Sala de espera

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“El astrónomo”, Vermeer

Escribo estas líneas en una sala de espera. “Sala de espera”, sugerente título para un diario, pues encierra el sentido de una vida. ¿Acaso no estamos sentados esperando tener algo que contar? Luis Rosales —ay— se preguntaba “para qué sirve estar sentado / para qué sirve estar sentado como un náufrago / entre tus pobres cosas cotidianas”. Pero ahora he de levantarme, pues ha llegado mi turno.

Domingo de cine

Quien-te-cantara

Uno de los momentos que más añoro de la etapa universitaria es el jueves en el que, como casi todos los jueves, una amiga y yo fuimos al CineClub del Teatro Cervantes. Aquel día proyectaban Magical Girl, de Carlos Vermut. Nos pareció una película extraordinaria, y las veces que posteriormente la hemos visto por separado han supuesto una excusa para charlar —probablemente, para rememorar aquella noche—. En cuanto vi que Vermut volvía a estrenar, no dudé en que mi próxima tarde de cine estaría dedicada a su film-, además de que estaba convencida de que me quitaría el mal sabor de boca de Cold War. Vengo de la Sala 3, sin numerar —somos pocos los que preferimos la sesión de las cuatro—. Me ha impresionado y me ha parecido una historia estupenda, muy bien contada gracias a un guion que entrevera humor negro e intriga. La banda sonora es espectacular; los personajes, escasos pero muy bien escogidos, tanto en el plano del casting como el de su función en la trama. La hija de una de las protagonistas me ha desconcertado y me ha interesado muchísimo su rol. Valga esta nota escrita al vuelo para recomendar Quién te cantará y para celebrar el regreso a la gran pantalla de Vermut.

Los lentos días

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Foto de MV

Mañana de sábado en el escritorio, con la lámpara encendida. Mal tiempo y por tanto escasa luz. Hace horas que se instaló la noche. He paseado un poco por el parque, casi a oscuras y con frío. Agradable olor a tierra mojada y perros alegres, que me han recordado al mío. Siempre que veo un can, sobre todo si es un labrador retriever, me acuerdo de que lo echo de menos. Por la tarde tenía previsto ir al cine, pero la desapacible lluvia me ha disuadido. Quizá vaya mañana, aunque no hay ninguna película que me llame la atención poderosamente. He leído un rato. Tarde de calma, por fin, y algo de melancolía.

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La mayoría de las veces que entro a un vagón de metro me topo con el poema “Estoy en la tristeza” de Julio Martínez Mesanza —desde hace tiempo, pegan carteles con textos en el marco de la iniciativa “Libros a la calle—. “Nada ni nadie duele en la tristeza, mientras los lentos días se dilatan”. A mí aún me duelen.

Y han cerrado

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Joan Brotat

Frases como “no me lo esperaba de ti”, incluso “me has decepcionado”, siembran en uno la duda sobre sí mismo. Ya es demasiado difícil resolver la pregunta quién soy, como para, además, dar respuesta a la de cómo creen que soy. ¿Cuántas veces hay que mirarse al espejo en un día?

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La semana pasada me encontraba muy tirante con respecto a la escritura del blog, pues me sentía más observada en el plano personal que en el de la escritura. He leído alguna vez que los malos escritores son los que provocan más interés por su vida que por sus textos. Pero ¿acaso un libro de relatos otorga el suficiente crédito para definirse como escritor? ¿Qué es ser escritor? El adjetivo lo dejamos para otro momento. Le comenté a JX esas sensaciones. “Sigue adelante”, me dijo. La frase las aplacó, pese a que estos días, como comenté ayer [he borrado el post, pues tan solo era un anuncio] me ha sido imposible entrar por aquí. Hay que seguir, aunque todo sea mentira.

 

En el parque, yo solo…
Han cerrado
y, olvidado
en el parque viejo, solo
me han dejado.

La hoja seca,
vagamente,
indolente,
roza el suelo…
Nada sé,
nada quiero,
nada espero.
Nada…

Solo
en el parque me han dejado
olvidado,
…y han cerrado.

“Otoño”, Manuel Machado.

