Cambios

El domingo vi María Magdalena. Ahora resulta que no era prostituta. Informan los créditos del film de que el papa Gregorio el Grande en el año 591 la definió como tal, y a partir de entonces el error se fue extendiendo hasta convertirse en un lugar común. Qué difícil es sacudirse los clichés.

De la misma manera que resulta reparadora la compañía de nuestras personas de confianza en momentos críticos, compartir con ellos alegrías, por banales que puedan parecer, amplía la ratio de júbilo.

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“Ya hemos terminado. Mañana no vendremos ya”, me anuncia uno de los obreros. Ha sido la primera vez que se ha dirigido a mí, aunque estaba instalada cierta sensación de familiaridad entre nosotros –nos veíamos cada mañana–. Una despedida más.

Arriba

Tarde en la Hemeroteca. Me he demorado más de lo debido entre las páginas de Arriba, diario español publicado entre 1935-1936. Artículos de Eugenio D’Ors –y entradas de su Glosario–, de González-Ruano, de Cela, etc. en un semanario heterogéneo y polémico que, pese a todo lo que se podría mencionar, tuvo el mérito de reunir a una serie notable de plumas para dar empaque a sus colaboraciones.

Al salir, grabación de un anuncio de cerveza. Un tipo vestido de soldado (?) correteaba con una bandera amarilla. ¿Cuál será la relación con esa bebida? Habrá que esperar a ver el spot.

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Estos días leo las memorias de Enrique Gómez Carrillo. Personalidad apasionante, escritor incombustible y personaje de la vida.

Riña en una taberna

Duelo a garrotazos

Duelo a garrotazos, Goya

Las páginas de El Liberal, periódico de calado en España desde el 1879 hasta 1939 –tuvo su apogeo en la segunda década del XX–, muestran noticias y anuncios sorprendentes para el lector contemporáneo. Hoy me he reído mucho con una noticia titulada “Riña en una taberna”, que transcribo a continuación para que la disfrutéis. Se desconoce el autor, de manera que habría que atribuirla a algún redactor de plantilla. Sin duda, alguien con un exquisito sentido del humor.

“En un establecimiento de bebidas, al que no llamaremos tabernáculo por no molestar al dueño, ni porque pueda confundirse con el lugar donde los hebreos guardaban el Arca del Viejo Testamento, se reunieron anoche, después de cenar, varios amigos, entre los que se hallaban Antonio Losa Candado, Lázaro Prieto y los hermanos Pedro y Daniel Gómez.

Tras una empeñada partida de mus, que suscitó algunas discrepancias entre los jugadores, quedando malparadas las amistades, hubo palabras malsonantes y epítetos desagradables. Cualquiera sin ser aspirante a académico de la Lengua hubiese deseado mayor moderación en el lenguaje: pero la discusión es libre, y la taberna no ha sido nunca el lugar más adecuado para distinguir un adjetivo de una interjección.

Los hermanos Gómez, más vivos de carácter, no lograban convencer a sus contrarios de lo que querían sostener. Antonio Losa, hombre más aplomado, parecía que le habían echado su apellido a la boca apenas desplegaba sus labios.

En el fragor de la disputa, díjole a Prieto uno de los hermanos, recordando acaso las palabras del Divino Maestro:

— Lázaro, levántate y anda… a ver si otra vez jugáis mejor y podéis ganarnos.

Lázaro, entonces, en efecto se levantó, y respondieron Pedro y Daniel lanzando unas botellas contra Antonio y Lázaro.

¡Ríanse ustedes de los zeppelines que salen de Heligoland, camino de las cosas inglesas!

Testigo presencial de la riña hubo anoche en la taberna de la calle de San Cosme, número 12, donde ocurrió el suceso, que hubiese deseado mejor estar en aquel momento en el mar del Norte bajo la acción de los aviones del kaiser.

Las botellas hicieron blanco en las cabezas de José Candado y Lázaro Prieto, que sufrieron varias heridas de pronóstico reservado, teniendo que sufrir pacientemente los auxilios facultativos de los médicos de guardia de la Casa de Socorro del distrito del Hospital, que calificaron de pronóstico reservado el estado de los heridos.

Daniel y Pedro pasaron a la Comisaría y más tarde al Juzgado de Guardia”.

El mar y no pensar en nada

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¿El progreso?

Me dijo P. que debíamos pensar en la palabra contingencia. Definición del DLE: “Posibilidad de que algo suceda o no suceda”. Para algunas situaciones, ni siquiera existe la posibilidad.

