Visita

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Visita fugaz de D. Conserva un buen recuerdo de Madrid, a raíz de su estancia hace un par de años. Durante los meses que residió aquí, coincidió que estábamos M., su exnovio -por aquel entonces, novio querido- y yo. Pero ahora M. se fue, ya ni piensa en el otro -me dice- y D. vive en A Coruña. De manera que, por más que volvamos a los lugares que apreciamos, jamás volveremos a sentir unas emociones solo posibles si se dan unas coordenadas muy concretas.

Apuntes sueltos

La parte más leída de las tesis, acaso la única leída, es la de los agradecimientos.

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Escucho decir “Azorín distinguía entre dos tipos de influencia: positiva y negativa”. ¿Pero eso no es sentido común?

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He coincidido, otra vez, con JL. Últimamente lo veo en todos los actos a los que voy. Se echa unas cabezadas mientras se cruza de brazos, y se despierta sorprendido cuando el público aplaude. Me da recuerdos para JC-M.

La ciudad inventada

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La autovía AP-36 deja a la derecha la visión fugaz de Seseña, una ciudad cuya historia me perturba cada vez que la veo desde la ventana del coche. Se trata de un lugar construido prácticamente desde cero, por decisión de un símbolo de la época de la burbuja: Paco “El Pocero”. Bautizó al parque con el nombre de su mujer.  Hoy es una ciudad dormitorio, estéticamente fea y artificial, cuyo vertedero de neumáticos ardía en llamas hace dos años.

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El lunes, X me decía que él no presta atención a dobles lecturas de correos electrónicos y que prefiere ir a lo suyo. “Sí, pero hay gente que se aburre y se entretiene intercalando pullas”. Le cuento una anécdota reciente. “De verdad, Sofía ¡qué interpretación! La próxima vez analizaré al detalle el correo que te mande”. Aún con los ecos de la charla, hoy he enviado un correo con una pequeña chanza. Creo que el destinatario no se lo ha tomado a bien. La falta de elementos pragmáticos me frustra. ¡Quiero escribir un correo que nada signifique!

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Abro al azar, como quien consulta a un oráculo, la Antología esencial de la poesía catalana, que tengo ahora encima de la mesilla: “El mundo es sabiduría en el camino / de los eternos amarillos, enamorados del aire”, Ramon Xirau. Pues sí.

Sentimientos de museo

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Interesante cuestionario sobre España en este número de Letras Libres. En cuanto he leído sus respuestas –no me han sorprendido que fueran lúcidas, sintéticas, brillantes, como lo que acostumbra a escribir-, me he apresurado a felicitarle y a darle las gracias por visibilizar los problemas de la universidad. Manuel Arias Maldonado responde, a propósito de la brecha generacional y el sector académico: “Existe una mayor precariedad en la carrera académica y las condiciones impuestas para progresar en ella se han endurecido notablemente, en lo que constituye un llamativo ejemplo de injusticia generacional”. El máster de Cifuentes era una oportunidad idónea para reformar y plantear un debate de fondo. Se ha perdido.

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La semana pasada terminó la exposición de Fernando Pessoa en el Museo Reina Sofía y en el tiempo en que estuvo abierta al público no acudí a visitarla ni una sola vez. Porque no quiero ver a Pessoa encerrado entre los muros de un museo, ni a sus textos colgados en salas concurridas por extranjeros que han leído en una guía turística que el Reina Sofía es una visita ineludible en su itinerario por la capital. Prefiero leer su poesía a solas –las cartas de amor publicadas a Ophélia Queiroz me parecen ridículas, sin embargo-, con la ilusión de que me habla directamente a mí, porque él también fue un iluso solitario y solo. Anoche saboreé este hermoso poema, que bien podría servirme de epitafio o de himno personal.

Tengo tanto sentimiento
que es frecuente persuadirme
de que soy sentimental,
mas reconozco, al medirme,
que todo esto es pensamiento
que yo no sentí al final.

Tenemos, quienes vivimos,
una vida que es vivida
y otra vida que es pensada,
y la única en que existimos
es la que está dividida
entre la cierta y la errada.