Comunicaciones

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Foto de MV

Es muy sugestivo el título del último libro del griego Yanis Patilis, Lo roto es más persistente. Tal vez lo sea porque, perdido el riesgo de rotura, late una sensación de mayor libertad. Decía A. Lafuente el viernes que hay dos tipos de personas: los que van a perder su información (en dispositivos de memoria externa, como los pen-drive) y los que ya la han perdido. Ya no hay miedo cuando ha tenido lugar la profecía. Sin embargo ¿acaso no se actúa con demasiada precaución precisamente por partir de ese supuesto? Qué difícil responder cuando has aprendido a valorar la belleza de los pedazos.

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En el centro de belleza, una película en un plasma con el sonido desactivado. Ver un film sin sonido tiene cierto interés, porque permite, hasta cierto punto, imaginar los diálogos y el sentido de las escenas. En este caso, se trataba de una película con un humor fundamentado en una obscenidad rampante, una de las tantas protagonizadas por Leslie Nielsen en las que todo se exagera y se cosifica a la mujer de manera vergonzante. Otro día tenían puesto un documental en el que el foco se ponía sobre el reportero (?), cuyo protagonismo iba en detrimento de los lobos salvajes, supuestos objetos de estudio del vídeo, a los que se acercaba con una mezcla de alarmismo y morbo.

Posdata.: Felicidades a MV, miembro fundador del almanaque, al que a partir de la semana que viene podremos escucharle por las mañanas del fin de semana en Onda Cero. Tu amistad hace la vida más llevadera.

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Después de muchos años
de tanta agitación,
querer y no querer,
la soledad de las palabras deja
como un frío de invierno.
Con esta compañía
mido mis lentos pasos por las calles
que siempre van a dar a la muralla.

Carlos Pujol.

Pasado por agua

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“No he querido saber, pero he sabido” es el inicio de Corazón tan blanco, de Javier Marías. Yo hoy he sabido y he confirmado lo que mi desigual intuición advirtió hace tiempo. Abres tu corazón y para lo único que sirve es para que, al cabo, se desangre en canal. ¿Hubiera preferido no saber? En tal caso, se hubiera producido esa muerte lenta que consiste en ir subiendo la temperatura poco a poco, en lugar del golpe de impacto por la temperatura de ebullición. Comparación peregrina, pero cierta y equiparable. ¿Y por qué me he enterado por otras vías y no por testimonio propio? La formulación de esta pregunta hace daño, porque ratifica un hecho. Esa ha sido, en fin, la tónica de la mañana, que he intentado dejar atrás pasando la tarde fuera. Y he ido a ver Cold War. No me ha gustado, francamente —este adverbio suena a disculpa dada la opinión dominante—. Primero, por factores ajenos al hecho fílmico, como que estaba innecesariamente encendida la calefacción y que la sala estaba llena —sesión en la que la mayoría no va para ver la obra, sino para pasar el rato con un film como pretexto—. La película es una buena película, por descontado, y técnicamente no hay nada que objetar. La cuestión es que la historia de amor no me la creo. Sí, es muy bonita, pero no sé por qué me he sentido muy tensa a lo largo del film. Cuando ha terminado, la mujer de al lado ha dicho “¡¡Me ha encantado!!”. Yo solo quería salir de ese cocedero. A causa de la lluvia no he podido pasear tranquilamente y, al encender el móvil, he visto unos whatsapps de una amiga en la que me encomiaba a escoger una más divertida. Quizá lo siguiente lo sea. En un paso de cebra me he dado cuenta de que no había abierto el paraguas y me estaba mojando; más adelante, una niña me ha sonreído. No he encontrado fuerzas para corresponderle.

Tecnociencia

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Muy interesante El carnaval de la tecnociencia. Se trata del cuaderno de bitácora de Antonio Lafuente, investigador del Instituto de Historia del CSIC. Desde el año 2005 hasta el 2007, regentó el blog Tecnocidanos y, con mucha regularidad, publicaba en él notas sobre ciencia, con carácter de alta divulgación. Lleva a cabo, además, una crítica no solo de la ciencia y de determinadas prácticas (“el saqueo del Ártico”), sino de algunas dinámicas del ámbito académico (burocracia, etc.).

Sobre el blog:

“Entroniza la mirada fragmentaria, singular, espontánea, cotidiana, colorista y descentralizada. En esa frescura, en su amateurismo iconoclasta, está su luz y, cómo no, su cruz”.

Enhorabuena, Antonio, y muchísimas gracias.