Pastillas para el desasosiego

Magdalena Fabius National Gallery of Art Washington

Una de las cinco versiones que George de la Tour hizo de Magdalena penitente.

El dolor físico nos recuerda que no somos uno, y que nuestro cuerpo constituye, cuando lo padecemos, una carga que chafa nuestra voluntad. Depositamos nuestra confianza en el ibuprofeno y variantes; a veces, su ingesta surte efecto; otras, hemos de esperar echando un pulso a nuestro autocontrol. ¿Pero qué tomar cuando nos aflige un dolor de otra índole? Palabras, palabras, palabras. Es decir, contarle al otro, relatar los hechos y exponerle nuestras sensaciones; quizá lo de menos sea informar, que nuestro confidente sepa. La clave reside en que vayamos cobrando conciencia nosotros mismos de lo que ha ocurrido conforme hilamos el discurso que expulse nuestro malestar.

2 pensamientos en “Pastillas para el desasosiego

  1. Sí, pero pienso que no es suficiente. Opino que de este modo le estamos otorgando al receptor un papel demasiado pasivo. Si nos limitamos a contarle nuestras aflicciones sin establecer un debate, dificílmente va a empatizar con nosotros, y pienso que la empatía ayuda sobremanera a cerrar las heridas.

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