Solo serrín

sdr

“Antes a los profesores universitarios se les respetaba, eran alguien, ahora ya ni eso. La gente admira más a Belén Esteban”, me dice un profesor universitario que a lo mejor sueña con tener una alfombra roja a la salida de su Facultad. Cuando un alumno me escucha con atención o encuentro en alguna práctica alguna referencia de las llamadas secundarias, o han prestado atención a un autor que les he recomendado, ya me siento muy respetada. Lo que piense el vecino de la esquina me da igual.

Esta mañana he ojeado uno de los diarios del cosmopolita Rufino Blanco-Fomeona, uno de los personajes de mi Tesis. Dice en unas palabras preliminares: “Todo libro de memorias, todo diario de vida, choca a una minoría: los pascalianos enemigos del yo. En cambio, puede interesar, por humilde que la obra sea —y el yo y la vida que la obra transparente—, a los que piensen que nada hay más importante para el hombre que el hombre mismo; que todo, hasta las ideas más abstractas, los descubrimientos científicos más osados, las pasiones más motoras del universo social, van implícitas en ese muñeco de dos piernas, dos brazos, un cuerpo trufado de entrañas y una cabeza a menudo solo de serrín”. Una obviedad bien expresada vale más que intentar descubrir la pólvora —entre otras razones, porque te terminas quemando—.

2 comentarios en “Solo serrín”

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