Jueves

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Esta mañana he atravesado la Alcarria a la vez que recorría pueblos del país. El “veraneo sentimental” de Azorín abarca una serie amplia de temas que permiten obtener una radiografía fidedigna de lo provincial de principios del XX. Es redundante decir que el estilo de Azorín alcanza las más altas cotas del castellano, gracias a su plasticidad, su exactitud léxica y el dominio de la narración.

El espíritu de la JAE

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Leoncio López-Ocón

Esta tarde se ha presentado en el Museo de Ciencias Naturales un libro dedicado al centenario del Instituto-Escuela, centro educativo innovador impulsado por la Junta de Ampliación de Estudios. La JAE, presidida por Santiago Ramón y Cajal, fue una institución que quiso elevar la educación en España a un nivel europeo e impulsar la excelencia tanto en la cultura como en la ciencia nacionales. Como es sabido, el estallido de la Guerra Civil truncó todos sus proyectos (Residencia de Estudiantes, Centro de Estudios Históricos, etc.) y la educación en España pasó de despertar ideas a inculcar una ideología. El sistema educativo actual, a raíz de la democracia, no solo no ha mejorado, sino que ha involucionado. La moda —ya cabría hablar de mal endémico— del “bilingüismo”, estafa nacional y pública, la cada vez más arraigada concepción de que el alumno va a la escuela a divertirse, el rechazo de la memorización e incluso de los exámenes, la brecha socioeconómica acribillada por lo concertado, etc., etc. Y conste que no estoy criticando a los alumnos, pues ya se comentó aquí hace meses que la idea de que los estudiantes son peores es un lugar común, diría por cierto que en muchos casos son víctimas.

Leoncio López-Ocón, gran investigador del Instituto de Historia del CSIC, ha compartido los principios inspiradores de los métodos de enseñanza del Instituto-Escuela, según L. Luzuriaga:

– Despertar en el alumno la curiosidad hacia las cosas y basar en ello el proceso didáctico.

– Reclamar, por parte del alumno, un esfuerzo de trabajo “que será tanto más intenso y eficaz cuanto más proceda de una motivación interna, derivada de la curiosidad, el instinto de actividad creadora, la conciencia moral, la satisfacción de alcanzar un fin”.

Si en lugar de debatir sobre las humanidades digitales, las tablets, Finlandia y demás se leyeran con detenimiento estos principios de Luzuriaga, probablemente la enseñanza en este país avanzaría algo más. A los alquimistas del márketing (habría que reflexionar con mucha calma sobre la OCDE y PISA) les gustará más hablar de “nuevos métodos”, aunque sean un desastre, en lugar de evocar el espíritu del 1918 y a, entre muchos otros, don Francisco Giner de los Ríos.

Susana y los viejos

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Viaje Madrid-Alcázar, 23/xi

Antonio ¿cómo estás? Que ya me he enterado de la situación. Antonio, yo soy un zorro. Yo tengo un olfato… ¡Vaya que si lo tengo! A mí no me la dan. Me quieren utilizar como cabeza de turco, como chivo expiatorio. No se lo voy a permitir. ¡Lo juro por mi madre, que en paz descanse! Por cierto, este año han sido caríiiisimos los centros de flores. Ya no se los compro más a la Paqui. Se aprovecha de la situación. Escucha, que me dan igual y que yo tengo mucho olfato y no me voy a dejar engañar, es más, les voy a engañar yo a ellos. Para Navidad le voy a regalar a Carmen un pendiente que perteneció a mi abuela. ¡Qué va, tonto! Si es una baratija. Jajajajaja. A mí me extrañó mucho que dijeran que quedásemos el domingo, cuando siempre quedamos los viernes. Y ya me he enterado de que han quedado también hoy, pero no querían que fuésemos, Antonio. Son gente cruel. El domingo por la mañana los veremos en misa, pero no me pienso sentar en el mismo banco, Antonio. ¡Ah! Ni por encima de mi tumba. ¡Y que me saluden ellos antes! Oye, Antonio, tú sabes quién esta chiquita que va siempre muy tapada, morenita, jovencita. ¿Es muy joven? Es que no prestas atención. Antonio, debería haber confesiones a tres, ya te lo digo. Y yo quiero estar en la tuya. Jajajaja. Se lo voy a proponer al fraile. Por cierto, me ha enseñado un reclinatorio impresionante, en el que te tienes que poner completamente de rodillas para rezar y para recibir la comunión, sin cojín, o sea que te quedas hecho polvo. Creo que esa chica se llama Susana ¿no? ¿No la conoces? Pero entonces ¿a qué vas? Jajajajaja. Sí, como todas las beatas. La otra se pone muy interesante cuando lee. La que se sienta en la primera fila. Sí, sí, porque la morena lee “bububu”, no se le entiende nada. Mira, Antonio, vamos a invitar a Susana a tomar algo. La vamos a llevar a la vinoteca ¿cómo lo ves? Las buenas maneras no se tienen que perder, Antonio. ¿Tú cómo ves lo de la castidad? ¿Qué? No sé qué es eso. Ah, para que no se te caiga. Claro, sí sí. ¿Y te parece bien? Ah, pues entonces. ¿A quién estás dando la razón, al diablo o a quién? Pues para que veas. Y tú has dicho que te gustan las tradiciones. Lo de que había pagado 100€ por la boda me pareció fuerte. Encima me comentó que le había regalado también una camisa de lino. Yo tengo una camisa de lino, Antonio, que me costó una fortuna. ¡Una fortuna! Escucha, vamos a pasar por un túnel y creo que se va a cortar… ¡Antonio!…

