Testigo de cargo

IMG_20180927_184619

En torno al diario íntimo, de Henri Frédérich Amiel, es el libro que fui a recoger el lunes. Su lectura es apasionante, aunque paradójicamente no suceda nada: Amiel llevó una vida insípida, sin más divertimento que el cultivo del mundo interior. Las anotaciones cotidianas versan sobre su individualidad y la parte etérea de la vida. Este volumen consiste en una antología de entradas y por ello es ideal para catar por primera vez a Amiel, maestro del género.

13 de mayo de 1847

Falsedad del diario íntimo. No dice toda la verdad; refleja los desánimos, desfallecimientos, repugnancias, debilidades, más que los momentos de felicidad, de vida elevada, de contemplación. Es confidente del sufrimiento y no de la felicidad, testigo de cargo, no de descargo.

Más allá de la pantalla

Anáfora

Decíamos ayer que hoy compartiría una noticia. Pablo Núñez ha anunciado que ya ha salido de imprenta el último número de la Revista Anáfora, excelente publicación de creación y crítica vinculada a la editorial Impronta. Así que esta semana miraré el buzón cada día con el anhelo de que la ruta Oviedo-Madrid de Correos sea ágil y pueda disfrutar de su lectura pronto. Lo que más ilusión me hace es compartir cartel con José Corredor-Matheos, del que podéis leer una entrevista muy interesante, como es él, y un poema inédito titulado “Vivir, vivir igual”. Y sí, habéis visto bien en la contracubierta: estas Hojas de almanaque han levantado el vuelo.

Como se indica entre paréntesis, se trata de una pequeña antología. La idea inicial fue escribir una semana pensando en Anáfora, pero escribir para —específicamente— fue un ejercicio de fingimiento que no duró más de dos días. Manuel Cañedo, leal lector del blog y casi personaje de él, tuvo la gentileza de seleccionar las jornadas que le parecían más interesantes, así que a él agradezco el florilegio de días que, pensamos, mejor podían servir de carta de presentación.

Este es el enlace de Anáfora: https://improntaeditorial.wordpress.com/anafora/

Quisiera, por último, expresar mi agradecimiento a Pablo por su invitación, y también por su amistad.

Envoltorio mortal

IMG_20180914_221314

Hoy he recibido un libro de TodoColección envuelto en el papel de la sección de esquelas de un periódico. Mi reacción inmediata ha sido considerar el embalaje de muy mal gusto y de nula delicadeza —menciono el agravante de que dos de los finados se apellidaban González—. Sin embargo, luego he recordado que la tradición occidental adolece de una histeria con respecto a la muerte y su sentido, si es que lo tiene, como tampoco probablemente lo tenga la vida. Además de la decrepitud inevitable y mal asumida por la publicidad y el entorno, que asocia el envejecimiento con la mula de carga del canon de belleza ideal. Como me dijo JCM el lunes recordando una cita de M. Vázquez Montalbán: “en este mundo estamos de paso, y sobre todo en este país”.

Primer día

IMG_20180914_110346

Ayer me levanté cuando el locutor más divertido y perspicaz ni siquiera había comenzado su discurso. Las tostadas son menos apetecibles a esas horas. Recorrí el trayecto del metro con el acompañamiento feliz de Lo que dejan los días, de Pablo Núñez, sensación agradable que se difuminó al llegar a la parada Estadio Metropolitano, donde se debe cambiar de metro debido al cambio de zona tarifaria. La línea está cortada por obras, pero afortunadamente hay un servicio sustitutivo de autobús. Anduve por los alrededores del Wanda –¡qué diferente de noche, sin luces, con respecto al ambiente bullicioso cuando se celebra un partido!—hasta alcanzarlo y, una vez dentro, me senté al lado de un hombre totalmente concentrado en su móvil. Miré de soslayo a la pantalla: estaba viendo el vídeo de una mosca, a la que se intentaba cazar con una cuerda. A los pocos segundos me di cuenta de que yo también me había quedado un poco abducida por el aletear de la mosca. Llegamos por fin a Coslada, donde me subí al tren de cercanías. Aún era de noche, pero conforme avanzábamos por el corredor del Henares se podía ver cómo el sol se iba engrandeciendo. El silencio del vagón y la conciencia de que era el primer día, y que a partir del jueves que viene todos los demás se convertirían en rutina, contribuyeron a hacer de ese amanecer un espectáculo de calma. Una vez en la Alcarria, noté que la sensación térmica era ligeramente inferior a la de Madrid, de hecho vi a algunos alumnos con chaqueta y jersey. La Facultad a la que tenía que dirigirme está cerca de la estación, de modo que fui hasta allí caminando.

