Viajes arquitectónicos

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He disfrutado mucho de la crónica Queríamos un Calatrava, del periodista catalán Llàtzer Moix. El subtítulo “Viajes arquitectónicos por la seducción y el repudio” sintetiza muy bien el sentido de un libro dedicado a Santiago Calatrava. De los testimonios que recaba Moix, a través de los cuales construye un relato del arquitecto valenciano, se vislumbra una basculación entre la personalidad seductora de Calatrava a la hora de firmar el contrato y el aborrecimiento por parte de políticos y contribuyentes de la obra finalizada. Si hablamos de arquitectos contemporáneos “estrella”, a mí me gustan mucho más Renzo Piano —me quedé asombrada el pasado verano al contemplar la belleza de la Fundación Botín, cuyo edificio diseñó él, por poner solo un ejemplo–, Oscar Niemeyer o Norman Foster —por cierto, rival de Calatrava, y sus rencillas, todas por parte del español, se explican en el libro—, pero es innegable el mérito de Santiago Calatrava y de su estudio. El Puente de la Constitución de Venecia, desde una vista aérea, es impresionante, y su ligereza es prodigiosa. Pero no su funcionalidad. El puente conecta una estación de tren con una de autobuses, de manera que es de esperar que los viandantes porten maletas. No está adaptado para los minusválidos, la longitud de los escalones es irregular, y la superficie es de vidrio, con lo cual no es difícil resbalarse (ocurre igual en el puente Zubi Zuri de Bilbao). Una de las causas del repudio ha sido el sobrecoste de las obras. Moix aporta cifras y son espectaculares. Cuando el periodista habla de esos presupuestos, casi sin límites, traza también un periodo, conocido como la burbuja inmobiliaria, en el que una constelación de políticos y empresarios saqueó los fondos que, si se hubieran destinado a otros fines, no estaríamos hablando hoy de edificios deslucidos y con goteras, metáforas de la España posboom inmobiliario.

2 pensamientos en “Viajes arquitectónicos

  1. “Hemos estado ocupados en tratar de resolver problemas que sólo interesan a otros arquitectos. Ya es hora de contribuir a resolver problemas fundamentales”
    (Alejandro Aravena. Santiago de Chile, 2016. Arquitecto cuyas viviendas sociales en América le han valido el Premio Pritzker)

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