Plañideras

 

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El sábado comprobé de primera mano por qué se ha extinguido el oficio de las plañideras: ha dejado de hacer falta.

En las ciudades de provincia y pueblos de España los entierros, si eres amigo de la familia, consisten en, primero, acudir al tanatorio y, desde allí, desfilar detrás del coche fúnebre hasta la parroquia en la que se celebre el funeral. Una vez terminada la Eucaristía, se forma una fila, más o menos larga en función de la popularidad del finado, en la que se va trasladando el pésame a los familiares. La costumbre, por descontado machista, es que las mujeres dolientes se coloquen en el primer banco de la derecha y los hombres en el de la izquierda. En estas veladas sociales, que congregan a más personas que cualquier actividad municipal o religiosa, suele ser recurrente que aparezca alguien que rivalice en protagonismo sentimental con los más allegados. Ocupa la vacante de las plañideras y lo hace con profesionalidad: acude a la pasarela del pésame y abraza, estruja, a todos, les da palmetazos en la espalda y pronuncia palabras entrecortadas pero sonoras, con el resultado de que se invierten los roles y los dolientes terminan por darle ánimos a él o a ella. Esta interpretación, en algunos casos digna de un Goya a actor revelación, no excluye otra, mucho más frecuente: la del espectador que comenta el acto y a sus protagonistas. “Pues he visto a Pepe muy entero, me ha sorprendido”, “Este se ve que es el novio de la hija, porque los he visto salir del tanatorio de la mano”, “Han venido los sobrinos de Mallorca, y eso que no lo visitaron en el hospital nunca. ¡Qué vergüenza!” son algunos ejemplos. Pero esto forma parte de la normalidad. La verdadera revelación, lo que hace de un entierro algo inolvidable para la concurrencia, es que uno de los asistentes sufra un síncope y sea preciso acudir a socorrerlo, para tumbarlo en un banco, abanicarlo con las hojas parroquiales del último mes y echarle un poco de agua bendita por encima. El verano, por el calor, es la estación más propicia a tales accidentes; también, cuando más público hay.

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