Granada ¿IV?

dav

y no poder estar entre esas gentes
cuyo rumor me llega como a través de un muro.

Ciego en Granada (1975), Miguel d’Ors

Hace poco más de un año que estuve en Granada. Hoy me encuentro de nuevo en esta capital de la nieve —me ha resultado muy agradable la imagen de Sierra Nevada en el horizonte de la carretera—, en un viaje fugaz. Qué diferentes las sensaciones entre una y otra visita, los paseos con el ruido del río Darro de fondo, dirección Paseo de los Tristes. La cuestión de fondo, sin querer ahondar en el tema, es que muchas historias son, en realidad, etapas de aprendizaje. Unos minutos asomada en el balcón de la habitación de hotel me ha permitido contemplar un mosaico muy amplio de seres, cada uno con su fisonomía y sus acciones —algunas de las cuales me hubiera gustado no tener que ver—. Decía Julio Cortázar que “el amor no se elige: te elige”. Sin referirme al amor, extiendo el sustantivo al conjunto de afectos, no necesariamente con un eros implícito —y reconociendo, por otro lado, la exención de culpa a la que invita la frase—, que establecemos a lo largo de nuestras vidas. Creo, también, que errar es humano y que cambiar de opinión no solo es bueno, sino que, en muchos casos, es fruto de un crecimiento personal logrado a través de la sucesión de fracasos. Buenas noches.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s