Domingo

mde

para un testarazo en Colón

Desde la ventana de mi habitación observo una clínica dental con la puerta de aluminio a medio enrollar. Los domingos este establecimiento permanece cerrado, así que me fijo un poco más para ver qué ocurre. Ah, ya veo. La pasión, esa fuerza capaz de desafiar la legislación comercial y el descanso del séptimo día. La recepcionista y una dentista —disculpadme la cacofonía del sufijo— salen del local besándose, como si nunca más fueran a coincidir, o como si temieran el momento de volver a casa. ¡Que disfruten mientras puedan! Ya se darán cuenta de que todo es mentira y de que no sirve para nada, más allá del autoplacer efímero.

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Releo la entrada de ayer. ¿Captar una imagen? Seguramente querría decir capturar, pero me salió captar. Creo —si hay algún lector avezado en la sala, que me corrija— que no es un uso erróneo, pero semánticamente quizá sea más correcto el segundo.

sdr

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“Te va a venir muy bien cambiar de aires”, me dice MGA. Y no es el primero que se expresa así. No solo voy a cambiar de aires, sino de idioma, de país, de universidad, etc. ¿Cambiaré yo? Cada día tiene lugar un cambio en uno mismo, por ligero que sea. (*quien es un cabrón lo es toda su vida, en ese caso no hay cambio posible).

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[¡Alerta! spoiler de la serie You]

Entre las razones que han motivado mi ausencia este mes —la principal no puedo compartirla, de momento— se encuentra el impacto que me ha causado la serie de Netflix You. En Navidad comencé a verla, pero a mitad del segundo capítulo la abandoné por tedio. A principios de mes una amiga me encomió a darle una segunda oportunidad, y lo hice, logrando interesarme —sobre el empleo del verbo enganchar referido a series, películas, etc. recomiendo este artículo de Juan Manuel de Prada— aunque tampoco entusiasmarme, he de decir. La cuestión es que, en la historia de Joe y Beck, en algunos momentos me he sentido directamente interpelada. ¿Hasta dónde somos conscientes de lo que publicamos en la Red? Esta es la pregunta que surge en los primeros episodios. Pero no es posible dar una respuesta porque no es operativo formularla así. Sería: ¿somos conscientes? Depende del individuo, claro. Por un lado, está el uso de las redes sociales como plataforma de difusión de una imagen pública, sobre la que se ejerce control ya que el fundamento no es otro que la autopromoción (algún día quizá comparta mi opinión sobre Facebook). Por otro lado, existe una vulnerabilidad, no sé si por contagio o por inocencia, mediante la cual caemos en la tentación de subir fotografías que muestran una parcela de nuestra vida privada. Además de las redes, existen los blogs y los diarios. En este punto hay que saber que como género que no se cierra a la ficción, hay un punto de inventiva que provoca dudas hasta en el propio autor sobre sí mismo. En la serie, el chico asesina a la chica después de tenerla encerrada en una jaula y después de haber matado a las personas que se interponían en su relación. Se hace pasar por ella en las redes sociales y también por los cadáveres que dejó tras de sí, hackeando los móviles y asumiendo sus personalidades. Naturalmente, la serie adolece de subtramas inverosímiles, pero favorecer la reflexión sobre este tema de la exposición en Internet ya es meritorio.

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Hoy no puedo dejar de pensar en esto de Miguel d’Ors:

“Se fue, pero qué forma de quedarse”

(“Permanencia”, en Átomos y galaxias).

 

Buenas noches.

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