El último libro de Alejandro Duque

IMG_20190714_133943

Aquellos famosos versos de Pessoa en los que hablaba de la condición de fingidor del poeta hacían alusión al dolor que podía o no sentir. Pero una cosa es simular unos sentimientos, ejercicio inherente a la escritura, y otra pretender mostrarse como un oriental en diecisiete sílabas. Lo primero puede generar empatía; lo segundo, cierta hilaridad.

Escritura de estío, el último libro de Alejandro Duque Amusco (Sevilla —afincado en Barcelona— 2 de noviembre de 1949), no finge lo que no es. Reúne una serie de tannkas y haikus que se inscribe en la tradición juanramoniana, aunque conozca perfectamente a Basho y sus discípulos. Duque nos habla de la rosa, que contempla al igual que el japonés miraba al cerezo. Este libro confirma que el haiku debe dejar de ser considerado una moda pasajera —frase que acompaña a la mayoría de textos sobre esta forma métrica—, para asumir definitivamente que se trata de un género poético que se ha integrado en el sistema castellano.

Duque Amusco no necesita presentación. Su trayectoria poética lo avala, pero pondría en valor, además, su profundo conocimiento de Vicente Aleixandre, al que ha dedicado un buen número de ediciones críticas. Para cualquiera que desee acercarse a su obra, el nombre de Duque Amusco es imprescindible. En Escritura de estío, reúne tannkas  (31 sílabas) y haikus (17) que abarcan desde finales de los 80 hasta la década del siglo XXI. El autor explica con detalle sus primeros pasos y sus influencias, en un prólogo valioso en que, a través de una anécdota, nos adelanta cuál será la tónica de sus composiciones. Cuenta que un profesor francés repartió a sus alumnos unos haikus, a los que había suprimido la firma previamente. Les preguntó cuáles consideraban mejores y la mayoría escogió los escritos por autores occidentales:

“Esta singular experiencia prueba que cada lengua —y quien dice cada lengua podría decir también cada cultura— es una manera diferente de ver el mundo. Cada pueblo mira desde su particular ventana con una pupila especial, de muy distinta sensibilidad y agudeza. Por más que intentemos aproximarnos, Oriente y Occidente son dos mundos, dos maneras de ser y de pensar; o, si se prefiere, dos lenguajes cruzados”.

Esa distinta cosmovisón no es impedimento para adoptar el haiku, de hecho, el propio Duque afirma que presenta una flexibilidad, “que la vida en sí tiene”, y que resulta ventajosa. En ese sentido, los poemas de Duque se caracterizan por una narratividad que los hace muy interesantes. Miran hacia fuera, aunque en otros casos comparten preocupaciones que se convierten en leit-motiv de determinadas series. Y a esa flexibilidad hay que añadir la “liberación” de la rima, puesto que en formas tan cortas utilizarla los asemejaría a la soleá y generaría una musicalidad contraproducente.

Son muy interesantes, también, los textos complementarios al escrito preliminar “¿A qué llamamos haiku? Sobre el poema “Dorados” de José Jiménez Lozano” y “Relámpagos orientales. Los haikus de Koboyashi Issa” y su búsqueda de la expresión despojada”. Encontramos, en la parte final, una valiosa adenda, “Siete improvisaciones sobre un mismo misterio”, que parte de unos versos de Eugénio de Andrade en los que se pregunta para qué sirve ser rosa en invierno (“ser rosa no inverno de que serve?”).

La serie “Hojas del verano” destaca porque abre el debate sobre la adición de títulos a los haikus. Se trata de una decisión personal del autor que en algunos casos presenta un valor esteticista curioso para emplearlo de manera puntual.

Comparto, para terminar, dos de las composiciones que más me han gustado. La primera pertenece a la serie “Tannkas de la última luna”, dedicada a su buen amigo Francisco Brines:

Olvidar, olvidar el camino.

Para que el yo

que escribe yo

al separarse de mí

se encuentre.

Y la segunda a Jardín de Valencina, título en honor al pueblo sevillano donde pasa los veranos el autor:

Junio. El viento agita

las acacias.

Siesta amarilla.

Escritura de estío es la obra, en suma, de un poeta que se preocupa por entender el haiku, sus orígenes y su encaje en la tradición poética castellana —en lugar de ocupar su tiempo en hacer del haiku una herramienta para obtener un puñado de me gusta en las redes sociales—. Este libro es el resultado de un proyecto pensado —madurado—, que respeta el haiku y no engaña a nadie. Como él mismo expresó en una sentencia que coloca como paratexto en la serie Hojas del verano:

Estar tranquilo es levantar al vuelo.

