Libros usados

img_20180427_202434.jpg

Visita a El Desván del Libro, librería de segunda mano situada en la calle Fernán González. He visto esta edición de esa delicia que escribió Félix de Azúa (ay) llamada Historia de un idiota contada por él mismo. Me he animado a comprarla, pues viene con un prólogo y el ejemplar que leí pertenecía a la biblioteca. En cualquier caso, volver a su prosa siempre es un placer. La librería informa en su bolsa: “Libro ya leído y de ocasión”. ¿Cómo comprueban que se ha leído?

Hay una franquicia, Tik Books, dedicada a la venta de libros de segunda mano que está abriendo locales como setas en la capital. A su mercancía la definen como “libros usados”. ¿Un libro usado? La asociación más obvia es la del volumen que se coloca para tranquilizar la pata de una mesa desequilibrada. Consulto el DLE: la segunda acepción es “dicho de una persona: disfrutar algo”.  Sería demasiado cursi vincularlo a eso. Tal vez se trate de membretes que procuran evitar el conocido y pobretón segunda mano.

Estaré fuera unos días. Nos vemos la semana que viene.

23 abril

IMG_20180423_211915

Cada 23 de abril se respiraba en Alcalá un ambiente especial. No había clase, y yo aprovechaba para darme un paseo por la Feria del Libro de allí —estoy escribiendo en pasado pero imagino que estos verbos se pueden seguir conjugando en presente—. La Facultad solía organizar muchas actividades para los estudiantes, entre las que destacaba el encuentro con el escritor galardonado con el Premio Cervantes. Le podíamos hacer preguntas, previamente escritas en un papelito, que metían en una urna y el moderador iba seleccionando. En 2015, me animé a hacerle una cuestión a Juan Goytisolo. Me puse colorada cuando la leyeron en voz alta, por escuchar “Sofía” en la sala y porque mis compañeros me sonreían cómplices. Escribí: “¿Considera que la literatura debe ser comprometida?”. Aquel año ya empecé a plantearme, si no la validez, sí la verosimilitud de ciertos discursos al servicio de ideologías; también, la capacidad de influencia en la realidad de una obra de arte, aunque me temo que esto último nunca me lo creí —quizá quepa recordar que en 2015 se venía arrastrando una pulsión por las novelas sobre la Guerra Civil sin precedentes—. Y aquel año escuché a menudo aquel concepto de compromiso: los que lo citaban daban —dan— por hecho que implicaba una militancia política de izquierdas. Uno, es obvio, puede estar comprometido con cualquier causa, ya se corresponda con unas siglas u otras.

Goytisolo respondió, y lo hizo con una reflexión que se instaló para siempre en mi memoria, por su lucidez y porque, para mí, abrió la puerta de la libertad, creadora y lectora.  [parafraseo] “No creo en el compromiso como valor para calificar a una obra. Uno puede tener una intención muy buena, pero no tener la capacidad de plasmarlo en un texto más o menos bien. Y otro puede ser un misógino, como lo era Quevedo, y escribir sonetos de amor bellísimos, como hizo él”.

Juan Goytisolo no es de mis escritores favoritos, y tampoco suelo frecuentar sus obras; sin embargo, aquella intervención, como decía, me pareció espléndida.

Naturaleza muerta

ee098301-3cf8-4028-9c56-f7b7e321a9b6_832
Digitalización del Museo del Prado. Atención al gato que hay debajo del ala…

“¡¡Espera!! ¡No lo muerdas! Primero hay que hacer la foto”, le grita una chica a otra al salir de una heladería para impedir el mordisco. ¿Se han comprado el polo porque les apetecía o porque querían subir a su Instagram una foto para atestiguar que han visitado el sitio? Me he pedido uno de frambuesa y limón. La imagen de mí misma chupando un polo por la calle me ha resultado algo ridícula e incluso ambivalente, pero pronto se me ha pasado cuando en una de esas calles viejas de Malasaña he visto a un grupo de chicas, vestidas con telas de leopardo y botas de plástico. Unas enseñaban a otras el movimiento del “twerking”, con las modalidades a) en medio de la rúa y b) frotándose contra la pared. Las profesoras lo hacían con verdadera destreza.

