Desorden civil

He visto, a través de la ventana del escritorio, que en una parte de la calle comenzaba a apiñarse un montón de gente. Me he asomado por otra ventana para ver qué ocurría. En la pared del bloque vecino, una niña pataleaba y agarraba a su madre por sus pelos. Acompañaba sus movimientos de expresiones soeces, entre las que destaca el “hija de puta” a su madre y el “hijo de puta” al policía. Han llegado más agentes y la cantidad de curiosos expectantes ha aumentado. La muchacha, lejos de tranquilizarse, se ha alterado más aún, hasta el punto de zafarse de los brazos de un policía propinándole un empujón violento. Ha salido corriendo hacia una bocacalle, pero pronto la han vuelto a atrapar. Al trasladarse de escenario, me he quedado sin campo de visión suficiente, así que me he puesto la gabardina y he bajado a la calle, fingiendo que daba un paseo. “¿Qué le pasa?” le he preguntado al anciano que contemplaba el suceso desde un banco, y que se ha desplazado también hacia la otra calle. “Pues una cría, que está loca o está borracha”.

La niña profería insultos sin descanso —su volumen era tal que se oía sin estar cerca—, y resultaban acaso más hirientes debido a su precocidad. Cuando me he asomado, he visto cómo le colocaban unas esposas. Terrible imagen la de un niño detenido. La chica se ha sentado en el suelo y un policía ha ordenado despejar la zona. He seguido caminando calle abajo, pero no me he demorado mucho en el paseo y enseguida he dado la vuelta. Pensaba que la historia había terminado, sin embargo una ambulancia ha aparcado y he tenido que apresurarme para conocer el desenlace. “¡¡No!! ¡¡Ambulancia no!!” gritaba la niña. Los médicos del Samur han hablado con la madre y la muchacha ha comenzado a llorar. Otro policía nos ha instado a dispersarnos, así que hemos tenido que abandonar el espectáculo sin saber cuál ha sido su final. Me acabo de asomar por la ventana y están los agentes y los profesionales del Samur discutiendo. Supongo que debe de ser difícil coordinar fuerzas del orden para un caso como ese, propio de aquel programa llamado Super Nanny.

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