Naturaleza muerta

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Digitalización del Museo del Prado. Atención al gato que hay debajo del ala…

“¡¡Espera!! ¡No lo muerdas! Primero hay que hacer la foto”, le grita una chica a otra al salir de una heladería para impedir el mordisco. ¿Se han comprado el polo porque les apetecía o porque querían subir a su Instagram una foto para atestiguar que han visitado el sitio? Me he pedido uno de frambuesa y limón. La imagen de mí misma chupando un polo por la calle me ha resultado algo ridícula e incluso ambivalente, pero pronto se me ha pasado cuando en una de esas calles viejas de Malasaña he visto a un grupo de chicas, vestidas con telas de leopardo y botas de plástico. Unas enseñaban a otras el movimiento del “twerking”, con las modalidades a) en medio de la rúa y b) frotándose contra la pared. Las profesoras lo hacían con verdadera destreza.

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El Museo del Prado siempre suele estar concurrido por turistas, especialmente los fines de semana. He acudido después de comer para visitar Rubens, pintor de bocetos. Me han gustado las capas finas de pintura, que llaman a esforzar la vista y a detenerse para lograr adivinar los contornos. También, la idea que late en esta exposición, pues es una defensa del boceto, del borrador, de las repeticiones, de la técnica; en definitiva, de los ejercicios de artistas que prefieren detenerse en temas concretos con resultados solventes. Y la obra que más me ha intrigado ha sido “Filopómenes descubierto”, de Pedro Pablo Rubens y Frans Snyders, una naturaleza muerta —literalmente—. Este cuadro nos enseña que las apariencias, muchas veces, engañan, y que el hábito no hace al fraile. Rubens y Snyders se inspiraron en un fragmento de Vidas paralelas, del latino Plutarco, dedicado a Filopómenes, “el último griego”. Según Plutarco, al hombre le prepararon un banquete de homenaje, y cuando llegó a la casa de los anfitriones, una criada le confundió con un criado debido a su apariencia humilde —si tan humilde era la apariencia, una túnica de un color rojo tan vivo como el que se ve en el cuadro no sé hasta qué punto casa con la historia y esa confusión—.  En cualquier caso, contemplar esa oca muerta, tendida sobre un montón de animales muertos y vegetales rancios, causa cierta turbación.

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