Semáforos

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Las normas de circulación enseñan —y obligan— a no cruzar los pasos de peatones cuando el semáforo está en rojo. Es frecuente encontrarse con caras de estupor en los niños que, al ver que hay quienes incumplen esa precaución —no solo por el buen tránsito de los coches y viandantes, sino por evitar accidentes y salvar vidas—. Algunos padres se esfuerzan en darles breves explicaciones, muchas veces balbuceantes. “¿Y qué pasa si cruzas en rojo?” —escuché un día preguntar a una niña, quizá esperando que existiera un castigo propio del Antiguo Testamento—. “Que te sale una herida y te empieza a salir sangre” —contestó su madre. Conforme el niño se hace adulto se da cuenta de que las normas se incumplen y de que algunos no solo no respetan los semáforos sino que son capaces de cruzar una carretera con tráfico. Pero ¿llegan antes a su destino? Y, si lo hacen ¿es más importante llegar antes o llegar?

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