23 abril

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Cada 23 de abril se respiraba en Alcalá un ambiente especial. No había clase, y yo aprovechaba para darme un paseo por la Feria del Libro de allí —estoy escribiendo en pasado pero imagino que estos verbos se pueden seguir conjugando en presente—. La Facultad solía organizar muchas actividades para los estudiantes, entre las que destacaba el encuentro con el escritor galardonado con el Premio Cervantes. Le podíamos hacer preguntas, previamente escritas en un papelito, que metían en una urna y el moderador iba seleccionando. En 2015, me animé a hacerle una cuestión a Juan Goytisolo. Me puse colorada cuando la leyeron en voz alta, por escuchar “Sofía” en la sala y porque mis compañeros me sonreían cómplices. Escribí: “¿Considera que la literatura debe ser comprometida?”. Aquel año ya empecé a plantearme, si no la validez, sí la verosimilitud de ciertos discursos al servicio de ideologías; también, la capacidad de influencia en la realidad de una obra de arte, aunque me temo que esto último nunca me lo creí —quizá quepa recordar que en 2015 se venía arrastrando una pulsión por las novelas sobre la Guerra Civil sin precedentes—. Y aquel año escuché a menudo aquel concepto de compromiso: los que lo citaban daban —dan— por hecho que implicaba una militancia política de izquierdas. Uno, es obvio, puede estar comprometido con cualquier causa, ya se corresponda con unas siglas u otras.

Goytisolo respondió, y lo hizo con una reflexión que se instaló para siempre en mi memoria, por su lucidez y porque, para mí, abrió la puerta de la libertad, creadora y lectora.  [parafraseo] “No creo en el compromiso como valor para calificar a una obra. Uno puede tener una intención muy buena, pero no tener la capacidad de plasmarlo en un texto más o menos bien. Y otro puede ser un misógino, como lo era Quevedo, y escribir sonetos de amor bellísimos, como hizo él”.

Juan Goytisolo no es de mis escritores favoritos, y tampoco suelo frecuentar sus obras; sin embargo, aquella intervención, como decía, me pareció espléndida.

Un pensamiento en “23 abril

  1. En mi opinión, cuando la literatura se compromete con una causa ideológica pierde su vocación colectiva de expresión artística y cultural, para devenir en una suerte de propaganda que en no pocas ocasiones resulta panfletaria y proselitista.

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