Loving kindness

Ayer la profesora de yoga nos instó a que cultivásemos el amor por nosotros y por los demás (“develop warmth, compassion and love”, susurraba). El guion de la práctica dio un giro inesperado cuando, después de pensar en quienes apreciamos, nos pidió que pensásemos en alguien que nos cayera fatal (“someone you regard as a difficult person”) con una actitud amable. No tengo una lista muy nutrida, pero no faltaron candidatos en ese momento. Al principio es incómodo, pero, una vez terminado el ejercicio, llega a resultar relajante. Me recordó una escena de la película sobre la Magdalena, que se estrenó el año pasado. Jesucristo le preguntó a alguien “¿Qué haces con todo ese odio?”. No merece la pena, pues solo sirve para quemarnos a nosotros mismos.

Navegar

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Son varios los días que se han sucedido sin pasarme por aquí. Escribo estas palabras como el que se sube a una lancha e intenta accionar el motor, que no arranca. Poco a poco volveremos a navegar, aunque sea con remos.

Me acuerdo ahora de mi cita favorita, a la que he aludido en alguna ocasión: “héroe es quien quiere ser él mismo”. La escribió Ortega y Gasset en Meditaciones del Quijote. La cuestión es que en determinadas etapas de nuestra vida conviene parar y preguntarnos quiénes somos y por qué hacemos lo que hacemos. ¿Merece la pena preocuparse sobremanera por problemas que tienen solución, aunque sea costosa? ¿Cómo lograr la perspectiva necesaria? Parando. Hay que parar y pensar. Parece obvio, pero los pensamientos centrífugos pueden alejarte de lo sensato.

Hace meses me dijo F.A., autor de un diario, que a él le ayudaba escribir. “Digo que me sirve (e imaginé que a ti también te ocurriría lo mismo) porque de alguna forma damos fe de vida. No hay que olvidar que el primer lector de lo que escribimos somos nosotros mismos. Ahora bien, si estuviéramos en la Antártida o en Marte, en la mayor desolación, estoy seguro de que seguiríamos escribiendo. Aun a sabiendas de que nadie llegaría a leernos”. Tiene razón. Me he planteado estos días dejar el almanaque, pero creo que me ayuda a volver a mí misma, a entender y a ordenar por lo menos una parcela del/mi mundo. Recobramos la regularidad, pues, con calma. Buenas noches y gracias por vuestra comprensión.

La perspectiva

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Hoy he disfrutado de este librito –por el tamaño–, que reúne las diociocho entrevistas que Antonio Machado concedió a lo largo de su carrera. Fueron pocas, y para colmo no se prodigaba mucho en las respuestas (al contrario que su extrovertido hermano mayor). El prólogo de Jiménez Lozano, estupendo, y de estas interviu, como se denominaban en la época, me han gustado particularmente las pinceladas que los periodistas aportan sobre la imagen pública del poeta.

“¿Qué pasa hoy en el Mundo que tenga la importancia y trascendencia de la ciencia Nueva de Galileo, de la reforma de Lutero, de las revelaciones del Cristo, de las charlas de Sócrates con los jóvenes de Atenas? Realmente, no sabemos todavía si ha pasado algo importante en nuestro tiempo.

Pero estas consideraciones, más o menos escépticas, no eximen al artista de vivir su tiempo”.

Entrevista de Rosario del Olmo a Antonio Machado en La Libertad (12-I-1934), recogida en el libro Caminos sobre la mar (ed. Rafael Inglada).

Austero paisaje

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La austeridad de este paisaje se revaloriza con los atardeceres. Me gusta porque parece una foto del mar: no hay edificios a lo lejos y, salvo que sea muy de noche, no se distinguen los pueblos colindantes. Es una bella imagen el conjunto de luces delimitado que representa cada pueblo en la carretera. No es posible tomar fotos así en las grandes ciudades, salvo que te subas a un coche y te dirijas a las afueras. La sensación de infinitud recuerda, como decía, a la inmensidad del mar, y la contemplación del atardecer constata la maravilla del sol, ahora pálido, sobre la arena humedecida. “Aunque la costumbre quita la maravilla, es, sin duda, maravillosísima obra la del llover, si se considera como conviene” Fray Luis de León (Libro de Job). También la del caer de la tarde.

Un paréntesis

flores ii

Hay días en los que cuesta más pulsar el botón de “publicar entrada”, en los que el para qué se instala como un piquete amenazante. Hay momentos de euforia que han dejado de vivirse como tales por el miedo a la oscuridad consiguiente; también hay otros de tristeza que se alargan más de lo debido. Hay días, en fin, en los que te preguntas no ya si merece la pena lo que haces sino si acaso lo estás haciendo bien. Tampoco tienes muy claro qué es hacerlo bien.

(He vuelto a la faena y se me ha pasado un poco al concentrarme en la larga lista de tareas pendientes. Quizá el secreto de la felicidad resida en tener algo que hacer y no en tener algo que decir).

Nervios y caimanes

Felicitación Año Luis Bagaría 1926

Luis Bagaría

El canal Mega representa la heterodoxia de la televisión, pues ofrece un abanico de programas de lo más extravagante y, en algunos casos, hipnótico. Vi hace un par de días una escena bastante curiosa, en un reality de caza de caimanes. Me resulta imposible empatizar con alguien que consagra sus ratos de ocio a perturbar el hábitat de los cocodrilos y caimanes, adentrándose en pantanos con sus lanchas motoras para matarlos y con posterioridad venderlos. En general, no me agrada la actividad cinegética y nunca la definiría como un deporte. Obviando por unos minutos esto, me llamó la atención el diálogo entre los cazadores, un padre y un hijo.

— ¡Venga, mételo a la barca! —gritaba el padre, totalmente entusiasmado.

Con bastante languidez y parsimonia, el hijo colocó al caimán, mientras intentaba que no se le cayera el cigarro de la boca.

— Es que mi padre se pone muy nervioso… —se quejaba, mirando a la cámara.

— ¡Sí! ¡Me pongo nervioso! Y espero seguir poniéndome nervioso mucho tiempo.

Esta pareja mostraba el contraste entre la afición de uno y la obligación del otro. Quizá al hijo también le gusta, pero la manifestación de su interés es mucho menos visible. Ese ponerse nervioso manifiesta la emoción y, prosaicamente, presenta reminiscencias del concepto escurridizo y espiritual de “vocación”. Prefiero hablar de inclinaciones, pues el componente cultural y nuestras decisiones son decisivas; en cualquier caso, la idea es similar y el hombre reflejaba lo que se siente cuando haces algo que verdaderamente te gusta. Hay otro tipo de nervios, que nacen de la inseguridad; también, de la preocupación. Así que como mensaje de inicio del año y recogiendo el hilo de la entrada anterior, intentemos buscar aquello que nos ponga nerviosos.