Piscina

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Esta mañana he retocado unos textos, he charlado un rato con mi amigo F. –¡qué suerte tenerte!-, y me he ido a la piscina. Apenas había gente, y donde he extendido mi toalla solo podía escuchar a un par de pajarillos. Me he llevado el cuaderno de notas de Tomás Segovia (El tiempo en los brazos), que me ha hecho buena compañía, hasta que en la cafetería han puesto Cadena Dial –iba a escribir “sintonizado”, pero me temo que ya las ruletas son una pieza de museo-. No me ha parecido serio leer a Segovia con Álex Ubago de fondo, de modo que me he zambullido al agua y he hecho unos largos. En el descanso entre uno y otro, escucho quejarse a un niño: “Yo tengo muchas monedas. Antes tenía billetes, de la comunión, pero mi madre me cogió todos los cuartos”. Cuando vuelvo a la sombrilla, aparto el libro y justo se abre en la página 201, donde figuran unos versos de TS que parecen interpelarme: …y donde es mi tarea / sostener el milagro en el que no confío.

Un domingo de verano

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Esta tierra, tan dada al localismo y al folclore, ha relegado al umbral del olvido el legado intelectual de Ángel Crespo. JCM me ha hablado tanto de él que ya lo percibo como familiar. Además de poeta, es un profundo conocedor de Fernando Pessoa; también, de Dante. En su pueblo, Alcolea de Calatrava, bautizaron una calle y la biblioteca municipal con su nombre. Aunque esto es difícil de objetivar, yo tengo la impresión de que en C-LM no se le ha hecho mucho caso. Ni siquiera hay una fundación simbólica en su honor –su legado se conserva en la Fundación Jorge Guillén-. Su última antología se titula, curiosamente, La voluntad de perdurar.

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José Benlliure

Anoche me escribió C. para reprocharme la brevedad del post de ayer; X me ha preguntado esta mañana si me pasaba algo. Ayer escribí más, pero cuando lo terminé pulsé la opción “Seleccionar todo” y borre todas aquellas palabras. Porque su único destinatario era mi alma.

*Luego me sorprendo cuando JCM me dice que escribo con pudor.

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He pasado la mañana en la piscina. Al lado, un matrimonio con su hija, de unos siete años. La niña ha comenzado a llorar porque sus padres, mientras ella se bañaba, se han comido la bolsa de gusanitos que habían comprado para compartir. A los diez minutos, ella ya estaba sonriendo y abrazando a su madre. Por un momento he vuelto a creer en la inocencia.

*La nueva foto que adorna la barra lateral derecha me la ha enviado MV desde Dinamarca. ¡Muchas gracias!

Amistad

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Sentada en el AVE, al lado de una chica cuyo móvil parece un apéndice de su cuerpo, y lamentando que no me haya tocado el locuaz argentino del asiento de delante como compañero, me acuerdo de una pregunta que dos días antes me formuló el chico del jueves: “¿Qué buscas en una relación?”. Qué manera de romper el incipiente hechizo al trasladar el ambiente del bar al de una notaría, o peor: el de un registro de la propiedad. En la dramaturgia antigua, que los enamorados protagonistas se dieran la mano al final de la obra significaba que contraían matrimonio. Ahora ni siquiera besarse un par de veces es garantía de nada. “Yo no busco, sino que espero encontrar”, respondo. “Yo también, pero a mí me gustaría seguir conociéndote. Y ya sabes que puedes hacerme cualquier pregunta, la que sea”. ¿Pero por qué tantas preguntas? La puerta de mi corazón se cerró de golpe para él. “¿Qué es para ti un buen día?”, le pregunto para ver si tiene madera de aforista y aún no lo ha descubierto –y yo de psicoanalista-. “Un buen día es aquel en el que me acuesto con la satisfacción del trabajo bien hecho. Como sabes, soy ingeniero y los detalles son básicos”. Los errores de la ventura y las trampas de la noche.

Cuando llego a la estación, distingo enseguida a mi amiga Marina entre la multitud. Acelero el paso, empujada por una ilusión que hacía tiempo que no sentía. Se puede vivir sin pareja, pero sin el calor -y la infinita paciencia- de mis amigos, la existencia sería una enfermedad crónica.

