Sentimientos de museo

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Interesante cuestionario sobre España en este número de Letras Libres. En cuanto he leído sus respuestas –no me han sorprendido que fueran lúcidas, sintéticas, brillantes, como lo que acostumbra a escribir-, me he apresurado a felicitarle y a darle las gracias por visibilizar los problemas de la universidad. Manuel Arias Maldonado responde, a propósito de la brecha generacional y el sector académico: “Existe una mayor precariedad en la carrera académica y las condiciones impuestas para progresar en ella se han endurecido notablemente, en lo que constituye un llamativo ejemplo de injusticia generacional”. El máster de Cifuentes era una oportunidad idónea para reformar y plantear un debate de fondo. Se ha perdido.

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La semana pasada terminó la exposición de Fernando Pessoa en el Museo Reina Sofía y en el tiempo en que estuvo abierta al público no acudí a visitarla ni una sola vez. Porque no quiero ver a Pessoa encerrado entre los muros de un museo, ni a sus textos colgados en salas concurridas por extranjeros que han leído en una guía turística que el Reina Sofía es una visita ineludible en su itinerario por la capital. Prefiero leer su poesía a solas –las cartas de amor publicadas a Ophélia Queiroz me parecen ridículas, sin embargo-, con la ilusión de que me habla directamente a mí, porque él también fue un iluso solitario y solo. Anoche saboreé este hermoso poema, que bien podría servirme de epitafio o de himno personal.

Tengo tanto sentimiento
que es frecuente persuadirme
de que soy sentimental,
mas reconozco, al medirme,
que todo esto es pensamiento
que yo no sentí al final.

Tenemos, quienes vivimos,
una vida que es vivida
y otra vida que es pensada,
y la única en que existimos
es la que está dividida
entre la cierta y la errada.

Mas a cuál de verdadera
o errada el nombre conviene
nadie lo sabrá explicar;
y vivimos de manera
que la vida que uno tiene
es la que él se ha de pensar.

*Traducción del manchego Ángel Crespo, amigo del alma de José Corredor-Matheos.

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Anoche conocí a una persona, que a los pocos minutos de la conversación me dijo “tienes una sonrisa muy bonita. Y no lo digo por decir”. De acuerdo a los patrones románticos que nos inculcan las producciones americanas, podría haber sido el inicio de una historia bonita. Pero me limité a hacer una mueca para intentar expresar algo, por mera cortesía, aunque mi indiferencia era total. Me acuerdo ahora de la cita –no me sorprendería que apócrifa-, de Antonio Machado: “Los que están siempre de vuelta de todo son los que no han ido nunca a ninguna parte” y, pese a que tiene un sentido despectivo, en el contexto de anoche me resulta lúcidamente apropiada, y positiva. No he ido a ninguna parte porque parece que esa parte no existe.

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