Volar

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23/xi

Rara es la ocasión en la que el tren de cercanías, al atravesar San Fernando de Henares, no se cruza con un avión. Los vecinos de la localidad estarán acostumbrados al ruido —sobre todo, al de los aviones militares de la base aérea de Torrejón— y a ver a estos aeroplanos en la inclinación adecuada para aterrizar o despegar. Cientos de pasajeros diarios yendo los lugares más variopintos, mientras que los vecinos de San Fernando permanecen en tierra como espectadores. ¿Como espectadores? Tal vez en sus casas sean más felices que aquellos que viven en continuo desplazamiento, intentando buscar la felicidad imposible en su entorno. Me acuerdo ahora de la película Up in the air, protagonizada por George Clooney, y me provoca compasión el ejecutivo con tarjeta business de American Airways, inventándose vidas volátiles en los vuelos transatlánticos. Su casa era un hotel.

Cien millones

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Recibo —como todos los empadronados en Madrid— un sobre amarillo en el que se contiene una invitación a decidir en qué destinar 100 millones de euros del presupuesto municipal. “Si tienes una idea para el destino de esos 100 millones de euros, preséntala a través de…”. O sea, que quieren que los ciudadanos decidamos cómo gestionar una cifra de tal envergadura. ¿No están los políticos para eso? Entonces ¿cuál es su función? Sí, ya sé aquello de la polis democrática, pero un buen político debe ser quien lleve a cabo el diseño de un presupuesto y se afane por su óptima aplicación, de acuerdo a un programa con implicaciones ideológicas que el votante ya se encargará de elegir o no. El buen ciudadano será quien acuda a las urnas con una información contrastada y tomándose en serio la cita con la democracia. El zapatero, que fabrique los mejores zapatos; el profesor, que enseñe con interés y responsabilidad; y el político, por tanto, que se ocupe de lo suyo y se deje de cartas.

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Esta mañana en el tren he leído un rato y, en un momento, he podido captar en la pantalla del móvil la mujer que iba al lado unas letras de una canción –era uno de tantos vídeos de Youtube en el que va saliendo conforme suena–. How can anyone be so lonely, la primera vez que he mirado; there are moments when I think I’m going crazy, después. Ya no he querido asomarme más, por si acaso. A la vuelta, con el tren más concurrido, ha sido posible practicar una de mis mayores aficiones: escuchar conversaciones ajenas. Charlaban un hombre y una mujer sobre el Black Friday. “Le voy a comprar a mi sobrina unas películas clásicas que venden por 3€”. Un grupo de jóvenes estudiantes de Derecho criticaba a uno de sus profesores. “Fui a la biblioteca a por unos libros suyos para el trabajo final y vi que en el último tenía un capítulo que era, tal cual, otro libro de él más breve; solo había cambiado un par de epígrafes. ¡Así cualquiera es catedrático!”. En la cafetería del Archivo, al que he ido por la tarde, un hombre: “La función de los abuelos no es educar; la de los padres, sí”. En fin, frases todas ellas susceptibles de ser glosadas por extenso, pero por hoy me limitaré a decir ¡la vida! Buenas noches.