Vacaciones

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PM, ayer

Anoche me encontré con mi antiguo maestro de escuela, don Juan. Me alegró poder charlar con él un rato, después de más de una década sin verlo. Cuando nos despedimos, sensación de que quizá fuera la última vez. Comencé a rememorar anécdotas y algunas de sus enseñanzas, las vitales, las del lado de educar y no tanto del formar. He olvidado los nombres de los reyes visigodos, pero no las primeras. En una ocasión, nos repartió un test con un batiburrillo de preguntas generales. Solo me acuerdo de esta: “¿Como quién quieres ser de mayor?”. Pensé varios minutos la respuesta; finalmente, la dejé en blanco. Esa cuestión iba más allá del as en la manga para los intercambios verbales con niños desconocidos: el qué quieres ser de mayor. Formular esa pregunta es síntoma de que aún late la ilusión de libertad inherente a la infancia, encantadora en el vuelo corto y frustrante en el largo plazo. No sabía como quién quería ser, porque solo en ese instante fui consciente de que, para algunos, es conveniente tener modelos. Tenía -y sigo teniendo- más claro a lo que no quería parecerme. Años después, encontré en Meditaciones sobre el Quijote esta feliz cita de Ortega y Gasset: “Héroe es quien quiere ser el mismo”. Ahora rellenaría ese espacio en blanco y escribiría “como yo”, para materializar en palabras la intuición que por entonces bullía. Creo que lo voy consiguiendo.

*Queridos amigos, muchas gracias por vuestra compañía, por vuestra complicidad desde el anonimato, en suma, por hacer que estas notas no naufraguen en la inmensidad de la Red. Estaré unos días de viaje, sin acceso a ordenador, aunque llevaré conmigo un cuaderno. Nos veremos, seguramente, a finales de la próxima semana. Un fuerte abrazo.

Calimas

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3/8/18, 19:33, calima en Seseña (Toledo)

Después de meses sin usar Uber, ayer volví a descargarme la aplicación y a contratar el servicio para dirigirme a Méndez Álvaro. Tengo instalada myTaxi, muy similar a las de Uber y Cabify, solo que, como el nombre indica, pertenece al sector del taxi. Indiqué el lugar de destino y, enseguida, pude ver las dos tarifas disponibles (UberX, coche corriente, y UberONE, eléctrico, un poco más caro) y el trayecto por el que circularíamos. Pude ver los vehículos de Uber que había libres por la zona y, en cuanto le di a confirmar el viaje, el más cercano vino hacia donde lo esperaba –en la pantalla salía por dónde- y me salió una ventana de información sobre el conductor –nombre, valoraciones, tiempo como conductor y modelo de vehículo, entre otros datos-. Cuando llegó, el conductor, que iba vestido con camisa y corbata, se bajó y metió mi maleta en el maletero. Una vez dentro, me preguntó si la temperatura estaba a mi gusto y qué música o emisora me apetecía escuchar. En otras ocasiones, me han ofrecido agua, zumo e incluso bombones. Le dije que no tenía ninguna preferencia y, casualmente, cuando encendió la radio sonaba una canción que me gusta mucho. “He visto que llevas dos meses como conductor. Te ha pillado todo el conflicto”, le digo. “Dos meses en Uber; antes estuve en otra VTC”. “¿Y te han hecho algo?”. “Pues me han tirado muchas piedras, por ejemplo”. Cuando llegamos, me tiene que dejar a unos metros de la estación para evitar enfrentamientos y, unos minutos después de dejar el coche, debo valorar la experiencia en la aplicación.

Las VTC deben pagar impuestos en España, lógicamente, y el taxi debe renovarse –empezando por sus formas, que se han visto primitivas y salvajes en sus últimas protestas, y continuando por la revisión de sus licencias-. Me temo que transferir el problema a las comunidades autónomas solo agravará el conflicto.

Muy extraño

He recibido un libro sobre El País y la cultura de España en un paquete sin remite, que además estaba abierto. Supongo que se trata de una costumbre por parte de cartería, porque en enero una persona me envió, como sorpresa, otro, y también había sido inspeccionado. Menos mal que no ponía nada comprometido… He bajado para preguntar si había algún papel o certificado en el que se indicara el lugar de procedencia, pero ha sido en vano.

El gran PN me conminó hace unos meses a hablar de mis trabajos en el almanaque, pero hasta ahora no me había salido hacerlo, bien porque no ha surgido o por considerar que no era el lugar idóneo. Estoy haciendo mi Tesis doctoral sobre los suplementos culturales, entre los que se encuentra, como es bien sabido, Babelia. Algún día contaré por qué ese tema y las sensaciones y anécdotas vividas desde que comencé su redacción. Conocía la existencia de La Fiera Literaria, pero no de uno de los libros surgidos al calor de ese portal. ¿Conozco yo a alguno de los miembros de esa comunidad? Por lo que veo, escriben con seudónimos, así que quizá sí. Sin embargo, sucede que el autor del libro falleció en 2013, de modo que queda descartada –obviamente- la posibilidad de que me lo haya enviado él. En fin, muchas gracias al anónimo apóstol de la contracultura contemporánea. ¿Quién eres?