Un cuaderno rojo

Para Alejandra

Esta mañana me he encontrado con un cuaderno rojo encima del escritorio. Y la mesa de enfrente vacía, sin la taza de A., sin su botella y sin sus libros. Me ha regalado la libreta, pero no solo: estos meses su compañía ha sido un apoyo constante, hemos estado presentes en momentos importantes para cada una de nosotras, hemos compartido inquietudes, preocupaciones, ilusiones, en fin, días. A. era –y es, solo se marcha por motivos que no vienen al caso– una persona en quien confiar. Desde hoy me siento un poco más sola.

2 pensamientos en “Un cuaderno rojo

  1. Te comprendo, pero piensa en lo pobre que sería la vida sin estas compañías, aun breves, que nos depara su transcurso. Pienso que debemos estar agradecidos y desear que su recuerdo no deje nunca de acompañarnos en la memoria.

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