Rosales

Esta mañana he ido a la Biblioteca Manuel Alvar a dejar un libro y a coger Acaso una verdad, de Andrés Trapiello. Pero no se encontraba disponible en la sala de lectura; según una bibliotecaria, “estará mal colocado”. He estado delante de la estantería, buscando cuál me podría llevar, y me he fijado en que sobresalía uno en la parte de la “R”. Uno de Luis Rosales, uno de los poetas que más conectan con mi sensibilidad. Leer a Rosales me duele porque cada pieza suya es como una astilla que me he arrancado alguna vez. He abierto la antología al azar y… “El deshielo” (Rimas, 1951). Precisamente ese poema, hoy.

Viene el amor, viene el amor, y vives
dentro de un paraíso:
las palabras
no dicen nada: arden,
y la noche es igual que la mañana.
Hay solo un corazón que rige al mundo
y da correspondencias necesarias
a cuanto existe.
Miras
y es un acto de fe cada mirada.
La certidumbre de vivir te asombra
con su deslumbramiento y su diaria
revelación, y vives
la eternidad en cada
sílaba del amor, en cada cinta
de su sombrero azul y en cada tapia
donde se pone el sol, porque sabemos
que seguimos naciendo y que nos falta
tiempo para vivir.
Hasta que un día
vuelven al labio las palabras
puestas ya en pie; revelan
las diferencias esenciales,
andan
y arañan en la sangre;
hemos reunido
nuestra desolación pero no hay nada
que pueda reprocharse y no te culpo:
no hay culpas, hay distancias,
la misma intensidad que nos unía
se ha quemado tal vez y nos separa.
¿Quieres decirme si estoy vivo? ¿Puedes
decírmelo?
No basta
estar como un insecto entre tus brazos
con una vida ya cristalizada
dentro del hielo, ¿puedes
decirme si estoy vivo y si mañana,
cuando despunte el sol, se hará el deshielo
que desate mi cuerpo sobre el agua?

Últimamente no encuentro lo que busco en las bibliotecas (cfr. entrada sobre la José Hierro), pero experimentar sensaciones como las que provoca este texto prueban que no ha sido, pese a todo, un viaje en balde.

2 pensamientos en “Rosales

  1. Podría decirse que Luis Rosales es el poeta por excelencia de la intimidad. Con su elevado sentido lírico supo combinar con especial sutileza versos y vida; lo más insignificante y mundano, con la precisión en la palabra, con los versos perfectos que la definen y la hacen transparente.

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