Casquería

IMG_20180227_114556

En el Mercado de Guadalajara

Desde la ventana del cercanías observo el paisaje del corredor del Henares, bajo un cielo ceniciento que augura tarde lluviosa. En las estaciones, se suceden graffitis de colores antipáticos, huellas en el territorio como las firmas en las puertas de los baños de las gasolineras o el orín de los perros sobre el tronco los árboles. Llego por fin a Guadalajara. De camino a la facultad, dejo atrás locales en cuyos letreros se aprecia la tendencia a bautizar de acuerdo a los nombres de las propietarias, o de la mujer o de las hijas del dueño. Bar Diana, Peluquería Raquel, Droguería Mabel. “Voy anca Fulanita”, se decía en los pueblos. Quizá esos lugares renunciaron al esfuerzo por nombrar de modo original a resultas de los usos de los clientes. Paso delante de uno, llamado La mansión de los golosos; parece cerrado y apenas se ve el interior por las cortinas. Me asomo, con el fin de disipar la duda acerca de si se trata de una pastelería o de un prostíbulo. Sale un hombre. “¡Pasa, pasa, ven y pruebas las magdalenas recién hechas!”. Rehúso el ofrecimiento y entro en una cafetería. Se trata de una de las cafeterías más cutres en las que he estado jamás. En la televisión, un programa matinal que enseña remedios para el mal aliento. En la barra, un par de hombres masticando con la boca abierta y hablando de jabalíes. Saco de mi carpeta uno de los artículos que leeremos en clase, “La realidad española” (1911), de Azorín. Todo es a veces tan desalentador.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s