Martes

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Esta tarde he ido a la oficina de Hacienda de María de Molina para la cita anual con la Renta. En el dossier que una simpática funcionaria me ha imprimido, figura un gráfico en el que se indica a qué se destina cada euro recaudado por el conjunto de las Administraciones Públicas. ¡Educación! ¡Sanidad! ¡Orden público y Seguridad! ¡Intereses! -¿Intereses?-. Me he emocionado: cualquier persona que se dedique a los estudios humanísticos sabe que pagar impuestos es lo único de su trabajo que contribuye directamente al porvenir económico del país.

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El momento en que la luz cambia y suena un trueno: el anuncio de la tormenta. Me he asomado a la ventana mientras las gotas comenzaban a caer. Y la gente ha acelerado su paso, corría, se mojaba. Los previsores, con paraguas; la mayoría, sin él. Larkin: “Entre la lluvia y los edificios / encuentro tan solo una antigua tristeza derramándose, / rostros llenos de prisa y de problemas”. Últimamente hablo mucho del tiempo. Este almanaque se va a terminar pareciendo al Calendario Zaragozano.

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El único -a mi juicio- partido político que se estaba consolidando como la alternativa menos mala, organizó el domingo un acto con una serie de charlas motivadoras -de, como se dice ahora, coaching-, con Marta Sánchez y Arévalo como invitados estrella. Las intervenciones estaban inspiradas en la estética de la organización “TED: Ideas worth spreading”, es decir, micrófono de en la mejilla, look arreglado pero informal, manos moviéndose y un discurso bien ensayado que apele, principalmente, a la emoción.  Una de ellas corrió a cargo de un científico que dijo que se podía haber ido a trabajar a países como EE.UU., pero que está en España porque “ama a España”. Y todos, pero ocurre que amar a España no es un argumento suficiente para quedarse aquí a investigar y que el margen es cada vez más ínfimo para escoger un centro receptor. En lugar del discurso autocomplaciente, muchos hubiéramos agradecido propuestas para revertir esta situación. Por otro lado, lamento que impulsar un nacionalismo español se considere la solución principal para combatir al nacionalismo catalán, al fin y al cabo se estaría haciendo frente a algo con lo mismo pero a mayor escala. En lugar de entonar un himno –no comments– podían haber comentado unos pasajes de La España invertebrada de Ortega y Gasset. Quizá fuera más útil, pero menos fotogénico.

Lunes

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El día ha empezado regular pero ha terminado muy bien. Serrat cantó “hoy puede ser un gran día”, pero no especificó a partir de qué hora. Maravilloso acto en el Thyssen. Cuando compartes un día especial con alguien a quien admiras, lo ves feliz y sale fenomenal, la sensación es de júbilo. He coincidido con X, una persona a la que hasta hace unos años tenía en muy alta estima –ahora pienso que quizá demasiada, por suerte con el tiempo me he sacudido la cualidad de impresionable-. Lo suyo ha sido decepcionante y, visto su comportamiento con cierta perspectiva, me sorprende que me sorprenda. Al terminar, me he dado un paseo por la Gran Vía, aunque la tormenta era inminente. Y me ha pillado un buen chaparrón, justo a unos pasos del metro. He corrido, cruzando una larga limusina rosa, en cuyo interior había unas adolescentes que se asomaban gritando por la ventana -para que las vieran, naturalmente-. Pero no me ha importado mojarme. Hoy, la primera tarde del mundo.

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Se aprende a montar en bicicleta cuando tiene lugar un hecho fortuito: se alcanza, después de muchos tanteos y sin ninguna premeditación, el equilibrio en el pedaleo. Ocurre lo mismo cuando te gusta alguien. Intentas separarte de la persona y olvidarla, pero solo la mañana que menos te lo esperas amaneces sin ningún atisbo –por fin- de interés ni amoroso ni hedonista. Esa persona se vuelve real y cotidiana.

Palomas

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La temperatura agradable, pese a la intermitente amenaza de lluvia, permite por fin descansar en los bancos durante un rato. Me he sentado en uno situado enfrente de una fuente, dentro de un parque municipal, de manera que he podido disfrutar del sonido del agua mientras observaba el paisaje humano. A las seis de la tarde, el parque está notablemente concurrido. Parejas con carros de bebé, niños pequeños, solteros paseando a sus perros, etc. Y las palomas, pieza fundamental de este tipo de espacios comunes. Había un par que correteaba con especial vehemencia. El macho, con las plumas del cuello hinchadas y emitiendo un arrullo, perseguía a la hembra. Pero el cortejo no se ha consumado y la paloma ha batido sus alas, para desaparecer entre la espesura de la copa de un árbol.