Día Internacional de los Archivos – 7 de junio

CARTEL_DIA_2019_6292

El 7 de junio, la Comunidad de Madrid y Archivos de la CM han preparado una jornada especial para celebrar el Día Internacional de los Archivos. Me alegra muchísimo participar y poder presentar el Fondo Urgoiti, un extraordinario legado a través del cual es posible adentrarse en la vida personal y profesional de Nicolás M.ª de Urgoiti, así como revivir el siglo XX español. ¡Nos vemos!

Entrevista a Miguel d’Ors

55503442_1973495479625281_6943848016000319488_o

Acaba de salir el último número de la revista ovetense Anáfora, en el que se ha publicado la entrevista que Rodrigo Olay y yo hicimos a Miguel d’Ors. Fue una experiencia estupenda; espero que disfrutéis del resultado. Muchas gracias a Rodrigo por el excelente trabajo en equipo y a Miguel d’Ors por su generosidad y amabilidad.

Os animo a suscribiros (4 números al año por 10€, gastos de envío incluidos): https://improntaeditorial.wordpress.com/anafora/

Edificios históricos

dav

Esta tarde me he dirigido a la calle Jorge Juan para ver la fachada de la casa donde residieron Nicolás M.ª de Urgoiti, fundador de El Sol, entre otros muchos méritos, y Ricardo Urgoiti, hijo del anterior, introductor en España del cine ruso (El acorazado Potemkin, y más) en España, cofundador de la productora Filmófono, junto con Luis Buñuel, y de la emisora Unión Radio, precedente de la Cadena Ser. Hace un par de meses solicité al Ayuntamiento de Madrid una placa conmemorativa para el edificio, en el marco de su “Plan Placas Memoria”. La última noticia que tengo es que lo están gestionando, pero desconozco si han aprobado mi propuesta. Espero que algún día, no muy lejano, se coloque ese pequeño cuadrado para recordar estas dos figuras, que tanto hicieron por el desarrollo cultural de España. No merecen menos.

sdr

He continuado el paseo, aprovechando la temperatura tan primaveral —anómala para este mes de invierno—, y he llegado a la calle Larra. En el número 8 se encuentra la que fue la sede de los periódicos El Sol y La Voz y del semanario Nuevo Mundo. Urgoiti se preocupó de comprar la mejor maquinaria de la época y de contratar a los redactores y corresponsales más competentes. No he podido ver el edificio por dentro, pues lógicamente al ser domingo está cerrado, pero el exterior presenta, en cualquier caso, una estética muy notable. Hay unas cerámicas en las que se puede leer “Arte, Ciencia, Industria, Progreso”, cuatro palabras que sintetizan la trayectoria vital de Urgoiti.

*Muchas gracias a Nicolás y a David por facilitarme las direcciones.

Día por día

dav

Hace un año —casi exactamente— comenzó, de manera algo casual, en una de mis habituales comidas en la cafetería del CCHS con Leoncio, la aventura manuelmachadiana. Hasta ese momento leía con cierta frecuencia los poemas de Manuel Machado y, por razones doctorales —mi tesis aborda suplementos culturales de El Sol (1917-1931) de Nicolás M.ª de Urgoiti, y uno de los temas de estudio son las redes que se establecían en ellos, con José Ortega y Gasset a la cabeza de un grupo integrado por Enrique Díez-Canedo, Luis Araquistáin, Ramón Pérez de Ayala y muchos otros, con los que se relacionó don Manuel—, me atañe su esfera social y el campo intelectual en el que se movía. La faceta prosística de Manuel Machado me pareció del mayor interés, y el hecho de que la cultivara en el molde genérico del diario durante el año 1918 —además, en el periódico El Liberal, uno de los más importantes de su época— supuso la fascinación definitiva.

Este diario se publicó de manera parcial en el propio año de 1918, síntoma de su éxito, y con posterioridad en el 1974, en una edición que llevó a cabo la transcripción de los meses de aquella primera. Gracias a los microfilms de la Hemeroteca Municipal y a la digitalización de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España, ha sido posible presentar todas las entregas del diario.

Día por día de mi calendario es una de las mejores obras de Manuel Machado, acaso la más original. La amplitud de temas que abarca, el estilo refinado con el que los trató, su ingenio, su afán por la mejora de la situación socioeconómica de España —fue un año verdaderamente convulso, con graves crisis de Gobierno y dificultades en la vida cotidiana de los españoles— y su vocación literaria, plasmada en los elogios a escritores amigos y en sus improvisaciones en, por ejemplo, un paseo por el parque del Retiro, son algunas de las razones por las que os recomendaría su lectura.

Quisiera, por último, agradecer a Abelardo Linares y a todo el equipo de Renacimiento la publicación de esta obra, así como a Leoncio Lopez-Ocon. Sin ellos no hubiera sido posible.

https://www.editorialrenacimiento.com/biblioteca-de-la-memoria-serie-mediana/2121-dia-por-dia-de-mi-calendario.html