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Ahora solo me apetece leer este poema de Manuel Machado. Me vence el cansancio.  Mi profesora de yoga: “tenéis que pensar en el momento presente. Disfrutad de hoy; si pensáis en el mañana, cuando llegue se esfumará el deseo y será como si nada”. Pensar, pensar, pensar… Hay días en los que ni siquiera posee uno fuerzas para… pensar.

Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde… El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.

Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.

Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,

para mi amarga vida fatigada…
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar y no pensar en nada!…

Lo normal

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Hoy he madrugado para visitar el Parque Quinta de Los Molinos, donde se concentra una notable cantidad de almendros y cerezos. Sus flores adornan estos días las inmediaciones del histórico jardín. Pese a que era temprano, o quizá por eso, había un nutrido número de personas que paseaba a sus perros, que correteaban y recogían dóciles las pelotas. Algunas veces, me resultaba imposible captar el nombre de los canes. Qué difícil es ponerle nombre a un perro, y qué ganas de marear al pobre animal.

En una de las parcelas de almendros, se encontraba apartado un cerezo. La tropa de flores rosas predominaba, frente al ramillete blanco del árbol solo. Esto invita a pensar acerca del adjetivo normal. En ese contexto, la flor del cerezo era lo diferente, frente a la hegemonía del almendro. Pero en otro tramo de uno de los caminos, la mayoría correspondía al cerezo. Extrapólese este ejercicio a contextos de multiculturalidad, minorías, costumbres, etc.

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Anoche B., M. y yo estuvimos cenando en un sitio en el que, por lo que vimos, si es tu aniversario, los camareros te cantan una canción. Se titula “El baile de la medusa” y consiste en encomiar al cumpleañero a que se mueva imitando los movimientos del gelatinoso ser. Los cumpleaños están sobrevalorados.

El pan de cada día

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Esta mañana, en la cola de la panadería, se le ha caído un guante a un anciano que sujetaba una pancarta y, después de recogérselo, hemos empezado a charlar. Venía de la manifestación y estaba triste. Desde los 13 hasta los 53 años desempeñó su puesto como fundidor, un trabajo terrible que desgasta enormemente la condición física y en el que el operario está expuesto a unos riesgos considerables. “Llevo 25 años jubilado y mi pensión no llega a los mil euros”. “¿Vive solo?”. “No, vivo con mi mujer y con eso tiramos los dos. El año pasado nos llegó una carta, nos quedaban 10.000 euros para comprar el piso y resulta que nos dijeron que teníamos que pagar más; si no, el piso iba para alquiler. Me ingresaron un mes en el hospital por el coraje que me dio”.  Nos quedamos callados; el hombre mira a la calle y se le escapa una lágrima. “¿Adónde ha ido el dinero que hemos estado pagando a la Seguridad Social?”, pregunta. ¿Adónde va un Estado que trata así a los pensionistas?

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Varias veces ya —la última, ayer— me he visto en la siguiente situación: charla con dos hombres en la que uno de ellos solo se dirige al otro, y cuando me mira a mí es para explicarme lo que acaba de decir, como si yo no lo hubiera comprendido. Llámalo ser machista, ser un necio —por no decir otra palabra más soez, aunque más adecuada— o las dos respuestas anteriores.

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Los carritos de la compra son radiografías del estado civil de los clientes. Y más un sábado por la tarde. El que me ha precedido en la línea de caja se ha llevado cinco paquetes de jamón york, cinco de queso gouda y tres botellas de Nestea. Quizá tiene muchos hijos o celebra el cumpleaños de uno de ellos, por mencionar dos de las tantas posibilidades. La cesta de la persona que iba detrás de mí se componía de una bandeja de fresas, una botella de vino blanco, nata montada en spray y un paquete de condones. Qué bien se lo va a pasar.

La conciencia del recuerdo

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Julio Caro Baroja escribió en sus memorias que hay que cultivar la conciencia del recuerdo. Francisco Fuster logra en Aire de familia, su último libro, capturar todos aquellos recuerdos del clan de los Baroja para construir un mosaico de testimonios, contados en primera persona por sus integrantes. El conjunto muestra una actitud ante la vida: se trata de la forma de ser barojiana, compuesta por la terna individualismo, liberalismo y afán de independiencia. La buena prosa de Paco, el primer capítulo dedicado a la casa, que a este le sigan los dedicados a miembros concretos y la capacidad de seleccionar y ordenar las fuentes de manera coherente y amena son los cuatro elementos que permiten afirmar que este libro es también el documental escrito de los Baroja: el encanto sin des de una familia y de un mito.