Acusó y ganó

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Mi amigo C. me regaló la semana pasada, según él, por mi condición de interesada en la Historia de la prensa, Yo acuso. La verdad en marcha, de Émile Zola. La lectura es muy agradable, pero más allá de eso sorprende, por un lado, el afán de un escritor por cambiar el mundo —os recomiendo esta página para conocer la historia— y, por otro, que lo consiga, al menos en el caso concreto que le preocupaba. Entre finales del siglo XX y principios de este, los intelectuales han considerado la firma de manifiestos, su firma, como un arma para luchar por una causa. Siguen existiendo los artículos de opinión, obviamente, pero del carácter de los de Zola no tanto —centrarse durante varias entregas en un caso— ni por supuesto con sus consecuencias —destierro, censura—. ¿Sirve para algo un manifiesto? Me temo que no. Quizá para algunas personas que X apoye la independencia de Y será una garantía, un liderazgo que ayude a formar su punto de vista. De todas maneras, lo que se lleva ahora es el Change.org, y ahí puede firmar quien quiera, no hace falta ser intelectual, como dicen algunos, orgánico.

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