Ida y vuelta

Escribo estas líneas desde el Talgo Madrid-Almería. Es temprano y se trata del primer tren de la mañana que ayer estaba disponible para bajarse en Alcázar. Apenas hace unas horas permanecía sentada en un Alvia, procedente del Norte. En los dos, afortunadamente, silencio. A estas horas la mayoría de los viajantes duerme; anoche, solo se escuchaba el susurro de una pareja joven. Quise escucharles un momento, para ver si capturaba algún “ha sido el mejor viaje de mi vida”, ” eres el amor de mi vida” o “no imagino mi vida -claro- sin ti”, esas frases que prescriben al año, pero solo oí decir a la chica que tenía que poner una lavadora.
No tenía previsto visitar la Meseta tan pronto, pero la hermana de mi amiga L. ha fallecido después de sufrir un ictus letal y hoy se celebra el entierro. Volveré a Madrid esta noche. Aunque estoy en contacto permanente con ella, desconozco qué le diré en persona. ¿Qué palabras pueden contribuir a paliar su dolor, a reconfortarla al menos durante unos minutos? No hay, porque no deben existir reveses de esta índole. Y sin embargo ocurren.

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