— Perdona ¿sabes dónde está la Facultad de Educación? En el Google Maps pone que es por aquí. –me pregunta un chico.

— Sí, tienes que subir esta cuesta. Yo voy para allá. –le respondo.

— ¿Tú también empiezas hoy?

— Sí, hoy es el primer día.

— ¿Hoy empiezas el grado? ¿En cuál estás?

— Bueno, no estoy en un grado… –y le explico la situación.

— Yo he empezado esta semana la carrera.

— Anda ¿qué vas a estudiar?

— Grado en Magisterio de Primaria.

— ¿Y te está gustando?

— Sí, bueno, empecé el lunes, pero de momento bien. Lo que no me gusta es madrugar.

— ¿Pero para el instituto madrugabas, no?

— Sí, aunque no tanto, porque podía ir andando. Aquí si me levanto un poco tarde, pierdo el cercanías y llego tarde.

— Vaya… Bueno, te acostumbrarás.

Llego por fin al aula. Me esperan los alumnos, expectantes e ilusionados por lo que está por venir. El brillo de sus ojos constata que aún tienen sueños, y me recuerda que un día yo también los tuve. O que quizá es pronto para dejar que las cenizas arrasen con todo: las pavesas son las llamas en el páramo.

Docencia

Mañana regreso a las aulas. Este cuatrimestre iré a la Facultad los jueves para impartir “Teoría y práctica del cuento y “Literatura española y su didáctica” a alumnos de Magisterio. Por la experiencia del curso anterior con estudiantes de Turismo, hablar de libros a otros grados que no son de Filología aporta una visión interdisciplinar, espontánea, incluso divertida en muchas ocasiones –sin que sea el entretenimiento el fin–, que recuerdan que la lectura es un placer y nunca una obligación: leer un texto es interpretarte y no afrontarlo con un lápiz rojo y una lista de términos morfosintácticos. Es esto:

Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído:
-¿Por qué lloras, si todo
en ese libro es de mentira?
Y él respondió:
— Lo sé;
pero lo que yo siento es de verdad.

Ángel González.

Moyano

IMG_20180910_210240
Por recomendación de una amiga, he merendado en Tim Hortons. Pero no me ha gustado ni el café ni el dulce…

Visita a la Cuesta de Moyano para recoger un libro. El dueño de la caseta se ha despedido de mí y me ha invitado a pasar dentro:

— Ahí tenemos más libros de Historia y Filosofía, por si los quieres ver. Yo me tengo que marchar, pero se queda aquí mi empleado.

Paso y me detengo enfrente de la sección de Filosofía. Mientras hojeo Andar, una filosofía (Frédéric Gros) escucho que el otro trabajador se acerca a mí.

— Has tenido suerte de que se haya ido mi jefe —me dice, mientras siento un escalofrío. “¿Debo salir corriendo de esta caseta?”, pienso. “Pero el libro que he venido a comprar está descatalogado, y era el único ejemplar en Todo Colección…”.

— ¿Por qué?

— Porque yo hago mejores ofertas que él.

— ¿Y qué oferta me ofreces?

— Mira, los libros que llevas. ¿Cuánto son 30 más 3?

— 33 ¿no?

— Pues no. Yo digo que son 30.

