El principio

dav

Esta tarde tenía una cita médica y durante los primeros minutos de espera he disfrutado del siempre nuevo El cuaderno gris de Josep Pla. Me ha producido un gran asombro esta imagen, tan plástica, del delfín:

“Fuera de la bahía de Tamariu, encontramos los delfines que pasan y saltan sin parar, juguetones y potentes. El delfín es el pez más bonito para verlo nadar: quizá más que el atún. Tiene un nadar rápido y fuerte, deslizante, de una manera que fascina la vista. Si atraviesan un agua blanquecina y pálida y la luz es pujante, la capa coloidal que les cubre les da una calidad de cristal –parecen peces de vidrio que pasan como un relámpago dentro del medio líquido; si el agua es de un azul denso, oscuro, pasan como una sombra misteriosa, oscura, que se precipita vertiginosamente”.

Me encontraba únicamente yo en la sala de espera, pero al rato ha llegado un hombre portando un bebé en una mochila frontal que convertía al niño en una columna con ojos. A pesar de que me estaba entreteniendo la lectura, me he animado a darle conversación pues esa escena me hizo presagiar que podría regalarme la entrada de hoy del almanaque. Disculpad la escasez de inventiva, y por otro lado no penséis que sistemáticamente me pongo a charlar con quien primero se pone a tiro.

— ¡Anda, qué niño tan guapo! —es sabido que cuando se vive una escena en la que está presente niño pequeño y el adulto es su padre/madre, las reglas de cortesía recomiendan alabar su belleza, aunque no se pueda certificar, o en su lugar decir —o añadir— ¡qué grande! pese a que se desconozca su edad y por tanto sea imposible determinar cuán superior es su nivel de masa corporal en relación a la media.

— Minino, que te ha llamado guapo esta chica, abú, abú.

— ¡Qué curiosa forma de llevarlo! ¿Es más cómoda la mochila que el carrito?

— Sí, no molesta nada, tiene muchas sujeciones. Pensamos —la pareja estaba ausente, pero él conjugaba el verbo como los condes de Carrión y las hijas de El Cid, que hablaban como uno— que es mejor ya que en el capó solo ve el cielo y con la mochila puede disfrutar del entorno.

— Ah, qué bien. ¿Y cómo se llama? —esta es pregunta obligatoria.

— Se llama Asier, un nombre vasco.

— Sí, sí, lo conozco…

— Asier significa el principio, el inicio. Él es el principio de muchas cosas. ¿Verdad que sí? —esto lo decía mirando al bebé.

— Me alegro…

— Oye, pórtate bien. Yaaa, yaaaa. Los Reyes te van a traer leche agria.

— ¿Leche agria?

— Claro, es que ahora solo come leche. Carbón no puede…

En ese momento, han salido a llamarme, y el padre y el hijo se han quedado jugando con un gusilú iluminado. Extrañas sensaciones después de esa breve ¿conversación?

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s