Lo pequeño

espejo van eyck (2)

Detalle del espejo del cuadro Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa (1434), de Jan van Eyck

En los periodos vacacionales, se suele otorgar una mayor dignidad a acciones que, en otros momentos, consideraríamos banales y rutinarias. Ahora que me encuentro en PM, lugar en el que la vida exige otro ritmo, ocupo las tardes en actividades que, por falta de tiempo u otros motivos que no vienen al caso, no puedo hacer en la capital, como pasear por el campo, montar en bicicleta o cocinar dulces.

Ayer, cuando comencé a organizar lo que voy a hacer en mi cumpleaños, para el que queda relativamente poco tiempo, me reconocí a mí misma ilusionada —pese a que uno llega a un punto, se supone que la madurez, en el que no se espera ya ese día y sus fastos con los nervios con los que se vive durante la infancia—. La ilusión de un nuevo camino que recorrer, de una experiencia diferente por vivir.

En un rato, tengo que empezar a preparar el postre de la cena de Nochevieja, pero quería pasarme por aquí para desearos feliz año, y para agradeceros vuestra compañía en el blog.

Un abrazo.

Diarios

Felix

Empecé el año leyendo Diario de otoño, del querido Salvador Pániker —entristece recordar que ya no está entre nosotros—, y lo voy a terminar con otro dietario. Es un género literario que me resulta irresistible. Me he reído mucho con Diario de un hombre humillado. El mes pasado leí su Autobiografía de papel, y casualmente, de vuelta a casa en un día laboral, encontré el ejemplar de la foto en uno de esos puestos ambulantes de libros, sábanas en las que los géneros, las corrientes y los autores se entremezclan sin más criterio que el del vendedor. Uno tiende a pensar, cándidamente, que los libros que más se disfrutan te encuentran, y que llegan a ti de las maneras más azarosas, como las grandes pasiones.

“Solo escriben diarios los solitarios y los fatuos. Yo creo poseer ambas virtudes. Téngase bien presente que un hombre aislado de sus semejantes es, indudablemente, un hombre nuevo a cada momento. En consecuencia, solo mediante el uso de este Diario podré reconocerme y encontrarme, si es que me pierdo” (p. 15)

Frío y nieve

El deseo es un modo de pensar,

la construcción

de un castillo de nieve, porque el sueño

de una rosa de oro nada añade

a la milagrosa insignificancia

de la rosa fugaz por verdadera.

 “Escaparate de venenos”, de Felipe Benítez Reyes

Nadie elige su amor, pero hay un margen en el que podemos movernos, un espacio donde decidir no flagelarnos con la imagen del otro, con las historias que nunca se materializarán. Coger un puñado de aguanieve sucia, negra por las pisadas, observarla mientras se derrite entre nuestros dedos y preguntarse en qué estaba pensando, o creer que esa nieve es acaso el reflejo desdibujado de uno mismo.

Cuando miramos el cuerpo de alguien que en el pasado creímos amar, experimentamos una sensación parecida a la de contemplar una galleta ribeteada de verde. Días antes, la encontrábamos resplandeciente, recién salida del horno; crujiente, deliciosa. Pasa de inmediato a formar parte de nuestra antología de fantasmas particular.

 

Nadie elige su amor

La Fornarina Dominique Ingres

Raphael y la Fornarina, de Dominique Ingres

Hay varias versiones de La Fornarina, de Dominique Ingres; mi preferida es la que adorna este post, pues se ve a la mujer ensimismada en los brazos del hombre, con el vestido caído —se supone que acaba de posar, a juzgar por el boceto del lienzo—, mientras que él contempla su obra en marcha haciendo caso omiso de su cariño. Uno se pregunta dónde se tiran las piezas del amor cuando estalla y el destinatario no las quiere recoger. Cómo cicatrizar la herida del deseo que se abre y supura demasiado despacio, que nos empuja a errar en las interpretaciones de los detalles más nimios. Antonio Machado, en su poema “Bodas de Francisco Romero” decía que Nadie elige su amor. Qué difícil poner orden en esa amalgama, regida por el capricho, llamada sentimientos.

Artículo sobre Manuel Gutiérrez Aragón

Queridos amigos:

Tuve el placer de escribir sobre Manuel Gutiérrez Aragón para la prestigiosa revista Lecturas Sumergidas. Muchas gracias a Emma Rodríguez y a su equipo por su confianza. Se trata de una visión personal y global de su obra, que espero que os guste y ejerza de invitación para acercaros a ella.

Se puede leer aquí.

Un abrazo,

Sofía.

La más bonita postal de Navidad

La postal más bonita

Dibujo realizado por una alumna del Colegio Jardín de Arena de Alcázar de San Juan.

Tenía el espíritu navideño bajo mínimos, hasta que he recibido esta postal. Hay algo en el dibujo de un niño que conmueve. El trazo firme y espontáneo; las caras, por lo general, sonrientes; la fuerza del color. La expresividad aún limpia de convenciones sociales y la disposición de las figuras en el papel sin un orden preestablecido. Aquí, el fondo es azul. Quizá Alejandra y José se encuentren sumergidos en las profundidades del mar y J, al mover un brazo, haya empujado la corriente. Arriba, el color rosa de algunos atardeceres. ¿Qué importa el número de dedos? Lo realmente importante —nos enseñan los niños al dibujar— es plasmar lo que a uno le salga de su mundo interior con libertad.

 

Hacia dónde mirar

Perro semihundido Goya Sofia Gonzalez

“El perro” (1819 – 1823), Francisco de Goya

Escribo estas líneas enfrente de un póster de “El perro”, que tengo colgado en mi habitación de la casa de PM. Pertenece a las Pinturas negras (1819-1823), serie que realizó en su finca “La Quinta del Sordo” (Madrid). Allí, se encontraba aislado de todo lo que acontecía a su alrededor (aunque se dice que su amante Leocadia Zorrilla lo acompañaba), y en sus muros plasmó estampas de romerías, brujería, Inquisición, etc., protagonizadas por seres andrajosos, física y moralmente. Me gusta este cuadro porque nos muestra la importancia de la perspectiva. El otro título por el que se le conoce es “Perro semihundido”. Pero, ¿quién cae al precipicio? La cara de angustia del animal, ¿se corresponde con su miedo a precipitarse o a su pavor ante la impotencia de vernos caer al fondo del pozo sin poder ayudarnos? ¿O hay algo más allá, que únicamente ve él, y que asusta? Goya, pues, nos enseña a observar y a cuestionar los hechos, a través de una pieza teñida de un ocre que nos causa inquietud.

*El cuadro se encuentra en la Sala 067 (Planta 0) del Museo del Prado.