Medio cálido

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Foto desde una ventana.  16/IV,  21:05.

Hoy hemos estado MGA y yo en el Café Gijón. Cuando pasa al local, todo el mundo se le queda mirando con admiración. Además, se pone su trenka sobre los hombros y parece que va levitando. La última vez que fuimos allí, me senté enfrente del retrato de Francisco Umbral, y evité en todo momento mirar al difunto periodista, pues me hacía sentir observada mientras comía el menú. Ya queda menos de un mes para que salga a la venta su novela, que va a ser —es— genial, como todo lo que escribe.

Por la tarde, he estado en la BNE. Un rato en la Sala Barbieri. Esperaba a que la empleada me trajera un libro cuando el hombre del único pupitre ocupado ha comenzado a hacerme señas con la cara y las manos. Un empleado le ha mirado y él me ha mirado a mí. Yo no entendía nada. Se ha dirigido a él y el hombre ha dicho “que ya está lo que ha pedido”. En efecto, la empleada venía con el libro en la mano… No sé para qué se ha molestado en indicármelo, porque te traen los préstamos a la mesa. Cuando lo estaba consultando, una mujer ha pasado por delante de mi pupitre. He levantado la cabeza y la he visto de espaldas: pelo gris, cortísimo, toda de negro y un guante también negro —solo un guante, en la mano izquierda—. Me ha intrigado, así que he estado pendiente de su vuelta. Al regresar, he visto su cara. Parece que sufrió un incendio o un accidente, pues su rostro está inundado de quemaduras; presumiblemente, también lo está la mano izquierda.

Después, he bajado hasta la Sala Cervantes para otra consulta. Había un chico monísimo en el mostrador, que me ha atendido con mucha diligencia. A mi lado, un hombre transcribía un texto paleográfico con una velocidad asombrosa; enfrente, otro hombre, con unas uñas como nunca he visto, semigrises y totalmente planas, leía un libro antiguo. Y al salir, me he dado un paseo y he vuelto a casa, donde he encontrado un No, pero al contárselo a X y a mis padres he sentido que, al fin y al cabo, agradezco cada día contar con el Sí de los que más importan: los seres queridos; las personas de confianza.

Hablaba con MGA de la importancia del interlocutor. Es uno de los motores de este almanaque, desde luego. Me resulta muy divertido cuando algunos me comentáis vuestras impresiones sobre las entradas por correo. En la Red, da la sensación de que estos textos breves son mensajes que uno escribe para sí mismo, sin esperar respuesta de nadie, dada la inmensidad del mundo virtual. Como ya explicó McLuhan, se trata de un medio frío sin ningún contacto físico; sin embargo, está siendo una experiencia grata, y genera mucha ilusión recibir una retroalimentación. El medio se vuelve cálido y sientes que no estás solo.

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