Don Carnaval

dav

Hasta que no he recaído en Colonia, nunca me había interesado mucho el Carnaval. Aquí a la batalla entre don Carnaval y doña Cuaresma se le llama “la quinta estación del año” —en el tiempo que llevo aquí, diría que hay solo dos estaciones, invierno y, si sale un poco más el sol, primavera—. Y la gente va disfrazada desde por la mañana temprano. La extrañeza ante ese código permanente de vestimenta pasa enseguida al cuestionamiento sobre si se estará incumpliendo alguna norma de urbanidad. El lunes, Rosemontag, fue el día grande: un desfile de más de tres horas en el que repartieron, desde carrozas enormes, chocolates, peluches y golosinas. Había que gritar “Kamelle!” a su paso. Cuando lo dices dos veces parece como si hubieras estado allí toda la vida. Durante el desfile, los participantes a pie llevaban tulipanes. Se acercaban a las gradas y le daban el tulipán a quien escogían. El afortunado o afortunada les correspondía con un beso. Fue divertido y curioso, pues que te regale una flor un galán vestido de mosquetero pensaba que era algo que solo ocurría en las películas.

El Carnaval es, en esencia, una metáfora de la vida. Un lunes estás disfrutando de los goces y, el miércoles, te recuerdan que solo eres polvo, o sea, nada. Y ese lunes vas, encima, disfrazado de una identidad que probablemente quisieras tener siempre pero que sabes que es temporal. Los chocolates y los tulipanes ayudan a paliar ese vacío.

4 pensamientos en “Don Carnaval

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s