Un sábado corriente

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Mientras esperaba mi turno en el centro de belleza, he hojeado una revista llamada Cuore. El ¡Hola! lo estaba leyendo otra mujer. Me ha parecido una publicación cruel y despiadada: en las fotos, indican la edad de los “famosos”, no sé para qué, y si sale con alguna arruga o desperfecto físico de acuerdo al canon de belleza occidental, le ponen la onomatopeya “arrgh!!!”. ¿Y qué placer puede encontrar el lector? La respuesta es obvia, y no deja de ser una vertiente más de ese género, tan español, del cuchicheo.

Hoy Fabi nos ha estado contando las últimas novedades de la situación en Venezuela. Terrible panorama. Dice que el año que viene hay elecciones y que confía en que no vuelva a ganar Maduro. Equipara la eficacia del dictador con respecto a la crisis de su país a la de “un dedo para tapar el sol”. Imagino que se refiere al meñique.

Cuando he llegado, después de toda la mañana fuera, he colocado una parte de la estantería donde tenía amontonados unos papeles —mañana recibo a unos invitados especiales—. He tirado la mayoría. En ese desorden ha aparecido una carta, que me envió X hace unos meses, muy bonita y que en su momento me ilusionó. Cómo se transforma el significado de los objetos en función de lo que sintamos hacia la persona que nos los regaló. Me he quedado unos segundos con el sobre en la mano, sin saber muy bien qué hacer con él. Francamente, sigo sin saberlo. Esa historia fue un invierno disfrazado de primavera.

Hoy no estaba el chico que me dibuja con la leche un corazón en el café. En su lugar, otro ha puesto una figura que no logro descifrar. ¿Tendrá algún significado oculto? ¿Se trata de una intercambio de mensajes en ciernes? ¿O simplemente se debe a una desgana en el latte art –“afición” de algunas cafeterías que, a todo esto, no me interesa, salvo en el caso del coqueto corazón, naturalmente–?

3 pensamientos en “Un sábado corriente

  1. Me pasa algo parecido con determinadas cartas: no sé que hacer con ellas. Si las que releo son de amor, la nostalgia puede ser enorme, y me quedo pesaroso hasta que el paso de las horas desbarata los recuerdos. Con las de amistad, lo peor es pensar que algunos amigos con los que me escribía son ya como barcos que se cruzaron en mi travesía y que quizá no vuelva a ver nunca más.

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    • Qué bien que conserves tantas cartas. Apenas se envían ya. A mí me encantan. Los casos que refieres son mensajes en una botella que en un determinado momento un amigo, tan náufrago como uno mismo, lanzó, y que el tiempo ha empujado para que los leamos en la lejanía –emocional, física y temporal–. Pero siempre es demasiado tarde. Un abrazo y buenas noches.

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  2. a mi las redes, me han hecho conocer gente maravillosa, y en algún caso, hemos empezado a mantener correspondencia postal, llamarme decimononico, pero me parece muy interesante. en una carta, no se reflejan las cosas como en un mail o un post.
    Y de acuerdo, con las figuritas del café, también soy muy fan

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