Riña en una taberna

Duelo a garrotazos

Duelo a garrotazos, Goya

Las páginas de El Liberal, periódico de calado en España desde el 1879 hasta 1939 –tuvo su apogeo en la segunda década del XX–, muestran noticias y anuncios sorprendentes para el lector contemporáneo. Hoy me he reído mucho con una noticia titulada “Riña en una taberna”, que transcribo a continuación para que la disfrutéis. Se desconoce el autor, de manera que habría que atribuirla a algún redactor de plantilla. Sin duda, alguien con un exquisito sentido del humor.

“En un establecimiento de bebidas, al que no llamaremos tabernáculo por no molestar al dueño, ni porque pueda confundirse con el lugar donde los hebreos guardaban el Arca del Viejo Testamento, se reunieron anoche, después de cenar, varios amigos, entre los que se hallaban Antonio Losa Candado, Lázaro Prieto y los hermanos Pedro y Daniel Gómez.

Tras una empeñada partida de mus, que suscitó algunas discrepancias entre los jugadores, quedando malparadas las amistades, hubo palabras malsonantes y epítetos desagradables. Cualquiera sin ser aspirante a académico de la Lengua hubiese deseado mayor moderación en el lenguaje: pero la discusión es libre, y la taberna no ha sido nunca el lugar más adecuado para distinguir un adjetivo de una interjección.

Los hermanos Gómez, más vivos de carácter, no lograban convencer a sus contrarios de lo que querían sostener. Antonio Losa, hombre más aplomado, parecía que le habían echado su apellido a la boca apenas desplegaba sus labios.

En el fragor de la disputa, díjole a Prieto uno de los hermanos, recordando acaso las palabras del Divino Maestro:

— Lázaro, levántate y anda… a ver si otra vez jugáis mejor y podéis ganarnos.

Lázaro, entonces, en efecto se levantó, y respondieron Pedro y Daniel lanzando unas botellas contra Antonio y Lázaro.

¡Ríanse ustedes de los zeppelines que salen de Heligoland, camino de las cosas inglesas!

Testigo presencial de la riña hubo anoche en la taberna de la calle de San Cosme, número 12, donde ocurrió el suceso, que hubiese deseado mejor estar en aquel momento en el mar del Norte bajo la acción de los aviones del kaiser.

Las botellas hicieron blanco en las cabezas de José Candado y Lázaro Prieto, que sufrieron varias heridas de pronóstico reservado, teniendo que sufrir pacientemente los auxilios facultativos de los médicos de guardia de la Casa de Socorro del distrito del Hospital, que calificaron de pronóstico reservado el estado de los heridos.

Daniel y Pedro pasaron a la Comisaría y más tarde al Juzgado de Guardia”.

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