No hay dragones

 

IMG_20180929_210212

Este azul y este verde. Afueras de El Toboso, 28/IX/2018

La esencia del diario oscila entre la exposición de los hechos cotidianos y la introspección solitaria, o sea, el reverso y el anverso de la vida. Lo primero resulta poco original, pero qué le vamos a hacer —en ese sentido, Larkin acertó, como siempre, cuando respondió a las acusaciones de repetitivo preguntando si quienes las vertían se dedicaban a cazar dragones los fines de semana—. Hablé de esto el jueves con MD’s, a propósito de su lectura gentil de Anáfora, y me relató una anécdota similar a la de la historia tras los tabiques vecinos. Escucharse a sí mismo, por el contrario, consiste en la exploración de nuestros sentimientos –eso que algunos llaman el yo—. Somos nuestra mejor compañía y, el tiempo, nuestro aliado.

El aislamiento fértil y elegido,

la soledad sin drama: constatación serena

de un espacio ante el mar sin compañía,

de una ascesis que imponen las ausencias

y que crece hacia adentro

como crece la paz en la renuncia.

Vicente Gallego (versos de “Octubre, 11”).

Testigo de cargo

IMG_20180927_184619

En torno al diario íntimo, de Henri Frédérich Amiel, es el libro que fui a recoger el lunes. Su lectura es apasionante, aunque paradójicamente no suceda nada: Amiel llevó una vida insípida, sin más divertimento que el cultivo del mundo interior. Las anotaciones cotidianas versan sobre su individualidad y la parte etérea de la vida. Este volumen consiste en una antología de entradas y por ello es ideal para catar por primera vez a Amiel, maestro del género.

13 de mayo de 1847

Falsedad del diario íntimo. No dice toda la verdad; refleja los desánimos, desfallecimientos, repugnancias, debilidades, más que los momentos de felicidad, de vida elevada, de contemplación. Es confidente del sufrimiento y no de la felicidad, testigo de cargo, no de descargo.

Andar de noche

IMG_20180926_223156

Dice un poema muy breve de JCM: “¿La oyes? / Es la música / del poema que intentas / escribir”. Esta mañana me sonaba así: “¿La oyes? / Es la música / del epígrafe de Tesis que intentas / escribir”. Por la tarde, acto por una librería cercana a la Plaza de Sol. Cada vez me gusta menos esa zona, en la que es imposible pasear con tranquilidad. Mientras agotaban sus turnos los participantes, observaba los libros apilados en las estanterías y ratificaba la importancia de poner buenos títulos. No es fácil –de hecho, esta bitácora estuvo un par de meses con dos nombres distintos, ninguno de ellos el actual—. Al volver, calles angostas a causa de las obras interminables y adoquines encharcados por la tormenta, como en la primera mitad del día.

Chapuzas

IMG_20180925_172545

Hace ya casi un año mencioné una breve excursión que tuve que hacer para sacar un libro de una biblioteca municipal y que, al final, resultó inútil. Comentaba entonces que estaba previsto iniciar el servicio de préstamo interbibliotecario. Pues pasado este tiempo, ya se ha inaugurado y lo he usado por primera vez. La experiencia ha sido fatal y ha puesto de manifiesto que el servicio es una chapuza. El lunes pasado acudí a una de las dos bibliotecas en las que soy usuaria frecuente, por la razón obvia de que se encuentran cerca del piso y del CCHS. Les había escrito previamente para preguntarles si era posible realizar la solicitud de préstamo interbibliotecario telemáticamente. Me respondieron que no, que debía presenciarme y rellenar un documento. “¿Y no lo puedo mandar escaneado?”. “No, tienes que hacerlo en persona”. Una vez firmado el papel, me informan de que tardará en llegar en unos cuatro días y que me llamarían por teléfono para avisarme. “¿Pueden avisar por correo electrónico? Lo prefiero así”. “No, siempre avisamos por teléfono”. Cuatro días después, no recibo respuesta. Esta mañana, una semana después —cinco días hábiles después—, me llaman desde una biblioteca a la que no he ido nunca ni tenía pensado hacerlo.

— Hola, te llamamos de la biblioteca de La Elipa. Ya puedes venir a recoger el libro.

— ¿La Elipa? No lo pedí para esa biblioteca.

— Sí, lo has pedido para La Elipa.

— Yo no puse eso en el documento y de hecho hice la petición en la propia biblioteca.

— Ah, es verdad, lo pone aquí.

Busco en Google dónde queda La Elipa y me encuentro con noticias de peleas y reyertas en sus Fiestas, que parece ser que se celebran estos días. No está muy lejos del CCHS, así que decido recoger el libro allí para evitar más trámites y esperas. La estación del metro está decorada con un mural en el que se recogen citas; curiosamente, hay dos del autor cuyo libro he reservado. Al salir, debo caminar un poco: atravieso un parque y subo por unas escaleras en las que hay un par de hombres —uno de ellos manipulando una jeringuilla—. Cuando entro a la biblioteca, me encuentro con una mujer sujetando las piernas a un técnico que, subido a unas escaleras, arreglaba unas luces.

— ¿Sí? —me pregunta, como si hubiera interrumpido algo.

Le explico la situación y llama a una compañera.

— ¿¿¿Síii??? Diiiimeee mi amorrrrrr —canta mientras sale, y cuando me ve se ruboriza y calla.

Le tengo que mencionar el título del libro dos veces y, por fin, se mete a una sala y vuelve con él. Le pregunto cómo se ponen las reclamaciones y me remite a una página del Ayuntamiento. Eso sí que no se hace en persona, por lo que se ve. Salgo de allí y me dirijo a la marquesina más cercana, con la esperanza de que el bus no tarde demasiado y pueda abandonar ese lugar para siempre.

