Gustos

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Esta mañana he ido a comprar un regalo y, aprovechando que no hacía demasiado calor, me he dado un paseo. He pasado por un local situado justo a la salida del metro Velázquez en el que, durante el verano, varias marcas exponen sus productos. A esto se le conoce ahora como pop-up store, pero no es más que un mercado, de ropa, zapatos y accesorios. Entiendo que, en el márketing, decir mercado pueda recordar al “mercaíllo”, y que, consecuentemente, el cliente desvalorice los productos. Me sale un chiste, pero no vayamos a ofender a ninguna minoría. La cosa es que me ha llamado la atención un expositor de colgantes y pulseras y, mientras observaba los modelos, he escuchado a una mujer y a un hombre charlar. Uno de los dos sería el propietario del tenderete. “En esta vida hay dos clases de personas: las que visten bien y las que no. Y hay más de los segundos que de los primeros, así que yo vendo para los segundos, aunque la ropa me parezca hortera”, le decía el hombre a la dependienta, de la que enseguida supe que era la dueña al saludarme. “Esto es así”, zanjó.

Dejando un lado la obviedad de que el gusto es subjetivo y de que sobre ellos no hay nada escrito, es triste dedicar tu negocio a un nicho de mercado que desprecias y sobre el que hablas de esa manera. Me lo imagino recibiendo a los clientes y regalándoles el oído con falsos halagos. “¡Esa blusa te queda estupendamente!”, etc. Él, al mirarse al espejo ¿qué se dirá?

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