— Ah…

— Además, si te sientas en este taburete y miras los libros de la sección de 5€, puedes llevarte el que quieras.

— Gracias, voy a mirar los de la estantería.

Me doy la vuelta y se aleja un poco —menos mal, porque me estaba agobiando su demasiada cercanía—, pero enseguida comienza a hablar de nuevo:

— Mi jefe hace menos ofertas y, cuando vienen a vender libros, paga menos. Yo, en cambio, pago menos todavía por las ventas, pero a los clientes les hago buenos precios.

— Vaya, pues si quiero vender libros ya sé que a ti no te los tengo que presentar…

— Aunque tengan apego o una historia de valor muy importante, yo fijo el precio siempre por lo bajo. Le informo de que estoy aquí de tres a ocho todos los días menos el domingo.

Me río un poco y le pregunto por cuánto me vende los tres que he apartado, ya para cerrar la escena.

— Hemos dicho que 30 más 3 son 30.

— ¿Y estos dos?

— 18 más 3 son 20.

Finalmente, me llevo los dos.

— Señorita, voy a necesitar un tiempo. —se pone a escribir en unos papeles los títulos de los ejemplares. — ¿Va a querer bolsa? Son cinco céntimos.

— No hace falta. —le contesto, cuando ya me está metiendo los libros en la bolsa.

— Entonces son 19’95€, más cinco céntimos de la bolsa, 20€. Nos obligan a cobrar las bolsas, pero nadie me puede decir las ofertas que yo puedo hacer. Quien hace la ley hace la trampa —me dice, guiñándome el ojo.

Cuando me acerca el datáfono y pulso las teclas del pin, gira exageradamente la cabeza.

— Es una cuestión de ética para mí no mirar los pines de los clientes. —recojo el ticket y levanto la bolsa.

— Bueno, pues muchas gracias.

— Señorita ¿me permite? ¿Puede venir un momento? Acérquese. —se dirige a la mesa de su librería, el expositor característico de la Cuesta que colocan todas las casetas. — ¡Vaya! Me lo ha cambiado de sitio el jefe. Ah, no, están aquí. —coge unas entregas de los Episodios Nacionales de Galdós y me las muestra como si fueran cartas. — Elija. ¿Qué le gusta más? ¿Narváez, El voluntario realista, Bodas reales…? A usted le gusta Galdós ¿verdad? Se ha llevado uno suyo…

— Sí, sí, me encanta. Muchísimas gracias… ¡El voluntario realista! ¡No! ¡Bodas reales!

— Tome. Son 5€. Es broma.

— Pues muchísimas gracias, espero que volvamos a coincidir.

— Ya sabe dónde estoy.

Miércoles

Ocurre que a veces uno se tiene que leer por compromiso algún libro, pero la actitud es receptiva, y de hecho deseamos que nos encante y poder responder al “dime qué te ha parecido, pero sé sincero” con entusiasmo. Como dice MD’Ors en sus virutas, la hipocresía es el motor que mueve el mundo, así que por nada del mundo querríamos encasquillarlo. Terminamos confesando nuestro agrado superlativo con unas palabras de cortesía lanzadas como monedas. Lo peor es que, al igual que lo hacemos, probablemente lo hayan hecho con nosotros. La cuestión de fondo es que acabo de terminar uno y debo pasar por ese trámite.

__

Esta tarde he charlado con un amigo poeta residente en Barcelona al que, por primera vez, le he escuchado pronunciar una palabrota. Este dato, que puede parecer irrisorio, casi al nivel del perro de Gallifantes, a mí personalmente me revela una situación de agotamiento y de incomodidad diaria sufrida por él y por su familia. Entre las fechorías que me ha relatado, esta: para un acto, le exigieron que leyera los poemas suyos traducidos al catalán. Se negó, claro. Me parece el colmo, y además recuerda a la política franquista de marginación de lenguas cooficiales, pero aplicada al castellano. ¿Creéis que con el gabinete del Falcon y Torra y compañía se solucionará algo? Yo, no.