Sexualidad

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“Éxtasis de Santa Teresa”, Bernini

Esta mañana, con la radio de fondo: “El sexo es lo más divertido que puedes hacer después de reír”, dice uno de los tertulianos. Me ha gustado la naturalidad con la que trataban ese tema, en contraste radical con el modo de abordarlo de hace no muchos años. Ahora hay más información que nunca, comenzando por las campañas de concienciación que se llevan a cabo en los institutos acerca de las enfermedades de transmisión sexual, además de la ventana de conocimiento que supone Internet –una ventana a través de la cual un niño puede acceder con pasmosa facilidad al maremágnum de páginas pornográficas, por contra—. Mi experiencia, y la de “los niños de la LOGSE” -o “las víctimas de la LOGSE”-, discurre por los caminos del tanteo y del rumor. La educación reglada de la infancia la pasé en las aulas de un colegio público, religioso de facto: rezábamos en clase cuando algún compañero afrontaba alguna operación quirúrjica o había perdido a un ser querido, un crucifijo nos observaba al lado del retrato de los Reyes y mi maestro era el encargado, entre otros asuntos, de redactar la hoja parroquial. ¿Pero cabe atribuir a la Iglesia nuestra deficiente educación sexual? Sí y no. Existía un ambiente que consideraba a la sexualidad un tabú. Recuerdo los ecos de la cantante de moda entonces, Britney Spears, que celebraban la virginidad antes del matrimonio y los cambios de cadena cuando una pareja se disponía a meterse debajo de las sábanas. Ha faltado información y, sobre todo, naturalidad.

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