Feria (I)

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Ayer por la tarde di un paseo por la Feria. Fui directamente a la caseta de la Alberti para ver si estaba Miguel y pedirle una recomendación, pero no se encontraba allí. Seguí caminando, con algunas paradas para saludar, y llegué hasta el final, una caseta de varias editoriales. Un chico, sentado en un taburete, alternaba su vigilancia con la lectura de un cuaderno.

— ¿Tienes alguna novela que cuente una historia de amor que termine bien?

— ¿Qué termine bien? ¡Eso es que no ha terminado!

— Bueno, alguna habrá.

— ¡Déjame mirar!

Se dirige veloz a una estantería y saca un libro gris. Lo pone encima del mostrador y él se reclina sobre los libros:

 — Eres una mujer con carácter ¿no? –me pregunta.

— Bueno, no sé… -le contesto con cara de escepticismo.

— Este libro es muy duro. Fíjate que lo leí hace muchos años y aún lo recuerdo. Por algo será… [este truco de venta ya me lo sé]

— No lo conozco.

— Es una historia de amor que se va desquebrajando.

— Eso es lo contrario de lo que te he pedido.

Leo la contracubierta. Parece interesante, pero no es lo que me apetece leer ahora. No puedo disimular mi cara de disconformidad. Le cuento, a modo de pista, que el año pasado leí uno de su editorial muy ligero, que me entretuvo mucho [se trata de La insólita pasión del vendedor de lencería, de Asako Uruta], y que deseo algo de esa tónica.

— Voy a buscarte uno. Déjame pensar.

Se mueve como una gacela por las estanterías.

— ¡¡Nooo!! Ese no, por favor —le grito cuando veo que posa la mano sobre uno.

— ¡Ya lo tengo!

Con solemnidad, saca el ejemplar y lo pone encima del mostrador.

— Esta es la historia de amor más bonita que se ha escrito jamás.

— ¿Sí? De este autor leí Estambul hace muchísimo tiempo.

— Este libro es exactamente lo que buscas. Es una historia de amor. Es amor de verdad.

Lo hojeo un poco.

— ¿Pero es amor que todavía sigue o lo que leo que está diciendo el hombre lo dice porque lo han dejado? —cuando formulé esta pregunta yo misma me di cuenta de que me estaba extralimitando como clienta.

— Pues… es que hace mucho que la leí… no lo recuerdo… yo creo que están juntos. Es un hombre enamorado.

— Venga, pues me llevo este.

— Si cuando lo termines no crees que el amor existe, vienes y lo devuelves.

— Jaja –hacía unos minutos me había dicho prácticamente lo opuesto.

Vuelvo hasta el principio de la Feria, y paro de nuevo en la caseta de la Alberti. Me llevo el último de Coetzee. Sigo y me encuentro con un librero de Diógenes, con el que tantos ratos de charla he compartido. Hablamos un poco y me marcho. Mañana volveré.

 

 

 

Un pensamiento en “Feria (I)

  1. Qué bien trenza Pamuk en “Estambul” la visión que tiene de su entorno con el despertar de la conciencia del niño a su sensualidad, a la vez que descubre cómo la ciudad es el marco sucesivo de su vida y la de todos los que viven en ella, trasformándola en algo que aman por igual.
    Me dio pena terminar de leer este libro. Fue como si me hubiera ido de una ciudad en la que he sido feliz y a la que si regreso algún día quizá no vuelva a ver con la misma mirada ilusionada.

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