Visita

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Visita fugaz de D. Conserva un buen recuerdo de Madrid, a raíz de su estancia hace un par de años. Durante los meses que residió aquí, coincidió que estábamos M., su exnovio -por aquel entonces, novio querido- y yo. Pero ahora M. se fue, ya ni piensa en el otro -me dice- y D. vive en A Coruña. De manera que, por más que volvamos a los lugares que apreciamos, jamás volveremos a sentir unas emociones solo posibles si se dan unas coordenadas muy concretas.

Apuntes sueltos

La parte más leída de las tesis, acaso la única leída, es la de los agradecimientos.

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Escucho decir “Azorín distinguía entre dos tipos de influencia: positiva y negativa”. ¿Pero eso no es sentido común?

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He coincidido, otra vez, con JL. Últimamente lo veo en todos los actos a los que voy. Se echa unas cabezadas mientras se cruza de brazos, y se despierta sorprendido cuando el público aplaude. Me da recuerdos para JC-M.

La ciudad inventada

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La autovía AP-36 deja a la derecha la visión fugaz de Seseña, una ciudad cuya historia me perturba cada vez que la veo desde la ventana del coche. Se trata de un lugar construido prácticamente desde cero, por decisión de un símbolo de la época de la burbuja: Paco “El Pocero”. Bautizó al parque con el nombre de su mujer.  Hoy es una ciudad dormitorio, estéticamente fea y artificial, cuyo vertedero de neumáticos ardía en llamas hace dos años.

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El lunes, X me decía que él no presta atención a dobles lecturas de correos electrónicos y que prefiere ir a lo suyo. “Sí, pero hay gente que se aburre y se entretiene intercalando pullas”. Le cuento una anécdota reciente. “De verdad, Sofía ¡qué interpretación! La próxima vez analizaré al detalle el correo que te mande”. Aún con los ecos de la charla, hoy he enviado un correo con una pequeña chanza. Creo que el destinatario no se lo ha tomado a bien. La falta de elementos pragmáticos me frustra. ¡Quiero escribir un correo que nada signifique!

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Abro al azar, como quien consulta a un oráculo, la Antología esencial de la poesía catalana, que tengo ahora encima de la mesilla: “El mundo es sabiduría en el camino / de los eternos amarillos, enamorados del aire”, Ramon Xirau. Pues sí.

Sentimientos de museo

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Interesante cuestionario sobre España en este número de Letras Libres. En cuanto he leído sus respuestas –no me han sorprendido que fueran lúcidas, sintéticas, brillantes, como lo que acostumbra a escribir-, me he apresurado a felicitarle y a darle las gracias por visibilizar los problemas de la universidad. Manuel Arias Maldonado responde, a propósito de la brecha generacional y el sector académico: “Existe una mayor precariedad en la carrera académica y las condiciones impuestas para progresar en ella se han endurecido notablemente, en lo que constituye un llamativo ejemplo de injusticia generacional”. El máster de Cifuentes era una oportunidad idónea para reformar y plantear un debate de fondo. Se ha perdido.

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La semana pasada terminó la exposición de Fernando Pessoa en el Museo Reina Sofía y en el tiempo en que estuvo abierta al público no acudí a visitarla ni una sola vez. Porque no quiero ver a Pessoa encerrado entre los muros de un museo, ni a sus textos colgados en salas concurridas por extranjeros que han leído en una guía turística que el Reina Sofía es una visita ineludible en su itinerario por la capital. Prefiero leer su poesía a solas –las cartas de amor publicadas a Ophélia Queiroz me parecen ridículas, sin embargo-, con la ilusión de que me habla directamente a mí, porque él también fue un iluso solitario y solo. Anoche saboreé este hermoso poema, que bien podría servirme de epitafio o de himno personal.

Tengo tanto sentimiento
que es frecuente persuadirme
de que soy sentimental,
mas reconozco, al medirme,
que todo esto es pensamiento
que yo no sentí al final.

Tenemos, quienes vivimos,
una vida que es vivida
y otra vida que es pensada,
y la única en que existimos
es la que está dividida
entre la cierta y la errada.

Mas a cuál de verdadera
o errada el nombre conviene
nadie lo sabrá explicar;
y vivimos de manera
que la vida que uno tiene
es la que él se ha de pensar.

*Traducción del manchego Ángel Crespo, amigo del alma de José Corredor-Matheos.

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Anoche conocí a una persona, que a los pocos minutos de la conversación me dijo “tienes una sonrisa muy bonita. Y no lo digo por decir”. De acuerdo a los patrones románticos que nos inculcan las producciones americanas, podría haber sido el inicio de una historia bonita. Pero me limité a hacer una mueca para intentar expresar algo, por mera cortesía, aunque mi indiferencia era total. Me acuerdo ahora de la cita –no me sorprendería que apócrifa-, de Antonio Machado: “Los que están siempre de vuelta de todo son los que no han ido nunca a ninguna parte” y, pese a que tiene un sentido despectivo, en el contexto de anoche me resulta lúcidamente apropiada, y positiva. No he ido a ninguna parte porque parece que esa parte no existe.