__

220px-Godfrey_Kneller_-_Portrait_of_John_Locke_(Hermitage)

John Locke

Las noticias que están saliendo a la luz sobre la ministra de Justicia son muy graves. Del populista judicial sorprende menos. No solo las grabaciones provocan vergüenza ajena: también su actitud esta tarde en el Senado. Lo que se dice en el audio filtrado es la punta del iceberg de una red de poder pernicioso, y por ello es causa de dimisión más justificada que las anteriores renuncias. Ah, la separación de poderes. ¿Alguna vez existió?

Más allá de la pantalla

Anáfora

Decíamos ayer que hoy compartiría una noticia. Pablo Núñez ha anunciado que ya ha salido de imprenta el último número de la Revista Anáfora, excelente publicación de creación y crítica vinculada a la editorial Impronta. Así que esta semana miraré el buzón cada día con el anhelo de que la ruta Oviedo-Madrid de Correos sea ágil y pueda disfrutar de su lectura pronto. Lo que más ilusión me hace es compartir cartel con José Corredor-Matheos, del que podéis leer una entrevista muy interesante, como es él, y un poema inédito titulado “Vivir, vivir igual”. Y sí, habéis visto bien en la contracubierta: estas Hojas de almanaque han levantado el vuelo.

Como se indica entre paréntesis, se trata de una pequeña antología. La idea inicial fue escribir una semana pensando en Anáfora, pero escribir para —específicamente— fue un ejercicio de fingimiento que no duró más de dos días. Manuel Cañedo, leal lector del blog y casi personaje de él, tuvo la gentileza de seleccionar las jornadas que le parecían más interesantes, así que a él agradezco el florilegio de días que, pensamos, mejor podían servir de carta de presentación.

Este es el enlace de Anáfora: https://improntaeditorial.wordpress.com/anafora/

Quisiera, por último, expresar mi agradecimiento a Pablo por su invitación, y también por su amistad.

Sábado

IMG_20180922_221639

Cuando te enfrentas a unas primeras pruebas de un libro observas el texto arreglado, como de domingo —bueno, esto expresión hace tiempo que perdió su funcionalidad—. Esa, digamos, belleza de la maquetación contrasta con el cuestionamiento del grado de precisión léxica de cada palabra, una autoexigencia que conduce a la frustración y que en público conviene reprimir en tanto que corre el riesgo de disfrazarse de falsa modestia.

__

Visto el documental sobre el espinoso caso Asunta. Dicen que la madre sufría el trastorno de Madame Bovary porque, al parecer, se enamoró de un hombre de un pueblo cercano a Santiago y quería librarse de su marido y de su hija para consumar la historia. Sin embargo, se han encontrado indicios de que el padre podría estar implicado. Me provoca repulsión hablar de esto.

__

A mediodía, han llamado al telefonillo. No esperaba a nadie ni a ningún paquete, y era ya un poco tarde para el cartero comercial.

— ¿Sí?

— ¿Conoces a algún búlgaro? –para mayor realismo, leed al interlocutor con acento de doblaje ruso.

— ¿Qué?

— Que si vive ahí un búlgaro.

— No.

— ¿Ni en el bloque? ¿No tienes un vecino búlgaro?

— No tengo ni idea.

— Vale, perdona.

Esta llamada me ha recordado que apenas conozco a mis vecinos, y que este hecho tampoco me importa demasiado mientras no hagan ruido. De la vecina de la derecha conozco su afición por cantar a viva voz las últimas novedades del género urbano, pero lo hace –de momento– puntualmente y de día, así que no me resulta antipático. Una persona me contó el otro día que su piso da a un patio, en el que suele avistar a una pareja que practica el nudismo tanto en el interior de su casa como en la zona común. “Si tuviera hijos, ya les hubiera dicho algo”, se quejaba. “Es increíble levantarse por la mañana y ver que ha salido el hombre a fumar, o sea, ver eso”. Si no eres voyeur ni te resulta atractivo el sujeto, debe de ser bastante incómodo.

Posdata.: Mañana anunciaré algo.

A pesar de todo, César

IMG_20180920_195524

Viaje a la Alcarria con las Memorias de Ruano. Me entusiasma este libro porque, al igual que en La novela de un literato, hay mucha vida. La escritura de Ruano es excelente, de una fluidez que habría que calificar de prodigiosa, si consideramos, además, la rapidez con la que remataba sus textos. Sin embargo, me han llamado mucho la atención los vilipendios que, gratuitamente, dedica a Manuel Machado. ¿Será verdad lo que dice de él? Cuenta que fue a visitar a MM a su casa para comunicarle que se había presentado al premio Mariano de Cavia, de cuyo jurado formaba parte Machado. Según Ruano, el poeta sevillano le prometió que iba a obrar para que venciera. Y Ruano ganó por mayoría, pero al cabo se enteró de que solo un miembro del comité no le había votado: Manuel Machado. No perdamos la perspectiva de que fue a su casa a decirle que se había presentado… Se lo cuento a M., que me dice: “Lo va a decir el tipo más fariseo del panorama literario del siglo pasado. Sus amigos lo definían como un ser amoral y sus enemigos como un periodista sobornable y más falso que los billetes del Rastro”. Yo no soy partidaria del nulla aesthetica sine ethica, estoy al tanto de las barbaridades que cometió y, pese a tratarse del género de las memorias, uno con su lectura se hace sus cábalas sobre lo que se cree y lo que no. Como le he dicho esta mañana a mis alumnos a propósito, precisamente, de la cuestión vida/obra: “Vosotros decidís”.