Trenes

Rain_Steam_and_Speed_the_Great_Western_Railway

“Lluvia, vapor y velocidad”, Turner

Esta mañana me he despertado con el anhelo de vivir en un lugar remoto, sin Wi-Fi que tire por la borda la distancia, con un nombre distinto y otra profesión. Solo durante una semana, quizá hasta un mes, naturalmente. Algo parecido haré a finales de agosto, pero a ese viaje me tendré que llevar el móvil y el DNI. Sin embargo, el lunes por la noche me percibía a mí misma como otra. Releí, mientras me tomaba un refrescante tinto de verano, algunos mensajes con X, conversaciones en whatsapps y correos electrónicos, hoy confeti mojado y sucio, y mis cejas se elevaban al no reconocerme en aquellas palabras, en ese estado. ¿Era yo? ¿Era X el que me contestaba? Desde el domingo, se me antoja alguien distinto, incapaz de comportarse como la persona que enviaba esos textos. Se nota la ausencia, claro, sobre todo por las mañanas y por las noches, pero no siento un dolor en el pecho propio de las grandes historias de amor –dicen-.

En esta vida sucede que tienes el billete de tren, con un asiento confortable, pero por unas razones u otras llegas tarde y, cuando alcanzas la vía, se pone en marcha y se va. Pero aún es por la mañana, y llegarán más trenes. ¿Será mejor? No lo sé, pero será el que te llevará a tu destino. Solo queda mantenerse a la espera.

¿Y si no hay ningún destino?

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