Mas a cuál de verdadera
o errada el nombre conviene
nadie lo sabrá explicar;
y vivimos de manera
que la vida que uno tiene
es la que él se ha de pensar.

*Traducción del manchego Ángel Crespo, amigo del alma de José Corredor-Matheos.

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Anoche conocí a una persona, que a los pocos minutos de la conversación me dijo “tienes una sonrisa muy bonita. Y no lo digo por decir”. De acuerdo a los patrones románticos que nos inculcan las producciones americanas, podría haber sido el inicio de una historia bonita. Pero me limité a hacer una mueca para intentar expresar algo, por mera cortesía, aunque mi indiferencia era total. Me acuerdo ahora de la cita –no me sorprendería que apócrifa-, de Antonio Machado: “Los que están siempre de vuelta de todo son los que no han ido nunca a ninguna parte” y, pese a que tiene un sentido despectivo, en el contexto de anoche me resulta lúcidamente apropiada, y positiva. No he ido a ninguna parte porque parece que esa parte no existe.

Estar ahí

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Metro de Barcelona, 28/IV/18

“No te contesté ayer porque se murió mi abuelo, Sofi. Y estuve desconectado”, me escribe D., que vive en A Coruña. La necesidad de la comunicación telemática en determinadas relaciones termina cuestionando la realidad de las mismas, y en momentos como la noticia recibida esta mañana queda patente la falta de lo corpóreo, que de ninguna manera se puede suplir. Muchas de mis amistades viven a kilómetros y la llama se mantiene gracias a encuentros anuales y a la frecuente comunicación, pero esta última, realizada a través de llamadas telefónicas, correos electrónicos o whatsapps resulta insuficiente cuando lo que verdaderamente ayudaría, en ciertos contextos, es la compañía silenciosa o un abrazo callado; estar presente, en definitiva.

Incombustible Garrel

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Vista la nueva película de Philippe Garrel, Amantes de un día. En esta ocasión pone el foco en la relación que se construye entre la amante de un hombre y la hija de él, a partir de la mudanza de esta última al piso del padre. Miguel Mihura haría de esta situación una comedia más o menos divertida –aunque en los tiempos que vivimos lo tildarían de misógino y prohibirían su estreno-, pero Garrel logra tejer una red de sentimientos que, por la personalidad de cada uno, difícilmente logra permanecer firme. En el primer tramo de la cinta hubo escenas que me parecieron algo sobreactuadas. En lugar de conmoción, provocan hilaridad, como el intento de suicidio de la hija a raíz de que su novio rompiera su relación – ¡chica, no es para tanto! – y la frase de la amante: “me enamoró cuando me miró a los ojos y me dijo que la filosofía es inseparable de la vida”. Ya se sabe que la conquista es una ciencia inexacta.  Se trata de una película, en fin, que explora las inextricables emociones nacidas de la confusión entre deseo y amor, y lo hace con tino.

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Anoche a las 21:00 tuvo lugar un momento mágico retransmitido en directo para toda Europa. Ana Moura, más guapa que nunca, cantó, o mejor dicho, sintió “Loucura (Sou do Fado)”. Y a partir de ese instante de verdadera música comenzó el espectáculo eurovisivo, que demostró un año más el triunfo de la imagen sobre cualquier otra cosa pese a llamarse “Festival de la Canción”. Aunque hubo otro momento más: dúo de Salvador Sobral y Caetano Veloso en el cierre, entonando “Amar pelo dois” y demostrándonos que un artefacto de luces y extravagantes maquillajes pueden entretener, pero unas solas notas de piano llegan al alma.

Arendt

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“Las promesas representan el modo exclusivamente humano de ordenar el futuro haciéndolo predecible y digno de confianza, en la medida en que tal cosa es humanamente posible”. Hannah Arendt en “Desobediencia civil” (1972), Ensayos políticos. Madrid: Página Indómita, p. 232. Pero ¿se siguen haciendo promesas?

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Esta tarde he visto a un tipo hablarle a dos cubos de basura -el amarillo y el gris-. No me ha sido posible distinguir su mensaje, pues hablaba en árabe o algo que se le parecía. Su gesticulación invitaba a pensar que le pedía explicaciones al amarillo.