Jueves

IMG_20180621_153944

Escribo estas líneas desde la Sala Barbieri. No he de consultar nada específico de estos fondos, pero es el espacio que más me gusta de la BNE –mi amigo Mario publicó el video-reportaje “El lugar que guarda todos los sonidos” hace poco; os lo recomiendo -. Tengo delante un organillo de Vicente Llinares, en el que se puede escuchar “España Cañí”, “Ay, pena, penita”, “Gitanillo arrepentido” y algunas más. ¡De cuántas verbenas habrá sido testigo! Y qué cambio de contexto… Aquí solo estamos una mujer y yo, y no está permitido comer barquillos. Ella consulta unas partituras. Ah, el lenguaje musical. Pasé mi infancia y adolescencia intentando encontrar el equilibro entre la técnica y la pasión del clarinete, pero me faltaba la vocación suficiente como para aguantar la cara b de la orquesta y el sacrificio continuo. Prefería otros lenguajes —en el instituto escribí un poema dedicado a mi clarinete, del que espero que no se conserve ninguna copia—. Pero de vez en cuando escucho alguna pieza para recordar su sonido, pues pese a todo me parece el más sugerente de la familia del viento-madera.

__

Anoche di un paseo por la zona de Plaza de España, después de salir de ver En tránsito. Llegué la primera a la sala, en la que el encargado se dirigía a mí como “cielo”, costumbre que me repele. Tuvo el gesto de acompañarme a mi asiento, pese a que la sala estaba vacía y los números de las butacas se veían con claridad, y se despidió con la frase “espero que disfrutes de la película”, seguida de una sonrisa que me perturbó. La idea del film es interesante, entronca con la magnífica El reportero de don Michelangelo Antonioni, pero la de Petzold me aburrió soberanamente. Cuando estaba recogiendo el bolso para irme a mitad de la película, tuvo lugar una escena delirante que hizo que permaneciera hasta el final. El protagonista, suplantador de la identidad de un escritor, conoce a una mujer en Marsella, que resulta ser la esposa del escritor desaparecido. La mujer dejó al escritor, pero ahora quiere volver con él y lo busca desesperadamente. Los dos son refugiados e intentan conseguir la documentación para emigrar. El hombre nunca le cuenta la historia, claro. Se siente atraído por la mujer y ella sigue dale que dale con el marido idealizado, mientras ejerce de concubina de un médico. Bien, la escena es la siguiente: el suplantador consigue los visados y los billetes para huir hacia México en un barco. Mientras se dirigen al puerto en un taxi, el hombre la besa y ella se deja besar, mientras dice que está segura de que va a encontrar a su marido, que nunca lo ha olvidado, que está deseando verlo… Y el otro besándola. Pero, chico, ¿qué haces? ¿Eso es normal? Es obvio que el concepto de normalidad es extremadamente polisémico, pero hay cosas que… De manera que me empecé a reír, con esa risa nerviosa de “ya no entiendo nada”. Porque no sé si el mundo es extraterrestre o lo soy yo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s