__

El Museo del Prado siempre suele estar concurrido por turistas, especialmente los fines de semana. He acudido después de comer para visitar Rubens, pintor de bocetos. Me han gustado las capas finas de pintura, que llaman a esforzar la vista y a detenerse para lograr adivinar los contornos. También, la idea que late en esta exposición, pues es una defensa del boceto, del borrador, de las repeticiones, de la técnica; en definitiva, de los ejercicios de artistas que prefieren detenerse en temas concretos con resultados solventes. Y la obra que más me ha intrigado ha sido “Filopómenes descubierto”, de Pedro Pablo Rubens y Frans Snyders, una naturaleza muerta —literalmente—. Este cuadro nos enseña que las apariencias, muchas veces, engañan, y que el hábito no hace al fraile. Rubens y Snyders se inspiraron en un fragmento de Vidas paralelas, del latino Plutarco, dedicado a Filopómenes, “el último griego”. Según Plutarco, al hombre le prepararon un banquete de homenaje, y cuando llegó a la casa de los anfitriones, una criada le confundió con un criado debido a su apariencia humilde —si tan humilde era la apariencia, una túnica de un color rojo tan vivo como el que se ve en el cuadro no sé hasta qué punto casa con la historia y esa confusión—.  En cualquier caso, contemplar esa oca muerta, tendida sobre un montón de animales muertos y vegetales rancios, causa cierta turbación.

Corazones de piedra

0811764.jpg-c_215_290_x-f_jpg-q_x-xxyxx

Angustiosa película, algo larga, pero interesante en tanto que muestra la tensión entre dos adolescentes en una aldea rural producida por el despertar sexual de ambos. Uno de ellos es homosexual y el entorno le crea un sentimiento de culpa, acuciado en su propia familia, totalmente desestructurada, en la que el padre llegó a propinar una paliza a un vecino por recaer sobre él sospechas acerca de su sexualidad. Lo que más me ha gustado ha sido la importancia que el director islandés otorga a los pequeños detalles: el beso en la mejilla del niño heterosexual, que no corresponde a los sentimientos del otro, provoca una sonrisa sincera, un alivio inmediato para la depresión que sufre y que le provoca un intento de suicidio. La madre decide mudarse a la capital de Islandia para poder comenzar una nueva vida; quizá allí el muchacho pueda desarrollarse en plenitud. ¿Qué otra opción había?

 

Coronel John

12137206_2_l

El lunes recibí un mensaje muy extraño, cuyo remitente se hacía llamar Hannibal Smith —personaje del equipo A—. No ponía nada negativo, al contrario, pero la aparente cercanía y el hecho de que indicara que le habían rebotado un correo para mí, cuando no había ninguno en el e-mail, me hizo desconfiar. Se lo enseñé a M., que me puso en alerta; y a C.C., que en un alarde detectivesco sugirió cómo averiguar la identidad —creo que le inspiró haberle comentado que me he comprado una gabardina, así que nos metimos en el papel de inspectores—. Ayer me volvió a escribir el coronel John para quitarse su máscara: se trata de un librero de Pamplona, E., un tipo muy agradable. Ahora me río mientras escribo esto, pero el correo me causó cierta inquietud aquel lunes. En fin, me encanta que los planes salgan bien. (Y cuánto tiempo podemos llegar a emplear en preocuparnos por elucubraciones, por cierto).

Esta mañana, docencia, con el consiguiente desplazamiento a la Alcarria. Retraso en el tren de cercanías. Mientras llega, espero sentada en un banco; detrás de mí, un hombre encapuchado y en deportivas movía la pierna, nervioso. Se ha sentado a su lado un chico, de cuyo jersey colgaba una tarjeta identificativa. No he podido distinguir a qué organización pertenece. Le ha preguntado al hombre “¿qué tal se encuentra?”, como si lo conociera de toda la vida, y le ha respondido con igual familiaridad. Se ha interesado por su trabajo y por su familia; el hombre le ha confesado que la situación está muy difícil para él, y el chico le ha animado a asistir a uno de sus encuentros. La vulnerabilidad como río donde lanzar el anzuelo. Cuando el joven apuntaba los datos de contacto, se ha sentado una mujer a mi derecha. Le escribía a un tal Luis “Cari, este finde me quedo en Madrid”. “No te preocupes, amor”. Casi simultáneamente ha recibido otro de Alfonso: “Tengo unas ganas enormes de empotrarte contra la lavadora”. ¡Contra la lavadora! Qué gracia. Ella: “Ya le he dicho a mi marido que este finde me quedo”. Otros que quieren que sus planes salgan bien. Lo siento mucho por Luis.

 

 

Espiritualidad

Me cuenta JC-M que ayuda mucho a la espiritualidad imaginar tu cadáver o contemplar uno parecido. Y le digo —y os cuento— que me ocurrió algo parecido hace algunos años, cuando fui al cementerio donde está enterrada una bisabuela, que yo naturalmente no conocí, y que se llamaba Sofía. Ver mi nombre en una lápida me causó una honda impresión. Y a continuación me recita un poema suyo inédito que no puedo reproducir aquí.

C.: “¡Llevas mucho tiempo sin actualizar el almanaque!”. Dos días, únicamente. Hay ocasiones en las que a uno le sale escribir solo en la intimidad del papel, como si el cuaderno ejerciera de confesionario, y nada más.