarde, pierdo el cercanías y llego tarde.

— Vaya… Bueno, te acostumbrarás.

Llego por fin al aula. Me esperan los alumnos, expectantes e ilusionados por lo que está por venir. El brillo de sus ojos constata que aún tienen sueños, y me recuerda que un día yo también los tuve. O que quizá es pronto para dejar que las cenizas arrasen con todo: las pavesas son las llamas en el páramo.

Miércoles

Ocurre que a veces uno se tiene que leer por compromiso algún libro, pero la actitud es receptiva, y de hecho deseamos que nos encante y poder responder al “dime qué te ha parecido, pero sé sincero” con entusiasmo. Como dice MD’Ors en sus virutas, la hipocresía es el motor que mueve el mundo, así que por nada del mundo querríamos encasquillarlo. Terminamos confesando nuestro agrado superlativo con unas palabras de cortesía lanzadas como monedas. Lo peor es que, al igual que lo hacemos, probablemente lo hayan hecho con nosotros. La cuestión de fondo es que acabo de terminar uno y debo pasar por ese trámite.

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Esta tarde he charlado con un amigo poeta residente en Barcelona al que, por primera vez, le he escuchado pronunciar una palabrota. Este dato, que puede parecer irrisorio, casi al nivel del perro de Gallifantes, a mí personalmente me revela una situación de agotamiento y de incomodidad diaria sufrida por él y por su familia. Entre las fechorías que me ha relatado, esta: para un acto, le exigieron que leyera los poemas suyos traducidos al catalán. Se negó, claro. Me parece el colmo, y además recuerda a la política franquista de marginación de lenguas cooficiales, pero aplicada al castellano. ¿Creéis que con el gabinete del Falcon y Torra y compañía se solucionará algo? Yo, no.