El espíritu de la JAE

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Leoncio López-Ocón

Esta tarde se ha presentado en el Museo de Ciencias Naturales un libro dedicado al centenario del Instituto-Escuela, centro educativo innovador impulsado por la Junta de Ampliación de Estudios. La JAE, presidida por Santiago Ramón y Cajal, fue una institución que quiso elevar la educación en España a un nivel europeo e impulsar la excelencia tanto en la cultura como en la ciencia nacionales. Como es sabido, el estallido de la Guerra Civil truncó todos sus proyectos (Residencia de Estudiantes, Centro de Estudios Históricos, etc.) y la educación en España pasó de despertar ideas a inculcar una ideología. El sistema educativo actual, a raíz de la democracia, no solo no ha mejorado, sino que ha involucionado. La moda —ya cabría hablar de mal endémico— del “bilingüismo”, estafa nacional y pública, la cada vez más arraigada concepción de que el alumno va a la escuela a divertirse, el rechazo de la memorización e incluso de los exámenes, la brecha socioeconómica acribillada por lo concertado, etc., etc. Y conste que no estoy criticando a los alumnos, pues ya se comentó aquí hace meses que la idea de que los estudiantes son peores es un lugar común, diría por cierto que en muchos casos son víctimas.

Leoncio López-Ocón, gran investigador del Instituto de Historia del CSIC, ha compartido los principios inspiradores de los métodos de enseñanza del Instituto-Escuela, según L. Luzuriaga:

– Despertar en el alumno la curiosidad hacia las cosas y basar en ello el proceso didáctico.

– Reclamar, por parte del alumno, un esfuerzo de trabajo “que será tanto más intenso y eficaz cuanto más proceda de una motivación interna, derivada de la curiosidad, el instinto de actividad creadora, la conciencia moral, la satisfacción de alcanzar un fin”.

Si en lugar de debatir sobre las humanidades digitales, las tablets, Finlandia y demás se leyeran con detenimiento estos principios de Luzuriaga, probablemente la enseñanza en este país avanzaría algo más. A los alquimistas del márketing (habría que reflexionar con mucha calma sobre la OCDE y PISA) les gustará más hablar de “nuevos métodos”, aunque sean un desastre, en lugar de evocar el espíritu del 1918 y a, entre muchos otros, don Francisco Giner de los Ríos.

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