Tarde de marzo

JC-M ha estado en Cádiz, donde se ha celebrado un homenaje a un acto que algunos exiliados y la Asociación Cultural Franco-Española dedicaron a Rafael Alberti en 1966. En su vuelta a Barcelona, ha pasado por Madrid, de manera que hemos aprovechado para compartir la tarde. Me recomienda leer a Carlos Sahagún. Le pregunto si alguna vez ha sentido desarraigo. “Yo me siento manchego. En grandes ciudades, como Madrid y Barcelona, un gallego sigue siendo gallego. Puedes vivir con naturalidad tu procedencia”. Es curioso que, al contrario que en la de su querido amigo Ángel Crespo, no hay en su poesía referencias a espacios concretos ni se percibe una influencia del entorno castellano. Es cierto que escribió un conjunto de poemas inspirado en el Monasterio de Montserrat cuando lo visitó por primera vez, pero lo interesante de ese corpus es que comparte la espiritualidad que experimentó allí; late, entre sus versos, un modo de sentir dentro de unas coordenadas muy concretas. Son muchas y muy interesantes las anécdotas con las que alcanzamos la cena. El relato de su vida es la sucesión de los nombres que ya figuran en los manuales de literatura. Pero lo más importante reside en que, con 89 años, transmite una energía y una armonía verdaderamente admirables. JC-M, corredor de fondo.

Un pensamiento en “Tarde de marzo

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