Paradas

Una mujer de pelo lila ha preguntado asustada si habíamos pasado ya la parada de Nuevos Ministerios —desde que subió al vagón, no se despegó del móvil—. Las dos que tenía en los asientos contiguos la han ignorado. Y me ha mirado a mí, cuando a mi vez me encontraba abstraída observando el techo, para preguntar “¿Qué parada acabamos de pasar?”. “No sé”, le contesto con cara de nada, y no puedo evitar reírme un poco ante su desconcierto y porque la pregunta me recuerda a aquella de “¿qué comiste ayer?”. Y empieza a cabecear, como queriendo decir “vaya panorama”, lo cual me ha resultado más hilarante aún: ella, en su burbuja, criticaba nuestra actitud despreocupada hacia algo que para nosotros es solo el puente hacia la estación donde nos bajamos.

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