Cambios

El domingo vi María Magdalena. Ahora resulta que no era prostituta. Informan los créditos del film de que el papa Gregorio el Grande en el año 591 la definió como tal, y a partir de entonces el error se fue extendiendo hasta convertirse en un lugar común. Qué difícil es sacudirse los clichés.

De la misma manera que resulta reparadora la compañía de nuestras personas de confianza en momentos críticos, compartir con ellos alegrías, por banales que puedan parecer, amplía la ratio de júbilo.

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“Ya hemos terminado. Mañana no vendremos ya”, me anuncia uno de los obreros. Ha sido la primera vez que se ha dirigido a mí, aunque estaba instalada cierta sensación de familiaridad entre nosotros –nos veíamos cada mañana–. Una despedida más.

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